Crónica Sitges 2018: "One Cut of the Dead" cine dentro del cine dentro del cine dentro...

Autor: Gerard Cassadó Fuente: Filmin

Crónica Sitges 2018: "One Cut of the Dead" cine dentro del cine dentro del cine dentro...

La gran sorpresa de la presente edición del Festival de Sitges ha sido una película japonesa de zombies de 27.000 euros de presupuesto. Un canto de amor al cine en el que nada es lo que parece, y que mereció, en uno de sus primeros pases en el certamen, una ovación de cinco minutos con el público en pie y con parte del elenco alucinando en directo con la abrumadora acogida.

¿De qué va?

Durante el rodaje de una película de zombis de bajo presupuesto en una fábrica abandonada, Chinatsu y Ko se esfuerzan por dar lo mejor de si mismos, pero al director Higurashi no le convence la actitud de la actriz y no duda en dejarlo muy claro. Todos deciden darse un descanso. Pero en ese momento de relax, uno de los miembros del rodaje aparece mutilado y moribundo, y las cosas empiezan a ir de mal en peor. Aunque el director Higurashi, lejos de preocuparse por salvar la vida, prefiera aprovechar la ocasión para hacer una gran película.

¿Quién está detrás?

El japonés Hinichiro Ueda, con una larga trayectoria en el campo del cortometraje y siempre respondiendo a un lema vital: "hacer películas que sigan siendo divertidas dentro de 100 años". Ha trabajado en films colectivos como "Neko Manma" (2015) y tras "One Cut of the Dead" ha estrenado este año en Japón su última comedia: "Tamae no su pa harawata".

¿Quién sale?

Un nutrido grupo de intérpretes japoneses semiprofesionales que han debutado, en la mayoría de los casos, con "One Cut of the Dead". Es el caso de la protagonista, Yuzuki Akiyama, o de Takayuki Hamatsu, que encarna al director Higurashi.

¿Qué es?

"Why Don't You Play in Hell?" (Sion Sono, 2013) + "The Disaster Artist" (James Franco, 2017)

¿Qué ofrece?

Cuando uno lee, antes de ver la película, que "One Cut of the Dead" es una comedia de zombis, imagina un tipo de film que nada tiene que ver con lo que es en realidad. Muy lejos de títulos como "Zombies Party" o "Bienvenidos a Zombieland", es imposible desgranar la película sin desvelar parte de su juego, por lo que siendo prudentes, lo máximo que podemos contar es que estamos ante una obra con muchas más sorpresas de las que el espectador está preparado para adivinar.

Es cierto que "One Cut of the Dead" encaja en el Festival de Sitges como el zapato de cristal de la Cenicienta, y de ahí se entiende buena parte de su éxito. No menos cierto es que su complicidad se expande a todo aquel que ame el cine, pues estamos ante todo ante una sincera carta de amor al Séptimo Arte entendido como un engranaje de pequeñas piezas funcionando al unísono con una única carta a favor: poco importa lo que suceda detrás de las cámaras si lo que ocurre delante se parece más o menos a lo que estaba previsto en el guion. 

De esa premisa parte una "metametapelícula" con una primera media hora imposible, filmada en plano secuencia, en un virtuoso ejercicio de cámara y coreografía realizado con una escasez de medios asombrosa. Ya en ese primer tercio del film se advierte que la frontera entre realidad, ficción y metaficción va a retorcerse de un modo perverso cual boa abrazando a su víctima. Pero anticipar lo que va a venir después es sencillamente imposible.

Como si Kore-eda hubiese dirigido "The Disaster Artist", "One Cut of the Dead" es una de las grandes películas de la temporada al ofrecer algo completamente nuevo con apariencia de terreno ya abonado. Que la película haya costado apenas 27.000 euros ya es lo de menos. Si Ueda sueña con hacer películas "que sigan siendo divertidas dentro de 100 años", uno se atreve a afirmar que las risas persistirán con "One Cut of the Dead" en 2118.

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