Crónica Sevilla 2019: "Abou Leila" caza al terrorista

Autor: Elodie Mellado

Crónica Sevilla 2019: "Abou Leila" caza al terrorista

Contaba el director de "Abou Leila" durante su presentación en Sevilla que, llegó un punto del rodaje en el que no tenían claro si la película llegaría a ver la luz algún día debido sus problemas con la financiación y lo arriesgada de su propuesta. Nada más lejos de la realidad, tras debutar en toda una Semana de la Crítica en el Festival de Cannes, el director argelino Amin Sidi-Boumédine llega a España para tener su estreno en el marco de Las Nuevas Olas del Festival de Sevilla.

¿De qué va?

En la Argelia de 1994, acribillada por los atentados terroristas, dos hombres parten hacia un viaje por el desierto en busca del autor de uno de esos ataques. Se llama Abou Leila, y el atribulado S. está seguro de poder encontrarle. Su amigo de la infancia Lofti le secunda, aliviado también con la idea de sacar a S. de la ciudad. Pero todo se va volviendo cada vez más extraño en su viaje, la realidad va cediendo poco a poco.

¿Quién está detrás?

Una jovencísima nueva promesa del cine argelino y francés, Amin Sidi-Boumédine, que tras ir abriendo boca en el circuito festivalero con sus cortometrajes previos, algunos de ellos seleccionados en certámenes Clermont-Ferrand, se presenta ante el mundo con "Abou Leila", una de las más gratas sorpresa que nos dejó la Semana de la Crítica de la pasada edición de Cannes. Ahora, el futuro es suyo.

¿Quién sale?

El también debutante Slimane Benouari es el encargado de dar vida al atribulado protagonista mientras comienza un descenso a los infiernos que le llevará al más desolado desierto de Argelia, Le acompañan otros nombres de más experiencia como Lyès Salem, que también es director de cine y consiguó una nominación al César con su película "Mascarades" y que Argelia la eligiera como su representante a los Oscar.

¿Qué es?

La Guerra de Argelia a golpe de Ayahuasca.

¿Qué ofrece?

En la cultura árabe, el djinn, lo que nosotros consideramos muy simplemente como "el genio de la lámpara", es en realidad un espíritu ambiguo que puede, o bien conceder deseos a aquellos que acuden en su ayuda o también poseerlos de una forma muy similar a cómo se entienden en occidente algunos poderes del demonio. Habitualmente, este tipo de supersticiones en el presente se relacionan con enfermedades mentales como la psicosis o la esquizofrenia, y han dado pie a un buen número de películas de género que juegan precisamente con el poder sugestivo de nuestra mente y, por tanto, de la imagen. El cine se convierte pues en una especie de filtro por el que ver a través de los ojos del protagonista, allá donde realidad y alucinación pueden cohabitar como un solo ente que poseído por la propia imagen. A este delirante juego de perspectivas y realidades es al que nos arroja el primerizo Amin Sidi-Boumédine, que a través de códigos prestados del cine de terror más psicológico y desquiciante, arma una propuesta visualmente impactante, formalmente poderosa, a través de la cual incurre en una sugerente dimensión política, una que nos lleva por la cruenta historia de Argelia, en las que se suceden demoledoras guerras civiles y atentados terroristas de diferentes grupos radicales donde fueron los civiles los que cargaron con sus más funestas consecuencias. Este es el caso de los protagonistas, dos hombres ávidos de venganza que parten para enfrentarse a uno de estos villanos sin saber que, en este mismo viaje, descubrirán que no hay mayor enemigo para si mismos que ellos mismos. Ellos son los catalizadores de esa misma violencia extrema por la que han sido azotados por enfrentamiento entre las fuerzas del estado y los rebeldes. Y es bajo este prisma, bajo esta alucinada perspectiva, que la cámara de Amin Sidi-Boumédine nos regala algunos de los paisajes más espectaculares del país africano, teñidos por el naranja crepuscular de un sol que cae para dar paso a una noche plagada de demonios y pesadillas. Los protagonistas a merced de sus mayores temores, unos acentuados por un montaje desatado que difumina aún más las barreras entre lo real, lo onírico y lo psicótico. Un debut imponente, tanto en forma como contenido, que funciona como inmejorable carta de presentación de cara al futuro de su director. Y es que su cine no entiende de barreras, lo suyo es romperlas. Demostrado queda.


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