Crónica Gijón 2019: "Las vidas de Marona" volver a creer

Autor: Filmin

Crónica Gijón 2019: "Las vidas de Marona" volver a creer

Tuvo su estreno en Annecy y arrasó en el Festival de Bucheon, uno de los más prestigiosos certámenes de animación en Asia que la coronó con el Premio del Público y Mejor Película. Ahora, mientras espera su posible nominación al Oscar, en España, Gijón arropa a la pequeña Marona en una fantástica previa a su estreno en 2020 en salas de la mano de Pack Magic. Un cuento de desbordante imaginación y recursos visuales que nos cuenta la historia de una perrita y su deseo de encontrar su lugar en el mundo.

¿De qué va?

Esta es la historia de una perrita que recuerda los distintos amos que ha tenido a lo largo de su vida y a los que ha querido incondicionalmente, llenando de inocencia y luz todos los hogares donde ha vivido.

¿Quién está detrás?

Anca Damian ha sido una artista inquieta casi desde los primeros compases de su carrera:  entre el cine documental y de ficción y la imagen real y la animación, la directora rumana afincada en Francia ha demostrado saber moverse en múltiples registros, dando la absoluta sorpresa en “Las vidas de Marona” quizá su película de animación más elaborada y compleja hasta la fecha gracias al despliegue de recursos que muestra en cada escena. En Filmin contamos con su anterior largometraje de animación, "Crulic", el relato del encarcelamiento injusto de Claudiu Crulic en Rumania.

¿Qué es?

Una de las grandes películas de animación europea que veremos este año.

¿Qué ofrece?

Si el cine es mirar por una ventana donde todo lo imaginado es posible, quizá en la animación se encuentre la forma más libre e inabarcable de todas ellas. Entrar en su mundo supone abandonar todas nuestras ideas sobre las físicas que rigen el universo conocido, sobre nuestros propios cuerpos, y entregarnos a percepciones totalmente ajenas a las estrictas y rígidas reglas que construyen la realidad. Esta es una de las más acentuadas sensaciones que nacen en nosotros cuando nos enfrentamos a una propuesta tan visualmente rica y formalmente desbordante como es “Las vidas de Marona”, que nos brinda la oportunidad única de visualizar el mundo a través de los ojos de nuestros mejores amigos: los perros. 

Si se supone que los perros ven en blanco y negro, el mundo que ve Marona es uno lleno de colores y formas, donde los cuerpos de los personajes van en sintonía con sus personalidades e incluso sus estados de ánimo, como uno de los primeros humanos con el que la perrita tiene a bien encontrarse, el contorsionista, un personaje que huye de cualquier estatismo y, literalmente, jamás puede quedarse quieto. Todas las fibras de su cuerpo, de su ropa, se mueven en una perfecta armonía que hacen de todas sus escenas una sinfonía visual en la que perderse y enredarse. Uno de los aciertos de Anca Damian es precisamente fragmentar esta fantástica historia en personajes, a veces diametralmente opuestos, que le permiten jugar con los límites de la animación y embarcarse en un relato de recursos infinitos que nunca llegan a agotarnos precisamente por este dinamismo a la hora de abordar diferentes estilos. Del escurridizo contorsionista pasamos al ordenado arquitecto, que en un juego deliciosamente meta despoja de todo contenido los planos para ordenarlos mediante líneas de fuga y vectores que lo acaban convirtiendo en un dibujo técnico. Además, en un ejercicio ejemplar de fusión, la animación 2D y 3D se entregan a un coqueteo constante donde los personajes permanecen en los plásticos límites de la primera mientras los escenarios aprovechan la profundidad que otorga la segunda. Me resultó muy curioso comprobar que, los únicos personajes diseñados en 3D son todos aquellos humanos que Marona identifica como villanos, donde además se ha elegido un color neutro y plano para retratarles, despojándoles también de rostros, en toda una declaración de intenciones en cuanto a las posibilidades de una técnica u otra. "Las vidas de Marona" se convierte así en un festín para los sentidos que, además, no pierde la oportunidad de dejarnos un poso de amor incondicional para esta perrita que, a pesar de los desengaños que puede a veces darnos el mundo, continúa creyendo hasta encontrar su lugar.


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