Crónica Gijón 2019: "Blanco en Blanco" fotomatones

Autor: Joan Sala Fuente: Filmin

Crónica Gijón 2019: "Blanco en Blanco" fotomatones

Fue una de las grandes sensaciones del pasado Festival de Venecia. El director hispano-chileno, Théo Court se hacía con el Premio a Mejor Director y Premio Fipresci con su segunda película, la portentosa "Blanco en Blanco". Un western decimonónico, gótico, austero y antropológico que destapa el genocidio del pueblo indígena chileno. 

¿De qué va?

En el preludio del siglo XX, Pedro (Alfredo Castro) llega a Tierra del Fuego, un territorio hostil y violento, para fotografiar el matrimonio de un poderoso latifundista, Mr Porter. La futura esposa, apenas una niña, se convierte en su obsesión. Tratando de capturar su belleza, traiciona al poder que domina el territorio. Pero es descubierto.

¿Quién está detrás?

Su tesis de grado, "El Espino", participó en la Cinefondation de Cannes 2005, en 2008 recibió el fondo Hubert Bals para desarrollar el guión de su primer largo, "Ocaso", que estrenó en 2011 y ahora, prácticamente 10 años después, vuelve a escena con "Blanco en Blanco", película que se hizo con el Premio a Mejor Director en el reciente Festival de Venecia en el marco de Orizzonti. El hispano chileno Théo Court se confirma como una nueva pista a seguir.

¿Quién sale?

Ante todo, la siempre efectiva por inquietante y perversa presencia de uno de los mejores actores del cine latinoamericano: el chileno Alfredo Castro.

¿Qué es?

"La cumbre escarlata" + "Centauros del Desierto" + "Jauja"

¿Qué ofrece?

La Tierra del Fuego, el retrato de un matrimonio latifundista, un patrón al que siempre se le menciona pero nunca aparece, un fotógrafo siniestro (no podía ser de otra forma tratándose de Alfredo Castro), un amor prohibido, una obsesión perversa, y sobre todo, en su profundidad de campo, el genocidio del poblado indígena. El de Théo Court es un western elusivo y terrorífico con sugestivos ecos de "Centauros del Desierto", es también terror de tintes góticos, drama beckettiano, denuncia histórica y es, ante todo, una de las obras formalmente mas potentes y poderosas de cuantas nos descubrió la última Mostra de Venecia. Y es que difícilmente experimentaremos un trabajo de fotografía más cuidado y riguroso, tanto a la hora de jugar con la luz natural en los interiores, como a la hora de enmarcar sus excelsos exteriores. La pantalla grande es precisamente lo que hace, "Blanco en Blanco" aún más grande si cabe. De hecho, yace en su interior una reflexión acerca de la relación entre el empleo del arte y la masacre o para ser más precisos, entre empleo de la fotografía, de su belleza artística y estética, que bien puede servir de vehículo alienador y manipulador hasta desembocar en genocidio. Y es cuando le sacude a uno el escalofrío. El arte en sus estado más puro, pero ante todo en su estado más mezquino y perverso. En efecto, un blanco que en el fondo negro.




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