Crónica Sitges 2018: "Khook (Pig)" cerdo y dimantes

Autor: Joan Sala Fuente: Filmin

Crónica Sitges 2018: "Khook (Pig)" cerdo y dimantes

La excepcional "A Dragon Arrives!" era la principal valedora que encumbraba "Khook (Pig)" entre nuestros títulos más esperados de esta nueva edición de la Berlinale. Suerte de "La Isla Mínima" iraní que, con todo merecimiento, se hizo con el premio de Nuevas Visiones en el Festival de Sitges 2016. Pero ya se sabe las grandes expectativas muchas veces conllevan decepciones aún mayores y, lamentablemente, este ha sido el caso de la nueva película de Mani Haghighi que este año asciende a Sección Oficial con una propuesta mucho menor

¿De qué va?

Hasan está furioso. Un director de la lista negra, han pasado años desde que se le permitió filmar una película. La actriz que ha convertido en estrella y de la que está enamorado ahora quiere hacer una película con otro director. Además, su madre que vive con ellos parece estar perdiendo la cabeza. Lo peor de todo, sin embargo, es que en Teherán y sus alrededores, los cineastas están siendo asesinados. ¿Pero por qué el asesino en serie mata y decapita a los mejores directores pero no a él?

¿Quien está detrás?

Ante cámara su rostro resuena por protagonizar "Melbourne" o "A propósito de Elly". Pero también lo hace tras ella por hacerse con Premio Netpac en la Berlinale 2012 tras participar con su aclamada "Modest Reception" en la Sección Forum. Pero si hay una razón principal por la que seguimos con lupa a Mani Haghighi esa es "A Dragon Arrives!", suerte de "Isla Mínima" iraní que se hizo con el Premio Nuevas Visiones el Festival de Sitges 2016 tras concursar en Sección Oficial de la Berlianle ese mismo año. Hablamos de un inclasificable pastiche de géneros en el que tiene cabida el cine policíaco, la comedia absurda, el falso documental, el cine dentro del cine o por supuesto, el drama social. Obra mayor.

¿Quién sale?

Con sus camisetas de AC/DC o Black Sabbath y haciendo gala del patetismo más entrañable, Hassan Majooni se revela en una suerte de Jack Black iraní. Le acompañan algunos de los intérpretes y realizadores más reconocibles del cine iraní como es el caso de Leila Hatami ("Nader y Simin") Leili Rashidi ("Shirin") o Aynaz Azarhoosh ("Fish & Cat").

¿Qué es?

La muerte del cine iraní

¿Qué ofrece?

En 1979, la revolución islámica azotó las fronteras de Irán, sumiendo al país persa en un régimen opresor liderado por el ayatolá Khomeini. Era el primer paso hacia la nueva Irán que se ha conformado hasta hoy, una nación hermética que ha fantaseado con la bomba atómica mientras era asfixiada por las multas internacionales lideradas por Estados Unidos. Fueron algunos de los mimbres que desembocaron en la represión cultural que actualmente azota a sus artistas y habitantes. Y es que como todos sabemos, una dictadura supone un control estricto por parte del estado de toda expresión cultural generada en sus fronteras, principalmente para evitar mensajes contrarios al régimen que puedan despertar las conciencias ciudadanas y auspiciar revoluciones indeseadas. En este sentido, entre sus principales medios difusores encontramos el arte en general, y en lo que a nosotros nos pertoca, el cine en particular. Si algo nos ha quedado claro en los últimos 30 años es que en Irán hay talento y sobran ganas en cineastas sobradamente capacitados para realizar grandes películas. El problema es simple. Saben que si lo hacen hay únicamente dos opciones; o acaban exiliados o lo que es aún mucho peor, acaban, como Jafar Panahi, en la cárcel. Fue el caso de Mohammad Rasolouf, condenado por las autoridades iraníes junto a Panahi en 2010. 

Pues bien, bajo este opresor contexto, resulta cuanto menos estimulante que Mani Haghighi decida hilvanar su particular denuncia, poner el grito en el cielo, embarcándose en la comedia más descerebrada, en el humor más inclasificable y absurdo para alzar su voz contra la censura, contra la sórdida realidad a la que la cultura y sus agentes están sometidos en Irán, esa suerte de artística ley marcial entre cuyas principales víctimas encontramos los nombres más reivindicados por los principales festivales internacionales. De hecho, que la primera víctima que se cobre la película sea su propio realizador Maní Haghighi, hace que el insoldable carácter autoconsciente por el que siempre se ha distinguido la personalísima obra del director de "A Dragon Arrives!" presente visos de adquirir en este caso un valor y una dimensión, aún mucho mayor. Es el prometedor inicio que nos llevaba a esperar lo mejor de "Khook (Pig)", una suerte de objeto metafílmico no identificado, parodia serial killer que prometía ese esperado descoloque que finalmente no llega. Pero no, a pesar de presentar apuntes verdaderamente interesantes, como es el caso del tratamiento que hace de las redes sociales (siempre presentes a lo largo de la película, las pruebas, las supuestas verdades, siempre se muestran por redes o dispositivos móviles), “Khook (Pig)” no tarda en dejarse llevar por una espiral de situaciones absurdas que agotan mucho más de lo que sorprenden o divierten. La hilaridad da paso a la extenuación y ni tan siquiera el prodigioso tratamiento formal de su anterior y maravillosa “A Dragon Arrives!” hace aquí acto de presencia, donde nos encontramos con un enfoque formal mucho mas punky. Y es que ya se sabe, las buenas intenciones se agradecen pero por si mismas, no son suficientes.



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