Crónica Sitges 2018: "American Animals" the special ones

Autor: Joan Sala Fuente: Filmin

Crónica Sitges 2018: "American Animals" the special ones

Thriller fascinante, una obra de culto instantáneo que llevando a la pantalla el artículo firmado por David Grann (publicado en The New Yorker) tuvo el honor de ser uno de los 10 documentales con mayor recuadación en la historia de la taquilla británica. Hablamos de "El Impostor", de su director Bart Leyton y ante todo, de "American Animals", la genial película presentada en la Sección Órbita del presente Festival de Sitges con la que el realizador norteamericano da continuidad de forma triunfal a su imponente debut. Y ya van dos de dos. 

¿De qué va?

Nunca seremos tan especiales como soñábamos cuando éramos pequeños. Este es el chasco que se llevan Warren y Spencer, dos chicos de clase media sumidos en el desencanto de la vida común y que se rebelarán contra el sistema planeando un robo... a una biblioteca de instituto.

¿Quién está detrás?

La historia de un chaval que se hace pasar por el hijo desaparecido de una familia del Medio Oeste Americano supuso, tal y como nos cuentan desde el propio festival, y es que en Filmin bien lo sabemos, uno de los documentales más fascinantes de la última década. "El Impostor" se reveló en un thriller sorprendente que llevaba a la pantalla el artículo firmado por David Grann y publicado en The New Yorker del que escribimos en su momento. El problema es que el hijo era rubio y él, moreno, además de francés y diez años mayor que el chico desaparecido. Bueno, en realidad el problema (y la película) nacían en el momento en que la familia lo acepta y dice que sí, que ese es su hijo desaparecido. Pues bien, "American Animals" supone el salto a la (pseudo)ficción de su emergente director, Bart Layton.

¿Quién sale?

Una fauna con ocho nombres propios a destacar. Barry Keoghan ("El sacrificio de un ciervo sagrado", "Dunkerque"), Evan Peters ("Kick-Ass", ""X-Men"), Blake Jenner ("Todos queremos algo") y Jared Abrahamson ("Travelers") desde la ficción. Spencer Reinhard, Warren Lipka, Eric Borsuk y Chas Allen como ellos mismos, desde el documental. Con decir que es más de un plano en el que coinciden los personajes reales con los ficcionados, queda todo dicho. "American Animals" lejos está de abrazar el habitual híbrido de formatos, más bien todo lo contrario.

¿Qué es?

Una heist movie con ecos de "Yo, Tonya" y "The Bling Ring" rodada a cuatro manos entre Errol Morris y Bret Easton Ellis.

¿Qué ofrece?

"Está película NO está basada en una historia real. Es una historia real". Es la sugerente declaración de intenciones con la que se nos presenta "American Animals", la genial segunda película con la que de forma absolutamente consecuente, Bart Leyton da continuidad a su imponente debut. Si en el caso de "El Impostor" nos encontramos con un documental que bajo el registro de thriller coqueteaba con la ficción, en este caso nos encontramos con una ficción que bajo el registro de la heist movie coquetea con el documental. Es decir, la breve pero interesantísima obra del realizador norteamericano bascula sobre el diálogo entre la realidad y ficción. Una inventiva y genuina fusión que la hace funcionar como un reloj, a través de la cual articula la recreación más rigurosa y fidedigna posible de dos excéntricos hechos reales que directamente reflexionan, en ambos casos, sobre la crisis de identidad o más bien, sobre la erosión y carencia de la misma. Eso sí, con una pequeña gran diferencia: mientras en "El Impostor" el espectro era intrínsecamente íntimo y familiar, en el caso de "American Animals" abraza toda una sociedad. Y lo hace partiendo de lo que bien podríamos denominar la consecución de un gran sueño americano que en este caso tiene forma de pink flamingos. Tal cual, a la moda. 

El delirante intento de perpetrar el robo de unos valiosos libros (entre ellos uno de pájaros) a una biblioteca colegial por parte de cuatro estudiantes universitarios es la caja de Pandora que Bart Leyton abre para reflexionar acerca de las verdaderas motivaciones que pudieron llevar a estos jóvenes bien avenidos y sin antecedentes criminales, a cometer tan temerario acto. Un crimen de lo más estrafalario que les condenó a pasar siete años en la cárcel. Poca broma.

En este caso no fue la necesidad económica, tampoco fue debido a una pasión acérrima por estos libros, sino lo que uno intuye, fue más bien por intentar encontrarse con quien verdaderamente quieren ser. O más bien, con quien la sociedad en la que viven les impone que deben ser. Por más que ni tan siquiera ellos mismos lo sepan. Lo que si que si les atenaza es la necesidad de sentirse especiales, de saborear las mieles del éxito y comprobar que destacan sobre los demás. Es decir, de triunfar. Un éxito que tal y como la sociedad americana está concebida, se esta abocado a lograr. Porque quien no destaca, cae en el tedio y en el olvido. Dicho de otra forma, no sentirse especial es fracasar. Un condicionante instaurado en el corazón de una sociedad cuyas peligrosas y extremas repercusiones se nos muestran en "American Animals" desde un montaje ágil y dinámico, desde un registro intrínsecamente metacinematográfico que no renuncia en ningún momento a un hilarante sentido del humor pese a que su objetivo prioritario demuestra tenerlo bien claro: darnos el espacio necesario para reflexionar sobre las incomprensibles motivaciones que pudieron llevar a estos jóvenes a acabar en la cárcel. La respuesta no la encontramos en ellos, más bien en quien les representa. En este caso una bandera: la americana. En efecto, vaya fauna,



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