Crónica Gijón 2019: "A White, White Day" el amor es un plato que también se sirve frío

Autor: Joan Sala Fuente: Filmin

Crónica Gijón 2019: "A White, White Day" el amor es un plato que también se sirve frío

"A White, White Day" ha sido la primera película a competición en ser proyectada en el presente Festival de Gijón. Y ha sido precisamente su joven y emergente realizador, Hlynur Pálmason, quien no ha tardado en afirmar en rueda de prensa que "el cine islandés tiene muchas voces muy diversas e interesantes". Algo que basta con echar la mirada atrás a los últimos años para constatar que en efecto, el cine que nos viente proveniente del país mas gélido y remoto de Europa es ya un valor prácticamente seguro. 

Desde que allá por 2011 el Festival de San Sebastián nos descubriera entre sus Nuevos Directores la maravillosa "Either Way" (genuina road movie a la que David Gordon Green apenas tardó dos años en brindarle su estimable remake con "Prince Avalanche") la resonancia internacional de la cinematografía independiente islandesa no para de crecer. Títulos como la sorprendente "De Caballos y Hombres" o la entrañable, a su vez que guerrera, "La mujer de la montaña", ambas de Benedikt Erlingsson, la apreciada "Rams" de Grímur Hákonarson (vencedora de Un Certain Regard en el Festival de Cannes 2015), ese otro "Amour" que fue "Volcano" de Rúnar Rúnarsson (Mejor Director en Seminci 2011), la notable y peculiar "Sparrows", también de Rúnarsson, que se hizo merecidamente con la Concha de Oro en 2015 o mismamente la exquisita a su vez que sobrecogedora"Heartstone" (2016), nos llevan a no quitarle ojo. "A White, White Day" llega a Gijón teniendo la reciente nominación a Mejor Actor en los Premios del Cine Europeo como bandera.

¿De qué va?

En una remota ciudad islandesa, un jefe de policía retirado comienza a sospechar que un hombre tuvo un romance con su esposa, quien recientemente murió en un accidente automovilístico. Poco a poco, su obsesión por descubrir la verdad se acumula inevitablemente mientras comienza a ponerse en peligro a sí mismo y a sus seres queridos.

¿Quién está detrás?

Después de haber rodado tres cortos, el artista y cineasta visual islandés afincado en Copenhague, Hlynur Pálmason, contó con el trabajo de varios compañeros de la Escuela Danesa de Cine para su primer largo, un coproducción entre Dinamarca y su originaria Islandia que le valió cuatro premios premios mayores obtenidos en el Festival de Locarno 2017 (entre ellos el de Mejor Actor y el Europa Label Cinemas). "Winter Brothers" se erigía así en un imponente tour de force directorial principalmente rodado en unos 16 mm que son empleados a la forma de los 35 mm, que más allá de su tratamiento aversivo, es asimismo un regalo para todos los sentidos. Cine de fricción y colisión que transita la historia de dos hermanos, sus rutinas, sus hábitos y la violenta enemistad que estalla entre ellos bajo el marco de un entorno obrero hostil e inhóspito durante un helado invierno. 

¿Quién sale?

Protagonizada por Ingvar Eggert Sigurðsson ("Sparrows", "De Caballos y Hombres"), quien también ha colaborado en el guion. Hablamos del principal abanderado y estandarte del cine islandés contemporáneo, uno de esos actores de gran presencia y carisma que de por si mismos llenan el plano. Y es que no en vano, suyo fue el Premio a la Mejor Interpretación en la pasada Semana de la Crítica del Festival de Cannes, suya es también la nominación a Mejor Actor en los próximos Premios del Cine Europeo. Quien interpreta a su hija por su parte, no es otra que la propia hija del cineasta, Mekkin Hlynsdóttir. Todo queda en casa.

¿Qué es?

El arte de escenificar los sentimientos del amor, la pérdida y el duelo.

¿Qué ofrece?

“Cuando todo es tan blanco que ya no puedes distinguir entre el cielo y la tierra, la muerte habla con los vivos”. Es al frase que antecede a una de las secuencias introductorias más memorables que un servidor ha contemplado en los últimos tiempos. En ella asistimos a la construcción de una casa a su vez que se sobreponen el paso de las diferentes estaciones. Una escena inicial que se tardó dos años en rodar, ya que había que captar las diferentes estaciones, y que asimismo condensa gran parte de la esencia de esta poderosa película. Y no es tanto capturar el paso del tiempo, que también, cómo abrirnos la puerta a penetrar en el mundo interior del personaje principal dejando constancia que es otro universo que gira a su alrededor. Un universo al que pertenecía hasta que la tragedia sacudió su vida.

"A White, White Day" recrea un thriller que bien podría presentarse como una suerte de historia de fantasmas que reflexiona sobre el duelo, el sacrificio y el amor incondicional en el que un padre responsable, viudo y sheriff de una pequeña ciudad que ha estado dos años fuera de servicio desde la desaparición de su esposa, se obceca en encontrar a quien el cree principal sospechoso. 

En este sentido, para su segunda película Pálmason sigue misma senda, mismo camino, que su impactante ópera prima. Tanto a nivel formal (empleo de celuloide) como conceptual (el retrato del profeso de un amor, o la falta de él, en su estado más lacerante y crudo). Y es que, en efecto, el amor es un plato que también se sirve frío, algo de lo que en Islandia parecen saber mucho. En efecto, hablamos de un estudio áspero y taciturno del amor que en el caso de "A White, White Day" no lo limita únicamente a la familia tal y como fuera el caso de "Winter Brothers", sino que también su profeso en el prisma sentimental, tanto a nivel conyugal como entre amantes. Una dimensión mayor la que alcanza esta obra formalmente portentosa y precisa que más allá de su hermosa escena introductoria, nos deja otra secuencia para el recuerdo: el relato de un cuento de cama que bien podría haber sido concebida y relatada por todo un Chicho Ibáñez Serrador. Una historia para no dormir en el que la ternura, que la hay, no se encuentra en su habitat habitual. Toca escarbar y sobre todo, descongelar.




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