Crónica Sitges 2020: "Baby" la madre viva

Autor: Joan Sala Fuente: Filmin

Crónica Sitges 2020: "Baby" la madre viva

Juanma Bajo Ulloa es uno de aquellos cineastas únicos y difícilmente comparables. Alguien cuyo primigenio cine, ya fuera por sus arriesgadas apuestas temáticas o formales, sus novedosas formas de producción o su trastocamiento de los principios generales acerca de lo que debería ser el séptimo arte, han quedado para siempre en las retinas de los espectadores patrios (y de más allá). Monumentos del cine español que rompen tópicos como "Alas de Mariposa" o "La Madre Muerta" son y serán, eterna buena prueba de ello. Y en este sentido, atención, sorpresa, la hermosa, turbadora y decididamente arriesgada "Baby" le devuelve a la pureza creativa que marcaron sus orígenes, lo cual supone una de las mejores y más inesperadas noticas que actualmente nos podría brindar nuestro cine.

¿De qué va?

Una joven drogadicta da a luz en uno de sus momentos más bajos. Incapaz de cuidar al bebé, lo vende a una extraña mujer. Pronto se arrepentirá de esa decisión, pero para recuperar a su retoño deberá hacer frente a sus miedos más profundos. 

¿Quién está detrás?

Juanma Bajo Ulloa eclosionó con su debut y segunda obra allá por los noventa, presentándonos probablemente a las familias más turbias y disfuncionales de las muchas que han poblado el cine español: "Alas de Mariposa" y "La Madre Muerta" son medio drama medio cuento de terror perverso, con una estética entre Tim Burton y Saura que a uno se le hace difícil de olvidar. Y es precisamente a este universo libre y radical que parecía olvidado al cual el director de "Airbag" vuelve con "Baby". No queda otra más que celebrarlo.

¿Quién sale?

Rosie Day, Harriet Sansom Harris y Natalia Tena. Solo mujeres que no articulan una sola palabra y que todo lo apuestan al gesto.

¿Qué es?

"Alas de Mariposa" + "La Madre Muerta"

¿Qué ofrece?

Juanma Bajo Ulloa irrumpió con gran fuerza en el panorama del cine nacional con su eterna "Alas de Mariposa", una sutil pieza que permanece intacta al paso del tiempo y que se reivindica a sí misma como una de las mejores obras de principios de los 90. El realizador vasco debutaba tras las cámaras con una propuesta que sorprendió a propios y extraños, un película que le costó nada más y nada menos que una hipoteca. Hablamos de un claustrofóbico cuento de terror cotidiano dominado por la mirada –triste, prístina, perturbadora– de la niña-actriz Laura Vaquero en el que fue su único trabajo en el cine. Drama familiar viciado, de silencios perturbadores y explosiones encerradas, Bajo Ulloa creó un malsano retrato del amor, que todo lo puede pero también lo pudre. Ganadora indiscutible de la Conch de Oro a Mejor Película en el Festival de San Sebastián, "Alas de Mariposa" también fue ganadora de 3 Goyas, entre ellos Mejor Director Novel y Guión Original. Obra icónica de nuestro cine cuya misma senda siguió con "La Madre Muerta", otra propuesta centrada en torno al sentimiento de culpabilidad, aunque llevada a extremos mucho más radicales, que asimismo abrazaba el dolor, la venganza, la crueldad y en definitiva, la oscuridad que puede llegar acechar a la infancia. Una irrupción única y excepcional en nuestro cine que dio paso a su incursión en un cine de marcada vocación comercial, como fue el caso de la exitosa "Airbag" o posteriores fracasos como "Año Mariano" o más recientemente "Rey Gitano" que lo relegaron a un segundo plano. 

Es por ello que no cabe más que celebrar el hecho de que "Baby", devuelve al realizador vasco a su cine más libre y radical. Y es que su nueva película vuelve abrazar el cine de culto con una perturbadora pero ante toda bella fábula que vuelve a sobrevolar el lado oscuro de la infancia, y también de la maternidad. La película nos habla sobre el profeso del amor pero también la falta de él. "No es lo mismo amar que usar" afirma el propio director de "La madre muerta" y es precisamente lo que confronta en su nueva película, la cual nos sumerge en un relato de aires góticos, con una puesta en escena decididamente barroca, que sin apenas mediar palabra, le devuelve a sus inicios, a la esencia de su cine. De hecho, también reivindica el propio Bajo-Ulloa que el cine tiene que crearse desde las entrañas y la visceralidad. Que el cine hoy día está secuestrado por los intereses comerciales y pide a gritos rescatar su libertad creativa. Pues bien, este es precisamente el significado metafórico (y metacinematográfico) sobre el que bien podría construirse esta obra hechizante que lo apuesta todo a la dirección de fotografía, a la puesta en escena y al trabajo de los actores. Es decir, el cine en su versión más primitiva e intrínseca, y también más cautivadora. Ojalá sea el preludio de que en efecto, tanto el director vasco como su cine vuelven a recuperar su mejor forma, vuelven a sus verdaderos orígenes. Bienvenido sea.


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