Crónica Sitges 2019: ""Lux Æterna" el aquelarre de Gaspar Noé

Autor: Joan Sala Fuente: Filmin

Crónica Sitges 2019: ""Lux Æterna" el aquelarre de Gaspar Noé

Tan solo un año después de que el polémico y provocativo Gaspar Noé ganara el Melies de Oro con su anterior e impactante "Climax" el director francés de origen argentino regresa a Sitges, esta vez con un mediometraje de 50 minutos estrenado por "sorpresa" en el Festival de Cannes que fue presentado en el máximo misterio, siendo por el comité de selección cannoise a última hora. Y sí, por muy breve que "Lux Æterna" sea, comenzamos por asegurar el 'clímax' final esta asegurado. Lo cual, cierto es, poco tiene de sorpresa.

¿De qué va?

"Lux Æterna" se nos presenta como una película ensayo sobre el respeto de las creencias, el trabajo de actor y el arte de la dirección.

¿Quién está detrás?

Gaspar Noé es el único cineasta en la faz de la tierra capaz de escenificarnos un coito desde el interior de una vagina como ya hiciera con "Enter the Void", eyacular en nuestra mismísima con todo su "Love" o abofetearnos con un plano secuencia de cámara fija con los 12 minutos de insoportable violación que marcaron su obra cumbre, "Irreversible".

¿Quién sale?

Dos actrices carismáticas e irreductibles, tremendamente físicas y rompedoras, como son Béatrice Dalle ("Trouble Every Day", "A L'Interieur") y Charlotte Gainsbourg, (ganadora del premio a la mejor actriz en 2009 por su papel en "Anticristo") cuentan en un plató historias de brujas para directamente luego escenificarlas en modo ‘meta’.

¿Qué es?

Un aquelarre que exorciza el cine.

¿Qué ofrece?

"Cuando la presión es máxima me convierto en un dictador en el set de rodaje". Es una frase de R.W Fassbinder que, acompañada de otras míticas afirmaciones de Dreyer o mismamente Dostoievsky, Gaspar Noé ilustra como sugestivos rótulos en el comienzo los primeros compases de "Lux Æterna". Y lo hace a su vez que, ocupando un mismo espacio, pero separadas por la pantalla partida, Beatrice Dalle y Charlotte Gainsbourg se confiesan entre ellas sobre diferentes anécdotas extremas que han vivido a lo largo de su carrera en un plató. Para que se hagan una idea por donde van los tiros, destaca por ejemplo una en la que la protagonista de "Anticristo" relata como en una escena que yacía desnuda junto a un joven actor en la cama, éste eyaculó encima de su pierna cuando apenas se preparaban para rodar.

Un primer y breve acto que sirve como hilarante preámbulo al histérico retrato, entre bambalinas y en formato de documental ficcionalizado, en el que Dalle hace las veces de enajenada productora y Gainsbourg de actriz sometida, incluso cosificada, a las extremas y desbordadas exigencias de rodaje, tanto por parte de producción como sobre todo, de dirección. Y es en este factor precisamente, donde Noé incide para articular una suerte de homenaje metafórico y destructivo en el que las intérpretes son tratadas como brujas y los cineastas como una suerte de inquisidores, como bien sugería Fassbinder, dictadores. Y es así como de la estridencia y el bullicio que caracteriza los sets de rodaje y que campa en los dos primeros tercios del mediometraje, pasamos, como no podía ser de otra forma, a la traca final, a un clímax tan visual y sonoramente violento como inevitablemente hipnótico, cuyo carácter estroboscópico desde luego que es no apto para epilépticos. Una reflexión profundamente agresiva y provocadora que, más allá de homenajear y poner en valor el estoicismo y la persistencia que atañe al trabajo de los actores cuando están a merced de las grandes ambiciones de los directores, sirve asimismo como un acto confesional en el que el responsable  de "Irreversible" se abre en canal demostrando ser muy consciente del peaje que supone para el equipo artístico los anhelos de quien permanentemente busca la genialidad en su labor directorial.

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