Crónica Venecia 2018: "Suspiria" madre política

Autor: Joan Sala Fuente: Filmin

Crónica Venecia 2018: "Suspiria" madre política

No vamos a negarlo. El día en que conocimos la noticia de que estaba en marcha el remake de "La Piscina" se nos metió el miedo en el cuerpo. ¿Acaso estamos ante una base mejorable? ¿ante una propuesta que perece ante el paso del tiempo y que pide a gritos una puesta al día? Parecía ser que ni una ni la otra, hasta que Luca Guadagnino nos demostró lo contrario. Y es que Ralph Fiennes bailando a ritmo de Rolling Stones y una Tilda Swinton en plan Bowie son motivos suficientes (aunque no los únicos) para ver la explosiva "Cegados por el Sol". A ello se debe el entusiasmo con el que hemos recibido hoy en Venecia el estreno mundial de la nueva "Suspiria".

¿De qué va?

Una oscuridad atenaza al centro de una compañía de danza de renombre mundial, una que engulle al director artístico de la compañía, un joven bailarín ambicioso y un psicoterapeuta afligido. Algunos sucumbirán a la pesadilla. Otros finalmente se despertarán.

¿Quién está detrás?

No podía ser otro el elegido. El responsable de esa inapelable obra maestra que ha resultado ser "Call me by your name", Luca Guadagnino, realiza un nuevo remake tal y como ya hiciera con "Cegados por el Sol", estrenada en 2016 precisamente aquí en Venecia. En este caso es al clásico giallo dirigido por Dario Argento de 1977. Tal y como ya sucediera en el dedicado a "La Piscina" de Jaques Deray, lo hace añadiéndole el ingrediente de denuncia política. Entonces eran los refugiados, en este caso es la reivindicación de la memoria histórica y el feminismo.

¿Quién sale?

Luca Guadagnino vuelve a contar con las protagonistas de su anterior y explosiva "Cegados por el Sol"Dakota Johnson Tilda Swinton (a quienes en este caso se les une Chloë Grace Moretz en una breve aparición). La principal novedad es que Swinton juega un doble papel. Más allá de interpretar a la directora de la escuela de danza que en este caso directamente evoca a la figura de Pina Bausch, tanto en su caracterización física como en la propia danza que imparte (el baile contemporáneo sustituye al ballet clásico), también da vida a un psicoterapeuta afligido. Una decisión que aunque pudiera parecerlo, no responde precisamente al capricho. Más aún, si nos atenemos a que en "Suspiria" no encontramos personaje masculino alguno que tenga una mínima relevancia. El único hombre que de forma efímera aparece en pantalla resulta degradado y vejado a manos de ellas. Es decir, blanco y en botella.

¿Qué es?

Un remake manifiestamente politizado e intrínsecamente feminista del "Suspiria" de Dario Argento.

¿Qué ofrece?

No es ninguna revelación decir que la cultura del remake está siendo sometida a una persecución sin parangón. Sin embargo, Luca Guadagnino ha venido a demostrarnos que puede tener un gran valor y que un remake bien planteado nos hace observar como vemos las cosas con el paso del tiempo. En qué cambian nuestros objetivos, tendencias, argumentos y sociedad. Como bien sugiere un buen remake, una historia tradicional puede ir adaptándose, mutando y cambiando de piel indefinidamente. Y es precisamente lo que el director de "Yo soy el amor" ha vuelto hacer con su sorprendente actualización de "Suspiria" tras realizarlo previamente con "Cegados por el Sol".

La suya es una actualización que vuelve a trasladarnos al Berlín de 1977, un año que precisamente resultó ser crucial para la irrupción del feminismo, donde en Estados Unidos tuvo lugar la primera convención feminista en pos de los derechos de las mujeres. Un contexto por el que se ve claramente marcada su nueva "Suspiria". Aquí no hay brujas por descubrir, Guadagnino bien sabe que no tendría valor alguno jugar a la revelación de que la directora y las profesora de la escuela de danza no son lo que parecen, tal y como ya sucediera en la obra original de Dario Argento. Que son brujas se nos muestra desde un primer momento. El juego al que verdaderamente le interesa entrar es el de utilizar la actualización de esta popular muestra de giallo como vehículo de denuncia política y social, como la más ferviente reivindicación de la sororidad femenina para luchar ante la injusticia y la desigualdad. También como un toque de atención para quienes prefieren dar la espalda a una memoria histórica que como bien sabemos, en el concreto caso de Alemania, viene marcada por el ese monstruo llamado nazismo. Las menciones al grupo Baader-Meinhof (también conocida como R.A.F) en los periódicos, radios y televisores que acompañan y resuenan de fondo en muchas de las secuencias también son constantes, y es que fue precisamente en el 77 donde llevaron a cabo sus más resonantes actos terroristas. Uno entiende que como sugerente paralelismo a la insurrección malevolente pero ante todo, rebelde, que por su parte llevan las brujas desde su particular base de operaciones: en este caso la escuela de danza.

Un valor añadido a nivel discursivo que unido a la imponente plasticidad y delicadeza artesanal con la que "Suspiria" está confeccionada, al riguroso diseño de producción que recrea esos berlineses años 70 con todo lujo de detalles y a sus memorables set-pieces, nos lleva al más exquisito y tenebroso deleite. No podía haber mejor elección, esta nueva edición del Festival de Sitges abrirá fuego por todo lo alto, como bien merece. A bailar.



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