Crónica Venecia 2019: "Gloria Mundi" amar en tiempos revueltos

Autor: Joan Sala Fuente: Filmin

Crónica Venecia 2019: "Gloria Mundi" amar en tiempos revueltos

Tras competir hace apenas dos años con "La casa junto al mar"Robert Guediguian vuelve a la lucha por el León de Oro con una película de carácter marcadamente social que gira entorno a una familia que se reúne en Marsella para celebrar el nacimiento de la pequeña Gloria. Así se nos presenta la nueva película del director francés más humano y humanista de la actualidad. "Gloria Mundi" es algo así como Ken Loach hablando en francés.

¿De qué va?

Daniel sale de la cárcel después de largos años de encierro y regresa a Marsella. Sylvie, su ex-pareja, le ha avisado de que es abuelo: Mathilda, la hija de ambos, acaba de dar a luz a la pequeña Gloria. Daniel quiere conocer a su nieta y descubre a una familia reconstruida que lucha con todas sus fuerzas para mantenerse en pie. Cuando el azar hace volar por los aires el frágil equilibrio, Daniel, que no tiene nada que perder, lo intentará todo para ayudarles.

¿Quién está detrás?

Robert Guédiguian es el abanderado de un cine social que encuentra en Marsella, la ciudad que le vio nacer, el escenario perfecto desde donde retratar la vida de las clases trabajadoras y mostrar las enormes desigualdades en un contexto de globalización económica creciente. En el conjunto de su obra nunca ha dejado de interrogarse por sus orígenes, que evocan constantemente la figura de su padre, empleado como obrero en los muelles de esta ciudad. La práctica totalidad de sus historias acontecen en las calles, los edificios, las fábricas y las zonas portuarias de Marsella. Un paisaje familiar que conforma el imaginario visual del director y que en "La Villa" se concentra dejando un poso tan melancólico y conmovedor pero sobre todo, alentador.

¿Quién sale?

Como mandan los cánones de su cine, Robert Guédiguian, vuelve a su originaria Marsella y en consecuencia, a trabajar con su troupe habitual, más que un equipo de actores, un grupo de amigos o más bien, la que bien podríamos señalar como su propia compañía teatral: Ariane Ascaride, Jean-Pierre Darroussin, Gerard Meylan y la joven Anaïs Demoustier que en este caso, vuelve a repetir tras participar en "Las Nieves del Kilimanjaro" o en su anterior "La casa junto al mar". Ya es una más de la familia.

¿Qué es?

Ken Loach hablando francés

¿Qué ofrece?

Los tiempos cambian, y de qué manera. La evolución económica y social que conlleva la constante innovación tecnológica, ya sea para bien o para mal, es sin duda uno de los principales responsables, no solo de ampliar aun mas si cabe las brechas generacionales, la forma de comunicarnos y relacionarnos, ya sea desde los nuevos dispositivos tecnológicos o las redes social. Sino también en lo referente a nuestra rutina y nuestro universo laboral. En este sentido, resulta  un tanto perverso que lo que hoy día denominamos uberización, término que en un principio acuña las  plataformas de economía colaborativa en las que, gracias a Internet, unas personas ponen a disposición de otras sin necesidad de intermediarios, más allá de conllevar  innovación, flexibilidad y democratización del empleo, también ha provocado su precarización. Es decir, de la colaboración a la explotación. Un debate del todo actual, una guerra abierta, la cual también ha sacudido España en el último año teniendo como punta de lanza el enfrentamiento en el colectivo taxista y los VTC. Y es precisamente si repercusión en la economía real, pero ante todo desde la dimensión humanista y humana (o más bien su dilapidación), la que el director de “La casa junto al mar” lleva a su inconfundible y estoico terreno para regalarnos este conmocionante y desgarrador, pero también tierno y conmovedor cuento moral.

En este sentido, la nueva absorbente película de Robert Guediguian no podía tener un título más certero y pertinente. Y es que lo que ante todo nos retrata es el mundo que se encuentra y le espera a ese bebé recién nacido que se llama Gloria. Dicho de otra forma, "Gloria Mundi". Un mundo que lejos de resultar precisamente glorioso, es más bien humanamente ruinoso. Un mundo en el que apenas hay lugar para la integridad, para la profesión del verdadero amor o la preservación de los valores que mas humanos nos hacen. Un mundo en el que directamente queda condenado el individuo más humilde y vulnerable a merced de lo privilegiados. No es el caso, sin embargo, de los familiares. Quizás la última bala que nos queda en recámara para que el capitalismo más voraz no dilapide aquel vínculo que más humanos nos hace: la bondad, empatía y solidariad, Por más que dicha bala sea empleada como medida desesperada y cuyas consecuencias puedan resultar del todo extremas. Aun y así, hay lugar ara la esperanza. 

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