Crónica Sitges 2020: "The Dark & the Wicked" puro terror

Autor: Joan Sala Fuente: Filmin

Crónica Sitges 2020: "The Dark & the Wicked" puro terror

Mundialmente estrenada en el Fantasia Film Festival, "The Dark & The Wicked" llega a Sitges para reivindicar el empleo del terror desde su máxima pureza. Bryan Bertino ensambla una obra cáustica y demoledora que no necesitamde sustos ni golpes de efecto para ponernos los pelos de punta. El miedo es esto.

¿De qué va?

En una granja aislada, un hombre está exhalando sus últimos suspiros. Sus hijos llegan al lugar dispuestos a despedirse, pero pronto se dan cuenta que la inquietante actitud de la madre va más allá de tristeza. Lo que en un principio iba a ser un ritual en torno a la pérdida y el recuerdo, se convierte en algo terrorífico. 

¿Quién está detrás?

Allá por 2008 Bryan Bertino se hizo un nombre en esto del terror con su ópera prima "Los Extraños", slasher protagonizado por Liv Tyler y Scott Speedman que resultó ser un éxito comercial de cierta dimensión global. 

¿Quién sale?

Destacar ante todo el trabajo descomunal de una Marin Ireland que lo da todo. De hecho, uno diría que parece ser poseída por la propia película.

¿Qué es?

Puro terror

¿Qué ofrece?

"The Dark & the Wicked" no solo recupera aquellas virtudes que llevaron a la exitosa ópera prima de Bryan Bertino a ponerle en el mapa, sino que más bien las optimiza y eleva para acabar ensamblando así una obra profundamente perturbadora y malrollera. Más allá de incurrir los lugares comunes que habitualmente nos invitan a visitar los subgéneros de home invasion y serial killers, "Los Extraños" (2008) destacó ante todo por renunciar al gratuito empleo del gore y abrazar en cambio, una apuesta decidida por el silencio y la contención, logrando con ello envolver de un suspense absolutamente aterrador al espectador. 

En este sentido, un suma y sigue en cuanto a formalismo y estilo es el que supone la cuarta película de Betino como director, obra que prioriza la creación de una atmósfera opresiva al desarrollo de un guión que resulte especialmente complejo o revelador. Claro está que no es ésta su prioridad, sí lo es en cambio el empleo maestro de los códigos del terror con lo que evita con gran atino efectismos como pueden ser el abuso de los jump-scares. De hecho, cuando los emplea, lo hace con una imponente efectividad y solvencia que ya querría para sí mismo todo un James Wan. Su intención no es coger al espectador por sorpresa, tampoco asustarlo y sacudirlo al pillarlo desprevenido más bien, tenerlo constantemente alerta y en pleno escalofrío. El miedo se ve venir, el mal en todo momento amenaza y sobrevuela, y el diablo tenemos claro cuando acecha. Aún y así, lo que verdaderamente demuele es la contundencia con la que consigue gestar en nosotros el vivir una experiencia extremadamente cáustica y desoladora. Pocos elementos, una economía de recursos envidiable y sobre todo, el aplomo con él es capaz de gestar secuencias tan acongojantes como memorables. Sin riadas de sangre, giros sorpresivos o innecesarias priotecnias. El miedo en toda su pureza probablemente esto. Sin trampa ni cartón.



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