Crónica Venecia 2015: "Francofonia" por amor al arte

Autor: Joan Sala

Crónica Venecia 2015: "Francofonia" por amor al arte

Tras dedicar esa mítica oda al plano secuencia en "El Arca Rusa" a través del museo Hermitage de San Petersburgo, el vencedor del León de Oro por "Fausto" utiliza en esta ocasión todo un Louvre como ilustre, más bien histórica referencia, elevando el arte como la única vía posible para preservar la cultura de la humanidad. "Un réquiem por lo que se pierde, un himno a la valentía humana, el espíritu y lo que une la humanidad". Es la sugerente e inmejorable presentación con la que el propio Aleksandr Sokurov nos introduce a la sorprendente y rompedora "Francofonia".

¿De qué va?

París, 1940. Jacques Jaujard y el conde Franziskus Wolff Metternich colaboran para proteger y preservar los tesoros del Museo del Louvre. Alexander Sokurov nos cuenta la historia de esta excepcional alianza.

¿Quién está detrás?

Tal y como afirma el propio Aleksandr Sokurov, cada vez esta más cerca de cumplir su sueño de rodar un ciclo de películas en sus 4 museos. Primero fue el Hermitage, ahora el Louvre, y en un futuro apunta al Prado y el British Museum. Ojalá lo cumpla.

¿Quién sale?

Desde le propio Aleksandr Sokurov al protagonista de "Le pere de mes enfants", Louis-Do de Lencquesaing, pasando por todo un Napoleón Napoléon.

¿Qué es?

Un ensayo digno del último Godard.

¿Qué ofrece?

Lejos del planteamiento formal en base a un único plano secuencia por el que se regía "El Arca Rusa", Aleksandr Sokurov conforma con "Francofonia" una película-ensayo en el que tienen cabida todo tipo de formatos (desde la imagen de archivo, al formato diapositiva, pasando por la imagen digital de una conversación por Skyp o por una asombrosa grúa cenital sobre el cielo de París). Un ensayo ante todo estimulante e híbrido, que él mismo, en plan locuaz demiurgo, lo narra y protagoniza además de dirigirlo, y con un sentido del humor de lo más inspirado e incisivo. Sustentado sobre una base formal innovadora y radical, sobre una base filosófica tan reveladora como profunda, didáctica y conmovedora, el director ruso sigue la senda de la última etapa del cine de Godard y nos proyecta a su particular y rompedora manera, la relación entre arte y poder, elevando el arte como la única vía posible para preservar la cultura de la humanidad. 

Conocida como la ciudad de los museos, como la capital de la cultura del Viejo Mundo, Sokurov se pregunta que habría sido de París si finalmente hubiera sido bombardeada durante la II Guerra Mundial, lo que significaría un paso atrás para la humanidad, y no únicamente por las pérdidas de vida que ello conllevaría, sino principalmente por todo el arte que se hubiera perdido en ella. Dilema que Sokurov plasma con absoluto ingenio metafórico a través de un barco de carga a la deriva en plena tormenta en el Océano (ahí lo dejo) y que desarrolla incurriendo en la relación que el director del Louvre Jacques Jaujard y el Oficial Nazi Franz Wolff-Metternich, establecieron con el objetivo de defender un patrimonio artístico que en definitiva, conforma la humanidad. Y es en este aspecto donde precisamente, de forma y absolutamente imaginativa, desenfadada y libre, "Francofonia" critica y satiriza sobre el supuesto amor incondicional que el país vecino profesa al arte, ironizando sobre el voluntario sometimiento que Francia brindó al enemigo, recordándonos que el Louvre y su lema oficial (Liberté, Fraternité, Egalité) son los dos únicos pilares, el principal legado, por el que debemos venerarlos. Y todo ello sin dejar a Napoleón de lado. En resumidas cuentas, imaginen que sería del Francia sin el Louvre y de Rusia sin el Hermitage. ¿Y de nosotros? Pues eso.


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