Crónica Gijón 2018: "El Zoo" el origen de las especies

Autor: Elodie Mellado

Crónica Gijón 2018: "El Zoo" el origen de las especies

Entre Gran Hermano y el cine de Charlie Kauffman, la realizadora catalana Gemma Blasco debuta en el largometraje de ficción con "El Zoo", adaptación de la obra teatral nacida en el seno del grupo Malnascuts. Y su estreno no podría tener más inmejorable marco: la Sección Llendes del Festival de Gijón, una de las más vanguardistas de la muestra que escoge los largometrajes más arriesgados y únicos del panorama.

¿De qué va?

Un grupo de actores inmersos en la preparación y representación de una obra de teatro acerca de un reality show ve crecer las tensiones entre sus miembros hasta conseguir reventar la frontera entre personaje y persona.

¿Quién está detrás?

Gemma Blasco está viviendo un año de ensueño. Tras alzarse en el Festival de Sitges con el Premio Nueva Autoria a la Mejor Dirección por su cortometraje “Jauría”, aterriza ahora en Gijón estrenando su ópera prima, “El Zoo”, un trabajo personal y distintivo donde los haya que la introduce entre los nombres más emergentes de la nueva cinematografía catalana.

¿Quién sale?

La cuarta promoción de Malnascuts, un laboratorio joven de experimentación teatral impulsado por la Sala Beckett de Barcelona, es la encargada de dar vida a estos cautivos que han pasado toda su vida entre libros y hablan ahora como filósofos. Este es el germen del que surge la obra teatral en la que se basa la película “Captius” y nos enfrentaba a la última gala de este enfermo reality show que haría de Gran Hermano un programa apto para horario infantil. En "El Zoo" sin embargo, van  un paso más allá para incurrir en la metaimprovisación más extrema donde no solo son personajes, sino también personas y actores en una compleja triple capa de interpretación. Y para aquellos asiduos a Filmin, destacar a Judit Cortina, también presente en “Blog” de Elena Trapé.

¿Qué es?

Animales enjaulados bajo la atenta mirada de "Gran Hermano" y la estela de Charlie Kaufman.

¿Qué ofrece?

Si hay un formato televisivo que ha sabido sobrevivir y adaptarse a las nuevas fórmulas de consumo audiovisual ese es el reality show, para algunos burdo espectáculo, para otros fascinante estudio antropológico. Personas corrientes enfrentándose a la narrativización constante, a la creación de personajes construidos atropellada e improvisadamente mientras el espectador decide a quién amar y a quién odiar. Cuando pones una cámara y pantalla entre espectador y persona es cuando nace el personaje, la ficcionalización, la dolorosa separación entre realidad y sueño. “Para el teatro solo se necesita uno que actúe y otro que mire”, espeta uno de los personajes/actores en una de las muchas roturas de la cuarta pared a las que asistimos en el “El Zoo”, resumiendo en una sola frase una de las génesis vitales de la película, la cual comparten con todos los reality de la televisión moderna. La vida es ficción, teatro, representación, y el audiovisual un medio para amplificarlo y convertir la realidad en relato cuando se traduce en las mentes de los espectadores.

Este juego de matrioshkas es al que constantemente se enfrentan todos los implicados de “El Zoo”, desdibujados ante la cámara, perdidos en su persona y personaje y en las barreras que los difuminan. Pero lejos de quedarse en la expansión narrativa, Gemma Blasco aprovecha todo este magma meta-teatral y cinematográfico para romper constantemente su propia película y, por ende, todas nuestras expectativas como espectadores. Un estudiado ejercicio de equilibrismo donde fácil podría resultar perderse, pero ante el que no queda otra que caer fascinado a lomos de todas las capas de interpretación que (re)presenta. Su cámara, a ratos vouyeristica otros alucinada, sobre todo en sus segmentos más oníricos, nos surmerge en las conversaciones más íntimas de este grupo de actores. Desde reflexiones que cuestionan esta misma exposición ante personaje/persona a otras que exploran cuáles son los limites entre arte y realidad, incidiendo especialmente en cuestiones éticas y morales como el machismo o la representación de alguien totalmente opuesto a tu sistema de valores e ideales. "El Zoo" son animales enjaulados, sí, pero no por los barrotes, más bien por un salto sin red de gran riesgo narrativo del cual tanto directora como actores salen indemnes. Una catársis sociofílmica que pone el broche de oro al experimento teatral que supuso "Captius" elevándolo en su incursión cinematográfica.

Publica un comentario

Sin valoraciones