Crónica Sevilla 2019: "Atlantis" después de la guerra

Autor: Joan Sala Fuente: Filmin

Crónica Sevilla 2019: "Atlantis" después de la guerra

Fue una de las propuestas más interesantes y potentes de cuantas hemos pudimos descubrir este año en la emergente sección Orizzonti del último Festival de Venecia donde, precisamente, "Atlantis" se hizo de forma inapelable con el premio a mejor película. De ella empezamos por destacar que supone el impactante debut en el cine del productor de "The Tribe", también que es algo así como si Loznitsa Antonioni rodaran a cuatro manos su propio "Mad Max". Una obra imponente y precisa, intrínsecamente postapocalíptica, que más allá de deshumanización, nos habla de desintegración.

¿De qué va?

En un distópico futuro cercano, un excombatiente con estrés postraumático vive en un entorno ruinoso, aún minado e inhabitable por los estragos climáticos: el Chernobyl que deja atrás la guerra. Cuando le despiden, descubre una inesperada manera de lidiar con esta realidad: unirse a los Tulipanes Negros, una misión dedicada a exhumar cuerpos de entre las ruinas. Ahí conoce a la arqueóloga Katya; quizás un futuro sea posible, quizás pueda volver a vivir en su pellejo. 

¿Quién está detrás?

"Atlantis" supone el debut en la dirección del productor de "The Tribe", Valentyn Vasyanovych.

¿Quién sale?

Los actores debutantes, no profesionales, Andriy Rymaruk, Liudmyla Bileka y Vasyl Antoniak

¿Qué es?

Algo así como si Loznitsa y Antonioni rodaran a cuatro manos su propio "Mad Max".

¿Qué ofrece?

Neorrealismo futurista ucraniano. Así es como de buenas a primeras podríamos definir la propuesta más interesante y potente de cuantas hemos pudimos descubrir este año en la emergente sección Orizzonti del último Festival de Venecia donde, precisamente, "Atlantis" se hizo con el premio a mejor película. El debut en la dirección del productor de "The Tribe" nos traslada al Este de Ucrania en un futuro cercano. Una Ucrania eminentemente postapocalíptica y devastada por los efectos de una cruenta guerra. Es en esta suerte de lugar en ninguna parte, donde toda aparente señal de vida de nuestra madre naturaleza parece del todo difuminada, donde seguimos los pasos de Sergey, un ex-soldado que sufre de Síndrome Postraumático y que tiene problemas para adaptarse a su nueva realidad hasta que encuentra una inesperada forma de superar su tristeza uniéndose a un grupo activistas dedicado a exhumar los cadáveres que la guerra ha dejado tras de sí. Es precisamente en este contexto, entre ruinas, óxido, ocre, y esqueletos descompuestos, a camino entre los universos de Loznitsa y Antonioni, que el debutante Valentyn Vasyanovych ensambla con precisión de bisturí su poderoso y pasmoso debut. Y lo hace sin renunciar en ningún momento al halo poético, a profundizar en el universo íntimo de unos personajes cuya existencia a nivel social ha sido volatilizada y sobre todo, en la catástrofe ecológica que conlleva el enfrentamiento bélico. En efecto, hablamos de una propuesta de gran impacto visual, pero también espiritual, que se ensambla a través de una imponente serie de planos secuencia, principalmente estáticos, aunque dos de ellos, precisamente dos de los mas memorables, en movimiento, para descubrirnos uno de esos tesoros inesperados que cada año nos descubre la sección oficial del Festival de Sevilla. 


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