Crónica Sitges 2018: "Season of the Devil" the act of killing

Autor: Joan Sala Fuente: Filmin

Crónica Sitges 2018: "Season of the Devil" the act of killing

Con "Season of the Devil" el director filipino Lav Díaz nos adentra en la mitología de su país a través de un drama histórico basado en hechos reales que tiene lugar en  una aldea remota de Filipinas, cuyos aldeanos son aterrorizados por una banda de milicianos. Es decir, lo que sería un día más en la oficina para el 'amigo' Lav si no fuese porque su productora, Bianca Balbuena, la definió de forma previa como "una anticomedia musical que es también una ópera rock". ¿Duración? 232 minutos de nada. Tras ser mundialmente estrenada en la pasada Berlinale, el "The Act of Killing" del responsable de "Norte" llega a Nuevas Visiones de Sitges. Así cantan. 

¿De qué va?

A finales de la década de 1970, una milicia paramilitar oprime una aldea remota en la jungla filipina. Los hombres uniformados, armados con ametralladoras, son responsables de difundir un terror que es a la vez de naturaleza física y psicológica. Los vecinos se convierten en sus víctimas y tratan de erradicar su fe a base de leyendas sobrenaturales y fantasiosas. En medio de este contexto la intrépida doctora Lorena abre una clínica para los más necesitados pero desaparece sin dejar rastro. Su esposo, el poeta, activista y maestro Hugo Haniway al pueblo con la esperanza de conocer la verdad sobre el paradero de su esposa. Lo que se encuentra es una comunidad destrozada por el despotismo y la violencia.

¿Quién está detrás?

Tras alzarse con el Pardo de Oro mediante las cinco horas que dura "From what is Before" en Locarno 2014 y presentar las inabarcables ocho horas de "A Lullaby to the Sorrowful Mystery" en la Berlinale 2016, donde fue galardonado con el Premio Alfred Bauer, Lav Díaz se hizo con el León de Oro en el Festival de  Venecia 2016 con la magistral "The Woman who Left", una particular lectura del cuento de Tolstoy Dios ve la realidad, pero no la dice cuando quiere

¿Qué es?

"The Act of Killing" llevado al terreno de Lav Díaz.

¿Qué ofrece?

El idealismo corrompido, la ausencia de valores (tanto personales como sociales) o la reivindicación de una base cultural demolida, son algunos de los principales agentes sobre los que ha pivotado la totalidad de la obra de Lav Díaz. Desde el colonialismo español a los múltiples golpes de estado y a la constante corrupción política que ha sacudido históricamente a Filipinas y que ha derivado en un pueblo siempre sometido, alienado y manipulado por los poderes de facto, ya sean gubernamentales o militares. Estos son los temas capitales que laten en el corazón de su mercurial sello de autor. Y claro, en este sentido la notable “Season of the Devil” sigue la misma senda, con la pequeña gran diferencia de que, en este caso, presenta un enfoque y un tratamiento sorprendente y novedoso con respecto a su filmografía. Su nueva película bien podríamos definirla como una anti-comedia musical, a pesar de atisbar en su superficie un tratamiento cómico, incluso paródico, pero en su corazón late un drama demoledor que desde la disección del pasado nos habla del presente. También como una ópera rock insondablemente filosófica, tan existencialmente sobrecogedora como poéticamente arrebatadora que, ante todo, profundiza en el espíritu y alma de un país destruido a través de la escenificación de unos hechos reales ocurridos en un pequeño y remoto pueblo de campesinos filipinos durante el golpe de estado perpetrado por el paramilitar Narciso. Un líder que, de forma sugerentemente surrealista, Lav Díaz dibuja con una doble cara, la que verdaderamente es y la que 'vende' (ver póster al final del post). Tampoco es casualidad que cuando hable nunca se le entienda, y a pesar de ello todo lo que dice 'vaya a misa'.

Una base argumental en la que bien podríamos imaginar que resuenan los ecos de “Los siete samuráis”, con la pequeña gran diferencia de que en “Season of the Devil” no hay héroe alguno que proteja a los aldeanos y los salvaguarde de la injusticia y la opresión. O sí, aunque sea medio siglo después, el realizador Lav Díaz les brinda su merecida expiación. Y lo hace rompiendo un silencio histórico a golpe de capela, de un carácter poético más recitado que cantado. Porque a pesar de que evidentemente estamos ante un musical, los artificios externos brillan por su ausencia. Es decir, no hay baile alguno y el carácter instrumental nunca hace acto de presencia. La nueva película del realizador filipino es una balada triste sin trompeta, un melancólico canto de amor que se articula a través de deslumbrantes set pieces iluminadas por un trabajo de luz y un empleo del blanco y negro sutil, medido y definitivamente hermoso. Así es como nos dibuja su particular infierno en lo que debería ser el paraíso, en el que la incerteza, la demagogia, y los falsos mitos son empleados por los opresores para maniatar y deshumanizar a los campesinos, convirtiendo a estos en hijos sin patria, meros espectros sin resquicio alguno de posible idealismo. Es en su dimensión sobrenatural donde solo puede volver a florecer su ansiada libertad. Y es este aspecto el que da sentido a su título: los paramilitares actuan como si fueran el propio diablo, como esa serpiente que ofreció la manzana envenenada a Eva para que la tentara a Adán. Primero embaucan, y luego matan.

Un carácter poético, mitológico y profundamente artístico que lejos de llevarnos a la obra maestra de Kurosawa se redirige hacia la de Joshua Oppenheimer. “Season of the Devil” se revela como un alma gemela de “The Act of Killing”. Partiendo una desde la ficción, la otra desde el documental; aludiendo una al carácter metacinematográfico, la otra al musical; ambas obras abrazan el exterminio de una cultura y funcionan como un viaje a los recuerdos y las fantasías de los autores impenitentes, así como a la desolación de sus víctimas, situándose ambas también en las antípodas del didactismo exacerbado así como de la denuncia social o el simple revisionismo histórico. Y lo que es más importante aún, tanto en una como en la otra la violencia se escenifica, jamás es explicita. En resumidas cuentas, el arte como única vía de purificación. La, la, Lav.


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