Crónica Sitges 2017: "Matar a Dios" alabado sea el enano

Autor: Joan Sala Fuente: Filmin

Crónica Sitges 2017: "Matar a Dios" alabado sea el enano

Desde luego que su logro es reivindicable y laudable. Tal y como allá por 2011 ya hiciera "Lobos de Arga" en Sección Oficial del Festival de Sitges, el debut directorial de Albert Pintó y Caye Casas demuestra creer fervientemente en el poder de la risa como un medio de transgresión tan equiparable en potencia a cualquier drama, muestra de género o pieza de denuncia. "Matar a Dios" no solo provoca risas a mansalva, también cumple con las altas expectativas que su provocativo y temerario título atisba.

¿De qué va?

Una familia se prepara para celebrar el fin de año en una aislada casa en medio del bosque, cuando irrumpe un misterioso vagabundo; es enano, dice ser Dios y amenaza con exterminar a la especie humana al amanecer. Sólo se salvarán dos personas, y la familia ha sido elegida para escoger a esos dos únicos supervivientes. El destino de la humanidad recae en cuatro desgraciados que, evidentemente, van a querer salvarse.

¿Quién está detrás?

Albert Pintó es director, guionista, profesor en ESCAC y realizador de publicidad. Caye Casas es director, guionista y dibujante. Ambos han firmado el corto multipremiado NADA S.A. (14) y el largo Matar a Dios.

¿Quién sale?

Con el permiso de Dios, la palma se la lleva Eduardo Antuña ("La Comunidad") con una caracterización a camino entre el Frutero y Carlos Areces. Itziar Castro, Boris Ruiz y Emilio Gavira como el Enano Todopoderoso completan un elenco excelente que dice mucha cosa buena de los dos directores debutantes. Demostrado queda que la dirección de actores es excelente. Rara avis, ya que suele ser la principal estirpe de la cual las óperas primas adolecen.

¿Qué es?

La última cena.

¿Qué ofrece?

Para nada era fácil y menos aun, asequible el reto. Los debutantes Caye Casas y Albert Pintó deciden proyectar su debut directorial bajo el sello de la comedia. Un género poco dado al circuito festivalero, mucho más complicado de abordar de lo que de buenas a primeras uno puede pensar. Y es que pocos retos más difíciles de asumir hay que querer ser gracioso y encima serlo. Muchos mueren en el intento, otros tan solo son capaces de mantenerlo de forma irregular hasta caer en el agotamiento. No es el caso, sin embargo, de "Matar a Dios", una comedia fantástica sólida e inspiradamente negra que demuestra creer fervientemente en el poder de la risa como un medio de transgresión tan equiparable en potencia a cualquier drama o pieza de denuncia. Y es que de lo que principalmente Casas y Pintó nos hablan, es de la miseria humana y del drama íntimo que la acucia y degrada, ya sea a nivel de pareja o desde el espectro familiar. Un punto de partida supuestamente desgarrador que sin embargo, gravita en este caso sobre un humor sólido y esquinado además de atinado. Formalmente muy bien parida, sin hacer ascos a su carácter de serie B, en ningún momento sentimos que "Matar a Dios" se tome en serio a si misma al igual que también se le percibe esa sensación de no querer caer nunca en la parodia gratuita. En lo que si que cae es en el desternillante divertimento apocalíptico que sabe sacar máximo partido de sus limitados recursos, tan políticamente incorrecto como humanamente certero. Un éxito aun mayor si nos atenemos a que estamos ante una ópera prima cuyo ambicioso objetivo no es otro que matar al señor Todopoderoso. Ese que nunca vemos y que en este caso se hace pequeño. Alabado sea el enano.



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