Crónica Sitges 2017: "Laissez bronzer les cadavres" deconstrucción de un tiroteo

Autor: Gerard Cassadó

Crónica Sitges 2017: "Laissez bronzer les cadavres" deconstrucción de un tiroteo

Hélène Cattet y Bruno Forzani vuelven a demostrar que son dos de las voces más genuinas y apasionantes del cine de género. Lejos de conformarse con el continuismo, apuestan esta vez para confrontar su insobornable estilo con un guión más narrativo de lo que nos tienen acostumbrados.

¿De qué va?

La banda de Rhino ha robado 250 kg. en lingotes de oro y cree haber encontrado en la villa mediterránea de una liberada artista el escondite perfecto. Pero la llegada inesperada de nuevos invitados, y de dos policías que les siguen la pista, da pie a una batalla campal en la que la supervivencia será el botín más valioso.

¿Quién está detrás?

La pareja de artistas que forman los franceses afincados en Bélgica Hélène Cattet y Bruno Forzani, sin duda dos de las voces más personales del cine contemporáneo. Tras dirigir una serie de exitosos cortos, dieron el salto al largo en 2009 con "Amer", uno de los fenómenos más influyentes vividos en el Festival de Sitges en los últimos años. Repitieron en el certamen en 2013 con "El extraño color de las lágrimas de tu cuerpo", y vuelven ahora con su tercer largometraje. Su cine, más cercano a las artes audiovisuales que a la narrativa clásica, deconstruye las formas y estilemas propios del giallo italiano para ofrecer experiencias oníricas con un uso casi erótico del primer plano y el plano detalle.

¿Quién sale?

Un puñado de actores y actrices poco conocidos fuera de los países francófonos, entre los que encontramos a Stéphane Ferrara ( "Los burdeles de Paprika"), Pierre Nisse (secundario en títulos como "Crudo", "Mea culpa" o "El hijo") o Hervé Sogne ( "El Nuevo Nuevo Testamento"). Por encima de todos ellos destaca la expresividad y carnalidad de la veterana actriz rumana Elina Löwensohn, popular en los años 90 gracias a películas como "La Lista de Schindler" (Steven Spielberg, 1993) o "Nadja" (Michael Almereyda, 1994 ).

¿Qué es?

"Free Fire" (Ben Whatley, 2016) + "Kill Bill" (Quentin Tarantino, 2003) + "Amer" (Cattet y Forzani, 2009).

¿Qué ofrece?

Con sus dos anteriores largometrajes, Hélène Cattet y Bruno Forzani ya nos habían demostrado que, como creadores de imágenes sofisticadas, de espíritu casi erótico, había pocos directores en el mundo con su talento. La duda, para muchos, era saber si su radical estilo podría algún día ponerse al servicio de un guión más narrativo. Tanto en "Amer" como en "El extraño color de las lágrimas de tu cuerpo", la estética derrotaba siempre el relato, que era tan sólo un esqueleto sobre el que construir fragmentos audiovisuales de un preciosismo impactante. Algunos consideraban a Cattet y Forzani preciosistas del vacío, y los criticaban por haber importado al cine las formas más burdas de la posmodernidad, como si se pudieran hacer películas con el estilo de un anuncio de perfume. Cabe decir que, lejos de los circuitos comerciales y de los premios, los dos directores se habían ganado el favor incuestionable de una legión de seguidores amantes de la ruptura y de la transgresión. 

En "Laisser bronzer las cadavres", Cattet y Forzani, lejos de instaurarse en la autocomplacencia, afrontan el reto de ofrecer una película más narrativa sin renunciar a su estilo. El resultado es tan irregular como estimulante pues la tensión constante entre relato y estética se convierte en una lucha interna realmente apasionante. No es muy habitual presenciar una película que lucha contra sí misma, que se autoimpone un reto y trata de superarlo sin traicionar sus principios. En realidad, más que una narración al uso, el filme abre en canal un motivo tan cinematográfico como el del tiroteo para expandirlo en el tiempo, desmenuzarlo en mil pedazos y tratar de articular a su alrededor una historia. 

El resultado es cercano al que podíamos esperar: por un lado tenemos un relato inconsistente en el que incluso a veces cuesta no perderse, y es que la imágenes de Cattet y Forzani no están pensadas para responder en todo momento al qué, al quién, al dónde, al cuándo y al por qué; por el otro, tenemos de nuevo una obra sinestésica que excita los sentidos y regala experiencias muy poco habituales en una sala de cine. Probablemente los directores suspenden su propio examen, pero de este suspenso sale una joya única que huye de la gratificación obvia para instalarse en la maravillosa irregularidad del cine de culto.


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