Crónica Sitges 2018: "Verano del 84" los 80 han muerto

Autor: Gerard Cassadó

Crónica Sitges 2018: "Verano del 84" los 80 han muerto

La nostalgia por esa arcadia perdida que llamamos años 80 es condenada a muerte en esta inteligente vuelta de tuerca al ya casi subgénero que ha dado forma a productos como "Stranger Things". Ya nada volverá a ser como antes, y es que los directores de "Turbo Kid" han transformado la melancolía en terror.

¿De qué va?

Davey, Eats, Woody y Curtis són cuatro amigos dispuestos a pasar un verano tranquilo en su urbanización, pese a las desapariciones de niños que se han venido sucediendo en los últimos meses. De repente, Davey empieza a sospechar que su vecino policía, el Sr. Sommers, tiene algo que ver con estas desapariciones y convence a sus amigos para empezar a investigar sus pasos.

¿Quién está detrás?

Los directores quebequeses Anouk Whissell, François Simard Yoann-Karl Whissell. Tras una larga trayectoria en el campo del cortometraje, debutaron en 2015 con "Turbo Kid", Mejor Banda Sonora y Premio Carnet Jove en el Festival de Sitges. "Verano del 84" es su segundo largo, y ya preparan la secuela de "Turbo Kid".

¿Quién sale?

Los jóvenes protagonistas de la película no son rostros excesivamente conocidos por el público, al menos en España. Graham Verchere, el protagonista principal, trabajó en la tercera temporada de la serie "Fargo". Judah Lewis es el protagonista de "The Babysitter" (McG, 2017). A Caleb Emery le hemos visto en títulos como "Pesadillas" (Rob Letterman, 2015) o "La suerte de los Logan" (Steven Soderbergh, 2017), aunque siempre en papeles secundarios. Cory Gruter-Andrew aparece en la serie "Anne with an E". Finalmente, Tiera Skovbye es una de las protagonistas de la exitosa "Riverdale".

¿Qué es?

"Cuenta conmigo" (Rob Reiner, 1986) + uno de esos episodios de "Los Simpson" en los que el Actor Secundario Bob persigue a Bart con la intención de matarle.

¿Qué ofrece?

En los últimos años, y en un evidente gesto pensado para atraer a toda una generación de espectadores hacia productos que en principio, por su propia naturaleza, no irían dirigidos a ellos, no hay película o serie juvenil que no eche la mirada atrás añorando los años 80. Ochenteras son las canciones que suenan en el walkman de Peter Quill en "Guardianes de la Galaxia". A colonia Chispas huelen todos y cada uno de los frames de "Stranger Things". Sobredosis de nostalgia producía aquel episodio de "Black Mirror" titulado "San Junipero", que no casualmente equiparaba la década de los 80 a una especie de paraíso reencontrado. La Generación X y los llamados Xennial son convocados al disfrute de todos estos productos en los que los sintetizadores, la laca y el kitsch campan a sus anchas.

En principio, y durante buena parte de su metraje, "Verano del 84" parece una más. De hecho, parece una más y una de las más desvergonzadas a la hora de apoderarse de todo un imaginario para venderlo como algo nuevo. Es como si el Gus Van Sant de "Psycho" asumiese el remake de "El club de los cinco" y optase de nuevo por copiarlo plano a plano. Todos los tópicos de las películas de aventuras juveniles de los 80 están presentes en "Verano del 84", desde el diseño de personajes (el tímido, el gordinflón, el chulito, el gafitas, la vecina de al lado...) hasta la propia ingenuidad simpática que sostiene la trama casi durante todo el metraje.

Por ello, el gesto final de los Whissell & Simard resulta, no sólo saludable, sino también radical. El film sufre un brusco cambio de tono en lo que se entiende entonces como un discurso metacinematográfico en toda regla. Sin necesidad de contar nada más, sobra decir que "Verano del 84" puede que sea la última película posible sobre la nostalgia ochentera. Lo que no es poco para considerarla un título realmente importante dentro de la cosecha de cine fantástico de la temporada.


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