Crónica Sevilla 2016: "Ma Loute" el gran carnaval

Autor: Joan Sala Fuente: Filmin

Crónica Sevilla 2016: "Ma Loute" el gran carnaval

Con la desbordante y despampanante “Ma Loute”, Bruno Dumont vuelve a profundizar en los recovecos más profundos y oscuros del alma humana sí, aunque en este caso lo hace desde el registro cómico más estrambótico y extremo, brindando un homenaje por todo lo alto al slapstick del cine mudo (con mención especial para el Gordo y el Flaco) y al más audaz humor absurdo.

¿De qué va?

"Ma Loute" nos lleva a la Normandía del siglo XX, concretamente del año 1910, a una ciudad balneario del Paso de Calais, en donde dos familias completamente opuestas se encuentran en el corazón de misteriosas desapariciones que son investigadas por los inspectores infames, Machin y Malfon.

¿Quién está detrás?

La productora mexicana Mantarraya Films ha llevado a México una serie de películas reconocidas a nivel internacional, obras de los directores que están marcando el ritmo en el panorama cinematográfico actual. El pasado año anunciaba "Valley of love", un drama de Guillaume Nicloux interpretado por Isabelle Huppert y Gérard Depardieu que compitió en Sección Oficial del Festival de Cannes 2015, de igual forma que este año lo ha hecho con "Ma Loute" del francés Bruno Dumont, quien da continuidad al giro hacia la tragicomedia más demente que nos ofreció con su exitosa incursión en la serie de televisión que resultó su anterior e inspiradísima "P'tit Quinquin". Hablamos de un director tremendamente visceral y personal, cuya obra se ha caracterizado siempre por la obscenidad, la austeridad y fisicidad que ha elevado su cine a una dimensión mucho más austera, dramática y filosófica. Inmejorable prueba de ello son "La vida de Jesús" o "La Humanidad".



¿Quién sale?

Juliette Binoche, Valeria Bruni-Tedeschi y Fabrice Luchini parodiándose a si mismos desde la más absoluta estridencia y la gestualidad extrema.

¿Qué ofrece?

Sus dos abrumadoras secuencias iniciales funcionan como la perfecta síntesis del giro de 180º en el que Bruno Dumont confirma haberse embarcado desde “P’tit Quinquin”. Por un lado, “Ma Loute” supone la confirmación de que su mirada apunta ahora hacia la tragicomedia más burlesca y descerebrada. Por el otro, el significativo cambio que imprime en su tratamiento a nivel formal. De la aspereza y crudeza con la que texturizaba sus imágenes pasamos a la elegante definición, tan pulcra y nitida como saturada, con la que 'pinta' su nueva película. De trabajar siempre con actores no profesionales ha emplear estrellas de renombre (algo que lleva haciendo desde "Camille Claudel 1915" para la que ya contó con Juliette Binoche). Y en medio de todo ello, la gran novedad nos la brinda el hecho que por vez primera hace acto de presencia la clase alta acomodada y por defecto, la lucha de clases.

Y es que el suyo ha sido siempre un cine sin máscaras poblado por antihéroes, gente común, generalmente encarnados por rostros imperfectos, cuerpos extraños, lacerados o ligeramente malformados, seres incapaces de controlar su destino que, en algún momento, enfrentan situaciones que los rebasan a medida que la desolación, el desamparo y la impotencia se instala en sus vidas. Característica insondable de su cine que en este caso también se aplica en "Ma Loute". Porque a la vez que se nos presenta una pintoresca e incestuosa familia burguesa singularizada desde la estupidez extrema, también tenemos su correspondiente antagonista en forma de una familia pobre y bizarra que se dedica a la pesca de mejillones (entre otras cosas) a su vez que sigue un particularísimo régimen alimenticio gracias al que sobrevive. Una caricaturesca lucha de clases a la que acecha una serie de abruptas desapariciones, también una esquinada historia de amor iniciático o incluso inesperadas fugas metafísicas. Pero ante todo, destacar que en “Ma Loute”, muy a pesar de todas las novedades que presenta, su protagonista principal vuelve a ser, como mandan los cánones sobre los que se construye la imprescindible obra de su padre y autor, el paisaje o mejor dicho, la forma epatante con la que éste envuelve a sus personajes. Hablamos de una obra excesiva y surrealista en todos los sentidos, tanto es así que inevitablemente, puede provocar también agotamiento y extenuación en el espectador. Una propuesta definitivamente valiente y arriesgada, rebosante de contrastes, que se siente tan grotesca y desmadrada como sublimemente hermosa. Menuda es. Unica en su especie.





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