Crónica Gijón 2019: "Ham on Rye" sueño adolescente de una noche de verano

Autor: Elodie Mellado

Crónica Gijón 2019: "Ham on Rye" sueño adolescente de una noche de verano

El debutante Tyler Taormina se destapa con "Ham on Rye", reformulación del mito de la adolescencia en clave onírica que nos devuelve a la estética vaporosa de las series de televisión teen de aquellos maravillosos noventa. Nostalgia doliente en una película que ya ha dado la vuelta al mundo y que bien podría ser el resultado de que el David Robert Mitchell  de "El mito de la adolescencia" dirigiera un cruce lynchiano entre "Slacker" y "Picnic en Hanging Rock". Fue fenómeno en Locarno, le toca serlo en Gijón.

¿De qué va?

Un extraño ritual de crecimiento en la tienda de delicatessen local determina el destino de una generación de adolescentes, llevando a algunos a escapar de su ciudad suburbana y condenando a otros a permanecer en ella.

¿Quién está detrás?

Tras una formación iniciática en una productora estadounidense especializada en ficción televisiva de corte teen, los siguientes pasos de Tyler Taormina no podían andar muy alejados del nido. Y así se ha cumplido en su primer largometraje de ficción, "Ham on Rye", donde regresa al universo adolescente de la noche de paso con una delicatessen formalmente exquisita que toma como referente estético los grandes clásicos de la televisión norteamericana más juvenil.

¿Quién sale? 

Tal y como hizo Richard Linklater para su "Slacker", la gran mayoría de actores que desfilan por la película son amateurs y este será su primer crédito en IMDb, a excepción de Haley Bodell, que ya había participado en el anterior corto del director, "Wild Flies", así como la serie de televisión "Suburban Legends".

¿Qué es?

El "Slacker" de Richard Linklater + el aura onírica del David Robert Mitchell más influenciado por David Lynch con guiños a "Picnic en Hanging Rock".

¿Qué ofrece?

¿Qué tendrán las noches adolescentes de verano en los suburbios de la norteamérica más ensoñada? ¿Qué tendrán los bailes de fin de curso, ese magnífico encapsulador del rito de paso estadounidense por excelencia? Desde George Lucas con su "American Graffiti" a David Robert Mitchell con “El mito de la adolescencia” muchos directores han caído rendidos ante la fuerza inconmensurable de la naturaleza que se conjuga en estas noches donde  los niños se convierten en adultos cuando despunta el amanecer.

Este es el camino que también toma Tyler Taromina en “Ham on Rye”, una delicada y esteta aproximación al mito de la adolescencia estadounidense a través de un filtro noventero que nos devuelve a las series de ficción teen tales como "Aquellos maravillosos años". Por aquel entonces asimilábamos y creíamos como cierto que, en América, todas las casas tienen jardín y que el baile de fin de curso es el evento más importante en la vida de cualquier adolescente. Es lo que Taromina demuestra tener claro a la hora de tomar el testigo narrativo de otro gran explorador de la adolescencia como es Richard Linklater para adoptar fórmulas similares a las que este utilizó en “Slacker” o “Dazed and Confused” pero otorgándoles, asimismo, una subversión onírica y elusiva que también le acerca al universo del David Lynch de “Terciopelo Azul” o el mismo Robert Mitchell de “El mito de la adolescencia”. Y es que tras la cortina de seda desde la cual parece ocultarse la vida adulta es donde se esconde una realidad bien alejada de la ensoñación más idealizada, como bien descubrió la "Lady Bird" de Greta Gerwig, anclada también en la periferia y deseando volar hasta la capital, donde nacen las verdaderas oportunidades. Los ritos, los códigos ancestrales y los más recurrentes arquetipos no se dan cita en ese epicentro de la coming of age, ahora ubicado no en el gimnasio del instituto, si no en una excéntrica tienda Delicatessen. Ellos vendrían a ser los perdedores, los losers, personificados en la figura del nerd más cercano a los "Supersalidos" Mcloving o Seth, también las adolescentes dolientes (tres chicas que parecen haberse teletransportado de "Picnic en Hanging Rock") o el grupo de los stoned, los macarras con coche que sacan más humo por los pulmones que por sus tubos de escape. Todos ellos congregados, listos para un bizarro ritual de apareamiento donde solo aquellos elegidos podrán cruzar el velado umbral. Y entre ellos, Taormina, que en un profundo ejercicio de nostalgia nos recuerda lo difícil que es abandonar la infancia en lo que dura un verano. Una mañana, uno despierta, y ya es adulto. 


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