Crónica Gijón 2019: "Vitalina Varela" la larga espera

Autor: Manel Domínguez Fuente: Filmin

Crónica Gijón 2019: "Vitalina Varela" la larga espera

Tras ganar el Leopardo de Oro a la Mejor Película en el último Festival de Locarno y ser encumbrada como una de las propuestas más estimulantes allá por donde pasa (el film también arrasó en Toronto y Mar del Plata), Pedro Costa trae a Gijón su "Vitalina Varela", un clarísimo y digno homenaje a la enorme actriz con el mismo nombre (y también premiada en el festival suizo) que narra con dignidad las penurias por las que pasa el personaje tras la muerte de su marido, con quien ansiaba un feliz reencuentro tras una separación de más de 25 años. A continuación, nos aventuramos a analizar esta inasible y complejísima obra maestra del cineasta portugués.

¿De qué va?

Vitalina Varela es una mujer de 55 años procedente de Cabo Verde que llega a Lisboa tres días después de celebrar el funeral de su marido. Ha estado esperando este momento durante más de 25 años.

¿Quién está detrás?

Pedro Costa no solo resultó ser el Mejor Director del Festival de Locarno 2014 con su penúltimo y magnífico film, "Caballo Dinero", sino que este mismo año también se hizo con el premio gordo, el Pardo de Oro, con la magistral "Vitalina Varela". Hablamos de una de las figuras más representativas y personales del cine de resistencia contemporáneo. Sus películas conforman un poderoso universo fílmico que combina la creencia fanática de Straub y Huillet por capturar la realidad material con una búsqueda menos corporal de la esencia espiritual que se encuentra en algunas obras de cámara de Tourneur, mismamente Dreyer o incluso John Ford. Dedicar su merecido tiempo a descubrir "En el cuarto de Vanda" es la mejor forma posible de palparlo. Y es que hablamos de un punky del cine que sabe como nadie lo que significa tener mucha calle, pero ante todo arte. Costa mismo describe lo que crea como "una puerta cerrada que nos deja adivinando". Así ha sido, así seguimos. Adivinando lo divino entre espectros, susurros y claroscuros. A cal y canto.

¿Quién sale?

El film sigue la estela de Vitalina Varela y Ventura, figuras fundamentales para comprender la filmografía de Pedro Costa. El premio a Mejor Actriz otorgado a la propia Vitalina en el pasado Festival de Locarno es, en resumidas cuentas, un insobornable acto de justicia poética.

¿Qué es?

Costa sigue indagando en el microuniverso decadente del barrio de las Fontainhas deLisboa, otorgándonos una suerte de "noir" ilusorio (con imágenes que evocan a la pintura del mismísimo Caravaggio) que se transforma en una carta de amor manifiesta a sus magníficos y adorados actores. 

¿Qué ofrece?

"Nacimos de esas sombras", señala el personaje interpretado por Ventura (aunque quizás esta palabreja no se adscriba cómodamente al universo que propone Costa) a Vitalina Varela en un momento determinado del film, en el que ambos personajes se desnudan emocionalmente el uno delante del otro. Esta locución, que tan lapidaria resuena, determina a la perfección la garra que emerge de esta nueva obra maestra del portugués. El cineasta emprende una tortuosa senda cuyo preludio se halla en los rincones más sombrios e invisibles del encuadre pero que, no obstante atesora su amor y acento en la resplandeciente luz destinada hacia las facciones decimonónicas y esqueléticas de sus protagonistas. 

Un drama cuya propuesta formal podría definirse a sí misma como una especie de "barroquismo sereno", pues es en su prominente claroscuro donde el cineasta acoge el drama y decoro de sus personajes, arrojando luz a unos rostros que flotan dentro de los atávicos dominios de las tinieblas. Un preciso y medido primitivismo formal que apoya toda su fibra en la autarquía del plano y la circularidad que dibujan las sombras (ademán que el mismo Murnau, aplaudiría). Una puesta en escena que Costa pone a punto gracias a la tecnología digital. En un gesto plenamente voluntario de invocación fantasmagórica de ese academicismo primitivo (tan ajado a raíz de las teorías de Burch), Costa filma una película cuyas imágenes se encuentran pobladas de idas y venidas en el mismo plano, de las sombras a la luz, como si el cineasta quisiera poner de manifiesto la naturaleza espectral del artefacto que construye. 




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