Crónica Gijón 2018: "Entrialgo" crecer despacito

Autor: Joan Sala Fuente: Filmin

Crónica Gijón 2018: "Entrialgo" crecer despacito

"Estos Días" fue una de las grandes sorpresas que nos deparó la Sección Oficial del Atlàntida Film Fest 2014, la ópera prima del cineasta Diego Llorente, quien ya apuntaba maneras al alzarse con el Premio a Nuevos Realizadores del Festival de Gijón con su guión para el corto "Casa".  Ahora es turno de sus segunda obra, que al igual que su reveladora ópera prima, vuelve a retratar la cotidianidad de la juventud. Eso sí, hay un gran cambio, del universo urbano pasamos al rural. Del desazón al idilio. “Entrialgo” nos enseña lo que es crecer 'despacito'.

¿De qué va?

"Entrialgo" nos mostrará cómo la vida de Rubén y Aitor  transcurre entre la soledad de los patos, los juegos mezclados con el trabajo de los adultos y la escuela donde interactúan con sus iguales. 

¿Quién está detrás?

Con un reparto totalmente amateur para conseguir que las barreras entre persona y personaje se difuminen, Diego Llorente se dio a conocer con “Esto Días”, un drama naturalista que sorprendió a propios y extraños por el realismo de su tratamiento a la hora de retratar a jóvenes azotados por la crisis económica y, en consecuencia, existencial. 

¿Quién sale?

Dos criaturas celestiales en un universo de inocencia y animales.

¿Qué es?

La infancia idílica...¿y el fin de la misma?

¿Qué ofrece?

Diego Llorente ha comentado en la presentación previa a la proyección que "Entrialgo no es una película de poso analítico que pide reflexionar sobre ella". Declaración cuanto menos sorprendente, más aun después de haber podido sumergirnos en el idílico universo que nos dibuja el segundo largometraje del emergente realizador asturiano. En efecto, "Entrialgo" es ante todo un hechizante estudio observacional que toma como punto de partida dos niños, Aitor y Rubén, uno a las puertas de abrazar la adolescencia, el otro aún  inmerso en lo más tierno de la infancia. Ambos se encuentran experimentando todo lo nuevo que su vida y existencia les empieza a deparar en este idílico universo rural. De hecho, es la propia y remota aldea que habitan la que da nombre a la película. Allá donde permanecen en constante contacto directo con los animales, donde disfrutan de la naturaleza en toda su armonía, bien a través de la nieve, de la enseñanza en la escuela o a través de su relación directa con la fauna y flora que les rodea. Allá donde la influencia de los dispositivos móviles y las nuevas tecnologías apenas hacen acto de presencia. De hecho, resulta cuanto menos significativo que la única vez que aparece un móvil en plano sea para ser rechazado. O que haya en un secuencia concreta donde un adulto le pida a Aitor que cante Despacito y su respuesta sea "no sé que es eso". Detalles que nos llevan a verlos como criaturas celestiales marcados por esa inocencia que caracteriza la infancia en toda su esencia. 

Una esencia imposible de lograr para todo aquel pequeño ser que habita una gran urbe. Y es que lo estímulos que les rodean y a los que se exponen son bien diferentes. Imposible resultaría que en una ciudad como Madrid o Barcelona un niño de apenas 6 años saliera solo por la puerta de su casa para pasear a su perrete. Si es el caso de la infancia que Diego Llorente nos retrata, la cual abre la puerta a la esperanza de que estos niños interioricen todos aquellos valores que parecen perdidos por las nuevas generaciones. Que se resistan a la alienación a la que podrían estar abocados de haber nacido en un entorno urbano. Por supuesto, llegará el día en que cumplan 18 años, cuando les tocará salir de casa y conocer mundo. Pero uno sale de sala con esa sonrisa que indica que lo harán con la lección bien aprendida, teniendo muy claro cuales son sus orígenes. La verdaderamente triste de este envolvente y entrañable retrato es que cierto es también, a uno le queda claro que estos niños son únicos en su especie. que pertenecen a un universo que desaparece. Con todo ello, y pese a su aparente sencillez, "Entrialgo" es una película que formalmente se intuye muy pensada y planificada. Que la cámara permanezca en todo momento a la altura de los ojos de los pequeños da buena fe de ello. En definitiva, una de esas contadas películas en la que nos gustaría quedarnos a vivir. Y en la que, por descontado, hay mucho por analizar y sobre lo que reflexionar.  



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