Crónica Sitges 2018: "Clímax" danzad, danzad, malditos

Autor: Joan Sala Fuente: Filmin

Crónica Sitges 2018: "Clímax" danzad, danzad, malditos

Uno sabe a lo que juega cada vez que se enfrenta a nueva película de Gaspar Noé. Es la sensación de absoluta vulnerabilidad como espectador, de tener presente que nos incomodará y agredirá directamente, tanto como la seguridad de que ya sea para bien o para mal, no nos dejará indiferente. Su cine es pura provocación, donde la depravación y la violencia está siempre presente, es esa clase de cine destinado a sacarnos en todo momento de nuestra zona de confort. Su obra no admite medias tintas y en este sentido, “Clímax” no iba a ser menos. 

Hablamos de una película que una vez más, y aquí si que no hay discusión que valga, supone un prodigo técnico, un ejercicio de cámara que te absorbe desde el primer segundo y no te suelta hasta su últimísimo momento, una experiencia inmersiva de carácter absolutamente visceral que vuelve a dejar latente la genuina capacidad técnica que el realizador francés de origen argentino atesora en el empleo de la cámara. Para unos talento desaprovechado, para otros excelencia única en su especie, lo que está claro es que cuando un autor tiene el descaro necesario para causar semejante polarización entre crítica y público es que su obra tiene una personalidad propia incondicional e irrenunciable. Y este será el caso, denlo por seguro también, de su nueva película.Danzad, danzad, malditos.

¿De qué va?

La historia se centra en veinte jóvenes bailarines de danza urbana que durante la década de los 90 se reúnen para unas jornadas de tres días de ensayos en un internado abandonado situado en el bosque. Allí, hacen su último baile común y luego festejan una última fiesta de celebración. Pronto, la atmósfera se vuelve eléctrica y una extraña locura los atrapa toda la noche. Han sido drogados, no saben por quién o por qué. 

¿Quién está detrás?

Gaspar Noé es el único cineasta en la faz de la tierra capaz de escenificarnos un coito desde el interior de una vagina como ya hiciera con "Enter the Void", eyacular en nuestra mismísima con todo su "Love" o abofetearnos con un plano secuencia de cámara fija con los 12 minutos de insoportable violación que marcaron su obra cumbre, "Irreversible".

¿Quién sale?

A excepción de la actriz argelina Sofia Boutella, el resto del reparto eran bailarines profesionales, a los que dejó que improvisaran tanto gran parte de las coreografías como de los diálogos.

¿Qué es?

”Fama: a bailar” + “Cabin Fever” + “Suspiria”. O si lo prefieren, La Marsellesa versioneada por Gaspar Noé.

¿Qué ofrece?

Rodada en único espacio, confinada en una surte de gimnasio convertido en sala de baile, en una fiesta de fin de grado, “Clímax” representa lo que verdaderamente es el cine como experiencia. El que nos brinda es un portentoso ejercicio directorial rebosante de movimientos de cámara imposibles, de vertiginosos planos cenitales, de un extraordinario trabajo coreográfico y sonoro y un cuidado extremo en la iluminación, que más allá de ofrecer al mismo tiempo una reflexión sobre la vida, la muerte y las relaciones sexuales, bien podríamos señalarla también como la primera película política de Gaspar Noé. Y es que no precisamente por gratuito capricho, es la bandera francesa, su constante presencia, la que en todo momento preside la fiesta. Pero que nadie se equivoque, aquí no hay rastro de patriotismo alguno, más bien la erosión y volatilizaron de los valores que supuestamente representa. El “liberté, egalité, fraternité” que rige Francia es puesto en evidencia, la imposibilidad de una vida en armonía colectiva, entre la diversidad sexual y las diferentes procedencias, es lo que “Clímax” nos refleja. Es probablemente por ello que entre los bailarines encontramos prácticamente todas las posibles representaciones de la ciudadanía que hoy día convive en Francia (exceptuando la comunidad árabe, discutible decisión). 

Es sobre este enfoque discursivo que el responsable de "Irreversible" nos sumerge en el horror del colocón. Es decir, “Clímax” no es una película lisérgica al uso, más bien todo lo contrario. Los efectos de ingerir una droga de forma involuntaria lleva a sus personajes a embarcarse en el delirio aturdido, en el alucine autodestructivo, en una suerte de bacanal con aires de “Battle Royale” propulsada por la agresión física y oral, por la histérica abyección colectiva. Cierto es que la experimentación de "Clímax" bien puede llevar a uno a presumir un enfoque incongruentemente moralista y que toma alguna que otra decisión tan arriesgada como desacertada que levantará la indignación de muchos. "Clímax" sin embargo, levantará también la fascinación de otros tantos. De eso se trata.



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