Crónica Venecia 2020: "The Disciple" amor por el arte

Autor: Joan Sala Fuente: Filmin

Crónica Venecia 2020: "The Disciple" amor por el arte

¿De qué va?

Sharad Nerulkar ha dedicado su vida a convertirse en vocalista de música clásica india, y estudia con diligencia las tradiciones y las disciplinas de los antiguos maestros, de su gurú y de su padre. Pero pasan los años y Sharad comienza a preguntarse si realmente es posible alcanzar la excelencia que añora. Un recorrido por la devoción, la pasión y la búsqueda de lo absoluto en la Mumbai contemporánea.

¿Quién está detrás?

El joven Chaitanya Tamhane se confirma con "The Disciple" como uno de los cineastas más emergentes e interesantes del cine hindú contemporáneo

¿Quién sale?

El hindú Aditya Modak nos ofrece una interpretación soberbiamente matizada, abanderada por la contención y la moderación, a pesar de constantemente encarnar en su cuerpo y alma el constante choque entre condicionantes tan opuestos como son la resilencia y la frustración, entre la integridad y la desilusión.

¿Qué es?

La devoción en trance.

¿Qué ofrece?

Del fresco colectivo al enfoque intrínsecamente antropológico. De la radiografía social al estudio de personaje. Son los principales cambios que la segunda película de Chaitanya Tamhame nos brinda respecto a su exitoso y  predecesor debut. Si lo que "Court" nos proponía es una mirada amplia y expansiva sobre la sociedad de la India al tiempo que se cuestionaba un sistema legal obsoleto e irracional, con "The Disciple" en cambio nos embarca un recorrido por la búsqueda de lo absoluto pero también de uno mismo, en la Mumbai contemporánea. Y lo hace a través de la historia de alguien que ha dedicado y condicionado toda su existencia a convertirse en vocalista de música clásica india, que estudia con diligencia las tradiciones y las disciplinas de los antiguos maestros, ya sea su gurú o su padre. Cierto es que ambas tienen un significativo paralelismo, y este no es otro que su alma mater no es otra que la música tradicional. De hecho, el conflicto que desataba la trama y el que "Court" diseccionaba venía dado por el caso de un cantante de folklore acusado de homicidio por instar supuestamente al suicidio a un hombre que es hallado muerto tras asistir a uno de sus conciertos. En el caso de "The Disciple" sin embargo, no hay caso abierto en el que ahondar. Lo que en su lugar nos ofrece es una exploración del todo rigurosa e inmersiva hacia este arte ancestral, o más bien hacia un apasionado de la misma que ve como su idealismo e integridad hacia la preservación de esta música en vías de extinción, no hace más que condenarle al reducto y en definitiva, al aislamiento, el olvido y la imposibilidad de crecimiento social, que no personal. En este sentido, hablamos de un enfoque y un estudio de personaje del todo estimable, más aun en los tiempos que corren. Alguien cuya devoción hacia un arte que desaparece se mantiene fiel e incorruptible. Lo cual bien podría ser trasladable y extrapolable a otros muchos ámbitos artísticos a día de hoy, ya sean musicales, teatrales o incluso cinematográficos, ya sean orientales u occidentales donde lo díscolo y comercial acaba siempre por imponerse al carácter clásico y autoral.

Con todo ello, la nueva película de Chaitanya Tamhane es una obra que también hace especial hincapié en la importancia de la transmisión generacional, en la relación maestro-alumno, en la relación padre-hijo. Esta es el alma reivindicativa de una película que dentro de la radicalidad de su propuesta, muy en consecuencia con el espectro reflexivo en el que se adentra, es asimismo una obra extremadamente serena. Algo así como una película en constante trance, incluso tántrica en su esencia, que tanto desde su propia narrativa como desde el trayecto de su personaje personaje principal, acaba por ahondar en el auto-descubrimiento, en el poder transformador que el arte en toda su pureza puede llegar a abarcar. Una de esas obras que difícilmente veremos estrenarse en salas comerciales y llegar al gran público pero que desde luego, no podemos hacer más que estimar y reivindicar. Nunca mejor dicho, amor por el arte.


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