Crónica Venecia 2017: "Downsizing" el tamaño no importa

Autor: Joan Sala Fuente: Filmin

Crónica Venecia 2017: "Downsizing" el tamaño no importa

Sin duda alguna parecía una obra llamada a ser una de las grandes protagonistas en los Oscar 2018. El hecho de que haya sido la elegida para inaugurar esta 74 edición de la Mostra, tomando así el relevo de las "La, La Land", "Birdman" o "Gravity", bien lo prometía. Sus mimbres además (Alexander Payne, Matt Damon y un argumento digno del universo Charlie Kaufman) no hacían más que rumentar nuestras expectativas. Pero no es el caso, una vez vista yo personalmente, quito la mano del fuego. Es más, "Downsizing" probablemente suponga la película más desaprovechada del director de "Nebraska". 

¿De qué va?

"Downsizing" sigue los pasos de Paul Safranek, un hombre de Omaha que junto a su esposa, sueña con una vida mejor y por ello decide sumarse a un proyecto científico dirigido a afrontar una grave crisis mundial causada por la superpoblación que conlleva reducir las personas a un tamaño de unos pocos centímetros..

¿Quién está detrás?

Un pope del indie norteamericano que todo lo (poco) que toca lo convierte en oro. Hablamos del director de "Election", "Entre Copas", "A propósito de Schmidt", "Los Descendientes" y "Nebraska".

¿Quién sale?

Matt Damon, Christoph Waltz, Jason Sudeikis, Udo Kier y Kristen Wiig componen un reparto de campanillas que, sin embargo, está lejos de lucir lo que debería. Denlo por seguro, ni Matt Damon ni mucho menos, Christoph Waltz, quien se limita a caricaturizarse a si mismo, lucharán por la estatuilla.

¿Qué es?

Charlie Kaufman en "Pleasantville"

¿Qué ofrece?

Hace más de ocho años Barack Obama pronunciaba estas palabras el día que ganó las elecciones por primera vez: “Estados Unidos, hemos avanzado mucho. Hemos visto mucho. Pero queda mucho más por hacer. Así que, esta noche, preguntémonos -si nuestros hijos viven hasta ver el próximo siglo, si mis hijas tienen tanta suerte como para vivir tanto tiempo como Ann Nixon Cooper, ¿qué cambio verán? ¿Qué progreso habremos hecho?”. 

Un progreso que, por el bien de la humanidad, bien debería empezar por tomar conciencia sobre la sostenibilidad, sobre el cambio climático y, en definitiva, sobre la toma de acción hacia un mundo que se nos desmorona. Y es que el consenso científico a su alrededor es bastante alto y sus efectos son cada vez más evidentes, notables y perjudiciales. Nunca es tarde para aprender -incluso sobrepasada ya la sesentera - y recular, por más que este no sea el caso de quien principalmente debería: en efecto, hablamos de Donald Trump. Algo que Alexander Payne parece tener muy claro y que bien tiene en denunciar desde el principal recurso que tiene a su mano: la cámara de cine y la creatividad. 

"Downsizing" viene a reafirmarnos que contar historias que hacen el bien quizás puedan significar la mejor manera posible para buscar soluciones a los problemas ecológicos, económicos y sociales que nos golpean hoy día. Para ello Payne gesta una película que desde un tono más cómico y romántico que definitivamente dramático, nos recuerda que el ser humano (y la sociedad americana en especial) despiadadamente explota cada recurso hasta la última gota para su propio beneficio. Lejos de pensar en global, de tirar de solidaridad, quienes deciden reducirse en su nueva película lo hacen básicamente por descubrir que el dinero da mucho más de sí en un mundo a escala reducida. Es decir, el tamaño no importa, la vida sigue igual, nuestro universo se desmorona. Lejos de salvar el mundo, la oportunidad que ve el pueblo norteamericano es la de hacerse ricos y disfrutar de la opulencia. Lejos queda el altruismo, denostada la familia, irrevocablemente perdidos estamos como sociedad. Y los estadounidenses, ni os digo. Hablamos de la condición humana de una sociedad cuya única forma de derrocar el individualismo parece ser la toma de conciencia individual. 

Es lo que resumiendo, nos cuenta "Downsizing", cuya base discursiva, absolutamente loable y reivindicable, no encuentra sin embargo el sustento esperado en su gestación como película. El carácter satírico y genuinamente cínico con el que arranca su excepcional primer acto se convierte en condescendencia y amabilidad en el tercero, mientras que en el segundo se desinfla. Lo incisivamente irónico y retorcido da paso a lo indulgente y naif. Craso error, más aún teniendo en cuenta que la película nos habla básicamente de la distopía a la que esta abocado el gran sueño americano. Y yo, en mi caso, despierto quedándome con la impresión de que una gran favorita al Oscar ya no lo es tanto. Y eso que su imaginativa premisa, más que nunca, prometía.


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