Crónica Sitges 2018: "Muere, monstruo, muere" miedo al miedo

Autor: Joan Sala Fuente: Filmin

Crónica Sitges 2018: "Muere, monstruo, muere" miedo al miedo

Mundialmente estrenada en la Sección Un Certain Regard del pasado Festival de Cannes, "Muere, monstruo, muere" causó tanto estupor como fascinación entre la crítica internacional desplazada en La Croisette. No es para menos, sin duda alguna estamos ante una de las propuestas de terror más imponentes y desconcertantes de la temporada. Claro estaba que Sitges es su casa.

¿De qué va?

Nada más comenzar, queda clara la maestría de Alejandro Fadel: entre ovejas, un reguero de sangre, y una mujer que intenta sostener su cabeza porque ha sido decapitada. A partir de esta muerte, se inicia una trama violenta y profunda, situada en un remoto pueblo cercano a los Andes, en el que un policía intentará resolver un misterio que no sabemos si es resultado de la locura o de un monstruo.

¿Quién está detrás?

"Muere, monstruo, muere" supone la segunda película como director del argentino Alejandro Fadel tras ese impactante debut que resultó ser "Los Salvajes" (2012), suerte de anti-western visualmente poderoso con el que ya dejó huella en el Festival de Sitges 2012, donde fue seleccionado en Nuevas Visiones. Destacar que como guionista a trabajado para nombres de primera línea del cine argentino como es el caso de Pablo Trapero o Israel Adrián Caetano. 

¿Quién sale?

Víctor Lopez, Esteban Bigliardi y Tania Casciani nos brindan unas interpretaciones marcadas por una abrumadora presencia, por una oratoria penetrante y solemne fustigada en todo momento por la angustia existencial que padecen. El monstruo por su parte, merece mención a parte. Que sea descubierto por vuestros propios ojos.

¿Qué es?

"Historia del Miedo" + "La Región Salvaje"

¿Qué ofrece?

"Muere, monstruo, muere" es miedo dentro del miedo, una suerte de cruce entre el drama romántico más crudo y el terror más perverso que oprime el alma y corta al respiración. Tanto de sus protagonistas como del espectador. Tan filosófica como violenta y visceral, propuesta tremendamente corpórea pero también cerebral, la segunda y notable película de Alejandro Fadel nos traslada a un no lugar fronterizo donde a más de 2000 metros Argentina se separa de Chile. Es desde este remoto y excelso paisaje andino donde el responsable de "Los Salvajes" penetra en las entrañas de la fobia y encierra a sus personajes en el miedo al miedo. Un mapa humano desolador donde la miseria es explícitamente sacudida por lo inmundo y atroz, donde lo sobrenatural acecha lo real, donde sus habitantes subsisten como pueden acuciados por un sometimiento tangible y material que, tal y como su título bien nos sugiere, adquiere en este caso la forma de un monstruo. Una figura desconcertante y bestial que en este caso, uno intuye que no posee un significado intrínsecamente metafórico. Su función parece más encaminada a hacernos reflexionar sobre el poder, el control y por supuesto, sobre el temor a lo desconocido. Plasmada sobre un imponente dispositivo formal, sobre un carácter profundamente turbador y atmosférico, "Muere, monstruo, muere" se vive y experimenta desde la absoluta sensación de extrañeza e imprevisibilidad. Una obra muy potente en cuanto a forma tanto como en cuanto a fondo, que bien debería ser reconocida en el palmarés oficial. 


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