Díptico Elemental de España

Autor: Javier Trigales Fuente: Transit: Cine y Otros Desvíos

Díptico Elemental de España

El momento no podía resultar más idóneo. Coincidiendo con el la celebración del Festival de Cine Europeo de Sevilla estrenamos en nuestro catálogo dos películas de una de sus niñas bonitas, quien este año vuelve a participar por tercer año consecutivo con "Vida Vaquera". Hablamos de Ramón Lluis Bande y por supuesto, del que probablemente suponga el díptico cinematográfico más importante del cine español reciente, aquel que lleva impresa la memoria histórica de la guerra civil española como principal referente. Honramos el estreno de "Equi y n'otru tiempu" y "El nome de los árboles" en Filmin como bien merece, recuperando el maravilloso texto que en su momento le dedicó Javier Trigales en Transit: Cine y Otros Desvíos.

BANDE: EQUI Y N'OTRU TIEMPU / EL NOME DE LOS ÁRBOLES


El cineasta Michelangelo Antonioni construyó una carrera entera en torno a las desapariciones –de personas, de emociones– y las ausencias: metáforas meridianamente claras sobre la alienación del individuo en la sociedad moderna. En "Equí y n’otru tiempu", estructurada como una sucesión de planos vacíos y despoblados de seres humanos, no hay metáforas que valgan: antes aquí había alguien, ahora ya no. La técnica es en el fondo la misma con la que Georges Méliès realizaba sus fantasmagorías un siglo atrás: el escritor y cineasta Ramón Lluís Bande emplaza su cámara en el mismo lugar donde hace más de 75 años –descomunal elipsis– una serie de personas protagonizaron un suceso. No disponemos de la primera imagen, sustituida por un rótulo con una fecha y unos nombres que hacen referencia a los protagonistas del plano. Ahora ese encuadre está vacío.


Las localizaciones en medio de la naturaleza de bosques umbríos, prados desiertos y masías semiderruidas nos animan a compararlo con las imágenes de calles y pasajes vacíos del París de principios del siglo XX que capturó el extraordinario fotógrafo Eugène Atget. Según Walter Benjamin, las fantasmagóricas imágenes parecían retratar el lugar de un delito: “¿Pero no es cada rincón de nuestras ciudades un lugar del crimen, no es un criminal cada uno de sus transeúntes?”. Insistimos: en la película de Bande no hay espacio para la metáfora totalizadora o surrealista porque cada plano vacío es, efectivamente, el espacio de un crimen: los asesinatos en los bosques de Asturias al finalizar la guerra civil de los resistentes antifranquistas, los del monte. (...)


Un año después de "Equí y n’otru tiempu", el propio Bande estrenará "El nome de los árboles", un nuevo trabajo que amplía el anterior y mantiene intacta su reivindicación de aquellos hombres fieros que decidieron no rendirse, y que puede considerarse uno de los making of más pertinentes de la historia del cine. Una película con entidad propia donde le podemos ver junto a su productora Vera Robert y los testigos de los hechos narrados en el film anterior: director, cámara, productora y testigos, todos ellos forman el grupo de trabajo, corporeizando lo que en el otro film era pura imagen y memoria. Los contemporáneos de aquellos hechos dialogan de forma natural y fluida y dan forma a relatos deshilvanados, impresionistas, broncos y sin ningún afán de convertirse en leyenda, sino simplemente de recordar, rememorar con dificultad una serie de hechos extraordinarios en unos tiempos extraordinarios. El paso de los años rodea de bruma los acontecimientos, pero los detalles sueltos atraviesan el muro de tiempo –el muerto con la boca abierta, una vaca superviviente a la quema de una manada en una cabaña–. Los coetáneos de aquellos hombres valientes, huraños y ejemplares son los custodios de la historia oral de los perdedores –“nos vencieron, chico”, decía Manolín el de Llorío–, a imagen y semejanza de los hombres-libro de Ray Bradbury en Fahrenheit 451. (...)


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