Crónica Sitges 2016: "Salt and Fire" Werner Herzog en erupción latente

Autor: Joan Sala Fuente: Filmin

Crónica Sitges 2016: "Salt and Fire" Werner Herzog en erupción latente

No fue en Berlín, tampoco en Cannes ni como era de esperar, en Venecia. Finalmente será en Sitges donde podremos disfrutar del último trabajo de Werner Herzog. Tras ser mundialmente estrenada en el reciente Festival de Toronto, "Salt and Fire" se presenta bajo la vitola de un thriller que mezclando drama y romance, tiene de fondo la posibilidad de un desastre ecológico a causa de la erupción de un super-volcán ubicado en Bolivia. Caliente, caliente.

¿De qué va?

Las Naciones Unidas han encargado a Laura y a Fabio que investiguen unas extrañas malformaciones geológicas. Sin embargo, nada más aterrizar, son secuestrados por un empresario.

¿Quién está detrás?

Después de sorprender a propios y extraños en su versión más clásica y accesible con "La Reina del Desierto" (película que clausuró la última edición del Atlántida Film Fest), el director de "Fitzcarraldo" Werner Herzog sigue la senda melodramática, aunque igualmente aventurera, con "Salt and Fire". Una prueba más de la innata capacidad que el director alemán para contagiar el entusiasmo que le despierta aquello que filma, con su aire de aventurero de otros tiempos que reúne a los niños alrededor de una fogata para contarles historias extraordinarias.

¿Quién sale?

El siempre agradecido protagonismo de Michael Shannon así como la participación como secundario de lujo de Gael García Bernal ejercen de ilustres escuderos al personaje principal interpretado por Veronica Ferres, actriz alemana que ganó en popularidad internacional con el papel como Sra. Thénardier junto a Gérard Depardieu en la tv-movie "Les Misérables". También participó con un papel protagonista en la película "Schtonk", nominada al Oscar cómo mejor película extranjera por parte de Alemania en 1992. También participó junto a Willem Dafoe y Jeff Goldblum en "Adam Resurrected" (2007) de Paul Schrader.



¿Qué es?

La versión accesible y melodramática de "Fata Morgana".

¿Qué ofrece?

A lo largo de su carrera, Werner Herzog ha compaginado las películas de ficción con una pasión por el documental que le ha llevado a los mas diversos rincones del mundo. Desde la Antártida en ese bello y loco "Encuentros en el fin del mundo", pasando por la Alaska de "Grizzlie Man" o el Laos post Vietnam de "El pequeño Dieter necesita volar". De la selva Amazónica de "Aguirre, la colera de Dios" o "Fitzcarraldo," al desierto africano de "Cobra Verda." El suyo es un cine que no distingue nunca la ficción del documental. En su obra, ambas vertientes se funden formando una sola, tal y como también pasa con su nueva "Salt and Fire". Sin embargo, con el paso de los años, y a juzgar por sus dos últimas películas, parece que Werner Herzog deja de lado su espíritu más salvajemente aventurero para abrazar de lleno el registro más académico y definitivamente melodramático, igualmente aventurero sí, pero desde un carácter mucho más sensible y tierno. Tanto "La Reina del Desierto" como sobre todo "Salt and Fire", profundizan mucho más en el registro dramático, incluso romántico, que la esencia visceral y primitiva con la que en su momento construyó títulos emblemáticos como es el caso de "Aguirre" o "Fitzcarraldo". Rodada en Bolivia, la nueva película de Herzog se presenta como eco-thriller melodramático que una vez más ahonda en el complejo vínculo entre la humanidad y la naturaleza, aunque en este caso lo haga hilvanando un sugestivo juego de perspectivas con las que hoy día es posible abordar una catástrofe natural. No es hasta su desenlace, que uno se da cuenta que "Salt and Fire" es ante todo un juego al que Herzog directamente invita a participar al espectador. La sensibilidad humana, la solidaridad y empatía frente a los datos y la estadística. Dos vertientes muy diferentes con las que definir las posibles consecuencias de un desastre natural. Dos posicionamientos opuestos que Herzog confronta en esta suerte de moraleja aventurera que a pesar de comenzar titubeante, según avanza en su metraje, crece paulatinamente. Y lo hace hasta desembocar en su tramo final en la erupción de aquellos rasgos principales que encumbran el distintivo cine de Werner Herzog: el de un discurso revelador transmitido con un esquinado e inspirado humor.


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