Crónica Gijón 2018: "La profesora de parvulario" sin amor al arte

Autor: Joan Sala Fuente: Filmin

Crónica Gijón 2018: "La profesora de parvulario" sin amor al arte

Presentada en Sección Oficial del presente Festival de Gijón, el remake que la estadounidense Sara Colangelo dedica a magistral "La profesora de parvulario" del israelí Nadav Lapid ejemplifica a la perfección la verdadera razón de ser del remake. ¿Qué es lo que podemos exigir a una propuesta, ya de por sí, tan poco estimulante como re-hacer lo ya bien hecho? Pues básicamente lo que está estimulante nueva mirada nos propone. 

¿De qué va?

Lisa Spinelli es una profesora de Staten Island que es inusualmente atenta con sus estudiantes. Cuando descubre que uno de ellos es un niño prodigio, se queda fascinada, y acabará arriesgando su vida familiar y su libertad para intentar que el niño desarrolle su talento

¿Quién está detrás?

Sara Colangelo da un definitivo golpe encima de la mesa con sus segunda película. Y lo hace tras irrumpir con mas pena que gloria con su ópera prima, una mediocre adaptación al largo de su propio corto "Little Accidents". Ahora sí, toca seguirle la pista.

¿Quién sale?

Ya era hora que Maggie Gyllenhall tuviera un papel protagonista al nivel de sus innegables cualidades interpretativas. (Mal)acostumbrados a verla siempre en un segundo plano, el tour de force que nos brinda con "La profesora de parvulario" al fin le ha hecho justicia. Tanto es así que bien podría suponerle la nominación al Oscar. ¿El mejor papel de su carrera? probablemente.

¿Qué es?

El ejemplo a seguir para todo aquel que pretenda embarcarse en el temerario reto que supone afrontar el remake.

¿Qué ofrece?

Llamativamente original en su tema y audaz en su ejecución, "La Profesora de Parvulario" se reveló un trabajo que demostró saber manipular hábilmente nuestras simpatías y expectativas para arrastrarnos de lleno a su claustrofóbico y ambiguo terreno moral. El cineasta israelí Nadav Lapid abría así con esta película insólita un debate sobre las fronteras éticas de la creación artística, con un estilo sorprendente que le encumbró como uno de los directores israelíes más importantes del momento. La película no paró de generar a su alrededor un estatus de culto desde su proyección en la Semana de la Crítica del Festival de Cannes y su estreno en Francia fue celebrado por la crítica como uno de los acontecimientos cinéfilos del 2016. Tanto es así que Hollywood no tardó en echarle el lazo para llevarla a su propio terreno, y en el mejor de los sentidos. Evidentemente que son muchos los puntos comunes entre ambas versiones. Sin embargo, hay una pequeña gran diferencia que provoca que el ejercicio que Sara Colangelo nos propone se eleve y crezca. Y este no es otro que utilizar el relato de Nadav Lapid para llevarla a su propio terreno, abrir en canal la sociedad americana y exponernos una nación en el que no hay lugar para la virtuosidad artística ni para el interés cultural. Tanto quien tiene el don de crear, así como quien tiene la sensibilidad para valorar y disfrutar del arte, está subyugado, queda condenado, por un país que ante todo se rige por el opresivo interés económico y por supuesto, la alienante obsesión de los jóvenes por las nuevas tecnologías y las redes. La vitalidad, la inquietud y la curiosidad creativa taimada por la ociosa vulgaridad, también por la vacua opulencia de la riqueza. Un mensaje que más allá de sernos trasladado de forma muy sugestiva y estimulante, al final acaba un tanto subrayado, lo cual provoca que en su tramo final la película se desinfle un tanto. No por ello, el ejercicio de riesgo de Sara Colangelo deja de triunfar merced de una extraordinaria dirección de actores y una sorprendente capacidad para embarcar al espectador en está espiral de desazón a través de una realización ágil y muy solvente. Muchos son los estigmas que sociedades como la israelí y la estadounidense comparten, tanto una profesora de parvulario como la otra han venido a demostrárnoslo con todo lujo de detalles. Almas gemelas a todos los niveles.


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