Crónica Sitges 2016: "La autopsia de Jane Doe" más allá de la morgue

Autor: Joan Sala Fuente: Filmin

Crónica Sitges 2016: "La autopsia de Jane Doe" más allá de la morgue

Tras impactar al público de la sección Midnight Madness del Festival de Toronto y lograr el premio a la Mejor Película de Terror en el Fantastic Fest de Austin, "La Autopsia de Jane Doe" llega al festival de Sitges con la vitola de favorita a brillar con luz propia en el palmarés final. Tener al director de ese fenómeno de Sitges 2011 que resultó ser "Trollhunter" tras la cámara y Brian Cox y Emile Hirsch ante ella, dan buena fe de ello. Y encima, sin salir de la morgue.

¿De qué va?

Tommy y Austin Tilden regentan una morgue y un crematorio en Virginia. Un día, el sheriff local les entrega un cadáver, al que han apodado Jane Doe y que fue encontrado en un sótano. Pronto, padre e hijo descubrirán que el nuevo encargo no es mera rutina y que, aunque por fuera el cuerpo está intacto, el interior de Jane Doe ha sido violentamente trasteado, víctima, quizá, de una terrible fuerza ritual.

¿Quién está detrás?

Andre Øvredal, director noruego de “Trollhunter”, uno de los mejores mockumentarys visto en muchos años, película de culto que causó una enorme conmoción en Sundance y que dará lugar a un remake de Hollywood

¿Quién sale?

Padre e hijo emanando ante todo familiaridad. Con el permiso del verdadero protagonista de la función que resulta ser el cadáver de Jane Done, la presencia y sobriedad de un estoico Brian Cox así como la espontaneidad con la que Emile Hirsch inspira ingenuidad se hacen amos y señores de la escena.



¿Qué es?

"CSI" + "La Bruja" (sin salir de la morgue)

¿Qué ofrece?

Lejos de la experimentación genérica con la que Andre Øvredal concebió su reveladora ópera prima a modo de falso documental, para su segunda película el director noruego se adentra en la tradición del género rey como ficción, y lo hace articulando en este caso una exquisita pieza de cámara que bascula sobre elementos mínimos y un espacio único: una morgue detalladamente escenificada y excepcionalmente fotografiada, un padre y un hijo genialmente interpretados por unos Emile Hirsch y Brian Cox que rebosan flow y un cadáver que no tarda en erigirse como el verdadero protagonista de la función, resultan materia más que suficiente para que la certera cámara del responsable de "Trollhunter" y la eficacia con la que plasma el conocimiento que demuestra tener de todos los recursos del género de horror (tanto a nivel dirección como de guión) hagan de "La autopsia de Jane Doe" una muestra de género que se siente tan genuina en su concepción como metódica en su plasmación. Lo que empieza como un capítulo de "CSI", como lo que parece la sugestiva investigación de un crimen sin resolver a través de la precisa anatomía y disección de la correspondiente víctima, no tarda en abrazar la dimensión sobrenatural. Y es precisamente sobre este punto de inflexión que uno se imagina como hubiera sido la película si se hubiera regido por la senda del thriller criminal y no hubiera abrazado el registro fantástico como en este caso lo hace. Lo mismo da, más que nada porque "La autopsia de Jane Doe" también triunfa a todos los niveles como muestra de terror. Tan elegante a nivel formal como despiadada y retorcida en su desarrollo argumental, y no tan lejos del aplastante éxito que merecidamente ha tenido entre los fans del género "No Respires" (ambas son piezas de cámara ubicadas en una única localización que atesoran un manejo tan preciso como prácticamente perfecto de los tiempos, incluso de los golpes de efecto) la segunda película de Andre Øvredal está llamada ocupar su debido lugar entre las películas de terror más audaces del actual año.


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