Crónica Venecia 2017: "Jusqu'à la Garde" un monstruo viene a verme

Autor: Joan Sala Fuente: Filmin

Crónica Venecia 2017: "Jusqu'à la Garde" un monstruo viene a verme

Es la película que ha cerrado la Sección Oficial a Competición de la 74 edición de la Festival de Venecia. Una de esas obras relevantes y reveladoras por las que de por si solas dan sentido a nuestra presencia en la presente Mostra. No en vano, "Jusqu'a la garde", el imponente debut de Xavier Legrand, probablemente suponga la mejor película sobre el maltrato de género que se ha hecho desde “Refugiado” y “The Police Officer Wife”. Un monstruo viene a vernos.

¿De qué va?

Myriam y Antoine se han divorciado. Para proteger a su hijo pequeño de su violento marido, Myriam pide la custodia, pero la juez decide concederla compartida entre ambos cónyuges. Víctima de un padre celoso, y en el afán de proteger a su madre acosada, Julien hará todo lo que esté en su mano para que no ocurra lo peor.

¿Quién está detrás?

Después de lograr varias distinciones con su corto “Avant que de tout perdre” (nominación al Oscar al mejor cortometraje en 2014 y ganador del César el mismo año además de cuatro premios en Clermont-Ferrand, incluyendo Gran Premio del Jurado y Premio del público incluidos), Xavier Legrand debuta en el largo .

¿Quién sale?

El monstruo del que hablamos se llama Denis Ménochet, actor abrupto y robusto donde los haya, quien a través una simple respiración, una penetrante mirada o un mero movimiento de brazos, traslada la máxima tensión, la constante amenaza. Léa Drucker sobrecoge desde la contención facial mientras que el joven Thomas Gioria se erige en el verdadero protagonista de la función. Insólita la caracterización rebosante de matices que es capaz de desarrollar para su corta edad. Que nadie se extrañe si acabo por hacer suyo el premio a Mejor Actor.

¿Qué es?

La mejor película sobre el maltrato de género que se ha hecho desde “Refugiado” y “The Police Officer Wife”. Entre sus inspiraciónes, Xavier Legrand también nombra "El Noche del cazador" y "El Resplandor" y toca confirmarlo, de ambas presenta retazos. Poca broma.

¿Qué ofrece?

Una edición claramente marcada por la acaparadora presencia de los grandes estudios de Hollywood en la lucha por el León de Oro con películas, todo hay que decirlo, cuya importancia debería ser capital en la próxima gala de los Oscar (es el caso de las geniales “The Shape of Water”, “Three Billboards in Ebbing, Missouri”, “mother!” o en menor medida “Suburbicon” o “Donwnsizing”) ha tenido que ser un debutante, el francés Xavier Legrand, quien ha venido a recordarnos el verdadero cometido, la histórica idiosincrasia, por la que siempre se ha regido el festival más antiguo e ilustre del mundo. Y ésta no es otra que la de poner en el mapa nuevos nombres de un distintivo sello autoral, además de dar foco aquellos ya reconocidos cuyo alcance sin embargo, resulta lamentablemente nulo a nivel comercial, como es el caso de las magistrales “Zama” de Lucrecia Martel o “Ex-Libris” de Frederick Wiseman. 

La que Xavier Legrand nos brinda bien podríamos definirla como una estremecedora muestra de thriller familiar, una suerte de drama íntimo que termina por sumergirse en la violencia doméstica construyéndose sobre los códigos del cine de suspense. Es decir, "Jusqu'à la Garde" es cine de género pero es también, y sobre todo, una incisiva demostración de denuncia social enmarcada dentro del más sobrecogedor realismo. Lo que empieza como una suerte de "Kramer contra Kramer", como una película aparentemente destinada a reflexionar sobre los derechos parentales, acaba por transformarse en “El hombre del saco”, en una obra de auténtico terror que evoca incluso títulos totémicos como es el caso de "La noche del cazador" (en cuanto a como un adulto, y padre en este caso, manipula la relación con sus hijos con el mero objetivo de volver a echar sus garras sobre la mujer) o "El Resplandor" (sobre todo en su terrorífico tramo final). Hablamos de una obra mayor que percibe y siente la violencia de género desde la mirada infantil a su vez que demuestra la sutilidad y audacia necesaria como para obviar todo posible registro explícito y aun y así, ser capaz de trasladar la máxima tensión mediante un preciso empleo de la elipsis y el fuera de campo, así como un imponente uso del encuadre y una estoica dirección de actores. Es ese tipo de cine que apela a la sensibilidad e inteligencia del espectador para adentrarse en él. La lucha por una custodia construida sobre un miedo que es provocado y amparado por el dictamen de la ley y entre medio, el León del Futuro ya tiene dueño: “Jusqu’a la Garde”. Es verdad y da miedo.

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