Crónica Sevilla 2018: "Touch me not" ensayo sobre el cuerpo

Autor: Elodie Mellado

Crónica Sevilla 2018: "Touch me not" ensayo sobre el cuerpo

¿Ficción¿ ¿Documental? ¿Un experimento social sobre nuestra percepción y conexión entre cuerpo y alma? “Touch me not” es una pieza tan inclasificable que sembró tal división entre la prensa que muchos no se creyeron que acabara por alzarse con el Oso de Oro en en el Festival de Berlín. Ni la crítica ni su propia directora, la debutante Adina Pintille, que tras siete años de trabajo e investigación, nos ofrece un ensayo, una reflexión valiente y sin complejos como pocas veces el cine se ha atrevido a retratar sobre la sexualidad, el enigma de la atracción, el significado de la belleza o ese misterio que muchas veces suponen nuestros propios cuerpos.

¿De qué va?

Laura es una mujer madura incapaz de dejarse tocar y de disfrutar del sexo, que recurre a diversas y poco convencionales terapias. Su historia se cruza con la de otros cuerpos lejos de lo normativo: Tudor, obsesionado por su ex-pareja, y Christian, que a pesar de su atrofia de la espina dorsal, vive su sexualidad sin límites. Y la propia directora, a la vez gran hermano del conjunto y parte de él.

¿Quién está detrás?

Quizá una de las mayores sorprendidas de recibir el Oso de Oro de la pasada Berlinale no fuera otra que su propia directora, Adina Pintille. La debutante llevaba trabajando en “Touch Me Not” un total de siete largos años en un intento de poner en claro sus propias ideas sobre la sexualidad, la atracción, la belleza o ese misterio que suponen nuestros propios cuerpos. El resultado es inclasificable: ni documental ni ficción, tampoco experimento. Y mientras seguimos buscando una palabra en nuestra cabeza, quizá la definición más apropiada es que le dio el propio Tómas Lemarquis, uno de los protagonistas: “Touch Me Not es un animal extraño”.

¿Quién sale?

Actores profesionales y amateurs se funden en esta amalgama de personas y personajes donde las barreras de lo real y lo ficticio dejan de importar. Los cuerpos condenados por la norma al ostracismo son aquí los protagonistas absolutos, desnudos en el sentido más metafórico y literal de la palabra, ante la cámara incesante de Adina Pintille, que a través de sus propias carnes intenta descifrar el misterio de la atracción humana.


¿Qué es?

"Vivir y otras ficciones" + "Yes, we fuck" + "Transparent"

¿Qué ofrece?

La división que provocó “Touch me not” en su estreno en Berlín puede responder a motivos que van mucho más allá de la propia película, a un arraigo cultural y social que propugna la vergüenza por nuestros propios cuerpos, y por consecuencia, nos avoca a un desconocimiento brutal acerca de la fisicidad del otro. 'El otro', en este caso, son los cuerpos no normativos que la sociedad se ha empeñado en esconder, ya sea el de una persona de género fluido, con disfunción física, o simplemente una mujer en la etapa más madura de su vida. Tanto en el cine como en muchos ámbitos de la vida más pública, hemos evitado conscientemente los cuerpos que escapan de lo normativo. Quizá por ello “Touch me not”, más allá de si entras en su juego o no, es una obra valiente y única, que te atrapa con lo subversivo de su discurso: en cuerpo y también en alma.

Cuesta mucho creer que tras siglos de arte y pensamiento, este ámbito de nuestras vidas siga siendo el gran desconocido, tal y como menciona uno de los personajes al mirarse al espejo: “Vivo conmigo pero no me conozco”. Con esta misma duda en su interior, la directora partió en un viaje cinematográfico que ha acabado cristalizando en este arriesgado intento de descubrirse a sí misma y a aquellos que la rodean. Esta introspección de la que parte la película queda bien latente a lo largo del metraje, donde la visión y presencia de la cineasta también tiene forma física, corpórea, aunque siempre intente ocultarse tras el dispositivo metacinematográfico. Lo que podría entenderse como un acto de egolatría no es más que la necesidad de adherirse a ese grupo de personas y personajes que retrata la galardonada obra de Pintille. Todo está tan difuminado en “Touch me not” que nunca podemos llegar a discernir sus límites, como si la propia obra no se sintiera parte de su propio cuerpo. ¿Soy ficción, soy realidad? ¿Por qué una cosa u otra? ¿Por qué definirse, ajustarse a la norma? Quizá “Touch me not” parte de una pregunta, pero cuando suenan los compases finales se abren muchísimas más en nuestra cabeza. Al menos los protagonistas han podido liberarse, en una última catarsis en la que Laura Benson se dedica un baile al desnudo ante la cámara para el recuerdo.


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