Crónica Sitges 2018: "Lords of Chaos" black metal psychos

Autor: Joan Sala Fuente: Filmin

Crónica Sitges 2018: "Lords of Chaos" black metal psychos

En "Lords of Chaos" la historia de un joven que quiere darle un nuevo giro a la escena del black metal en Oslo acaba teniendo consecuencias fatales. La nueva película del padre del videoclip, Jonas Akerlund, es un ágil, vibrante y singularísimo híbrido de biopic, horror y teen-angst que relata los trágicos y aterradores hechos reales que atañen a la infame historia de la banda black metal Mayhem desde un trtamiento tan provocador y temerario, como definitivamente estimulante. 

¿De qué va?

"Lords of Chaos" cuenta la rocambolesca historia de Mayhem tras la muerte de “Dead”, uno de sus miembros; fue entonces que la relación entre el bajista Varg Vikernes y su líder Euronymous derivó en la quema de algunas iglesias y en un auténtico baño de sangre.

¿Quién está detrás?

Su responsable no es otro que el reputado videoartista Jonas Akerlund, hijo pródigo del videoclip que ha trabajado con grupos tan dispares como U2BlondieLady GagaSmashing Pumpkins, Rammstein, Madonna o Beyoncé. Como director de cine debutó con la obra de culto "Spun", un frenético descenso al mundo de la droga donde la comedia y el desenfreno imperan que podéis (re)descubrir en Filmin.

¿Quién sale?

Quizás sea uno de sus principales lastres, no por el trabajo de sus actores, si no por la credibilidad y veracidad de al que dotan a la recreación de esta historia real. Que los estadounidenses Rory Culkin, Emory Cohen y Sky Ferreira den vida a los integrantes de una banda intrínsecamente noruega no encaja. Su idioma debería ser el noruego y no el inglés. Una vez más, el alcance comercial se impone al rigor artístico y conceptual. Es lo que hay.

¿Qué es?

"Metalhead" + "American Psycho"

¿Qué ofrece?

"Lords of Chaos" es un ágil, vibrante y singularísimo híbrido de biopic, horror y teen-angst que relata los trágicos y aterradores hechos reales que atañen a la infame historia de la banda black metal Mayhem desde un tratamiento tan provocador y temerario como definitivamente estimulante. Y es que el rigor de la veracidad del relato colida directamente con la transgresión del mismo. Aquí hay lugar para ingentes baños de sangre, para desmesuradas sacudidas de gore, para la tortura de animales, el satanismo, el suicidio, o incluso al nazismo casual. Todo ello bajo un registro cómico extremadamente macabro e igualmente desprejuiciado, aunque no por ello se sienta paródico ni mucho menos liviano. Su virtuosa capacidad para evitar el mal gusto o pasarse de rosca en lo políticamente incorrecto cuando todo apunta a ello es innegable y cuanto menos, loable.

Bajo esta premisa, la nueva e impactante película de Jonas Akerlund bien podemos identificarla como un salto sin red que, más allá de contarnos cronológicamente y en primera persona (la voz en off del fallecido Eponymus guía todo el relato) la historia del grupo desde su fundación hasta su primera disolución, también se detiene en la relación de bizarra rivalidad entre sus dos principales líderes. Un choque de egos cuya amistad siempre se rigió por la envidia que se profesaron el uno al otro y en la competitividad llevada hasta sus más extremas consecuencias. No tanto en cuanto a ver quien puede más, sino en cuanto a quien acaba por erigirse en el verdadero líder. 

Loable conglomerado de atributos que elevarían "Lords of Chaos" a una de las propuestas más destacables de Sección Oficial si no fuera por dos defectos que para un servidor resultan fragantes. En primer lugar, su sometimiento al alcance comercial. Me explico, resulta del todo incongruente que una película que comienza haciendo hincapié en el Welcome to Norway, que constantemente insiste en su arraigo noruego y en como ésta le afecta, que no hace más que repetir hasta la saciedad el lema del true norwegian black metal, sea hablada en inglés. Más aún tratándose de la escenificación de una historia real. Tampoco resulta coherente con su tratamiento y tono que una obra en la que constantemente resuena el black metal termine al son de Sigur Ros. En fin, ya se sabe, quien paga manda. Es el peaje.


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