Crónica Gijón 2017: "Scary Mother" la quimérica inquilina

Autor: Joan Sala Fuente: Filmin

Crónica Gijón 2017: "Scary Mother" la quimérica inquilina

Fue otro de los grandes fenómenos del pasado Festival de Locarno. También uno de los grandes debuts del año. La excepcional ópera prima de la georgiana Ana Urushadze es un aplastante ejercicio de cámara que enmarca una asfixiante parábola social acerca del sometimiento que las mujeres, y en concreto las madres, sufren en la Georgia actual partiendo, ante todo, de sus familiares. La sociedad conservadora y patriarcal llevada a sus más subversivas consecuencias. En otras palabras, "Scary Mother".

¿De qué va?

Manana, una ama de casa de 50 años, tiene un gran dilema: debe escoger entre su vida familiar y su pasión por la escritura, que ha reprimido durante años. Al decidir finalmente seguir su vocación, empieza a sacrificar todo, tanto mental como físicamente.

¿Quién está detrás?

"Scary Mother" supone el memorable debut de la georgiana Ana Urushadze. Y por la puerta grande.

¿Quién sale?

Nato Murvanidze se echa la película a sus espaldas. Ella y la cámara de Ana son sus principales puntas de lanza. La que nos brinda es una interpretación potente, matizada y definitivamente creíble donde las haya.

¿Qué es?

Una mujer bajo la influencia del primigenio Polanski.

¿Qué ofrece?

Tal y como su título bien nos advierte, lejos está nuestra "Scary Mother" de emular, o simplemente acercarse, a la esencia de la diosa hindú Parvati que nuestro compañero Javier Acevedo utilizaba como leitmotiv en su magnífico artículo dedicado a 10 consejos para hacer felices a nuestras madres. Cuenta la leyenda que Parvati quiso poner a prueba el amor y destreza de sus hijos, Ganesh y Karthikeya, prometiéndoles un mango mágico para el que mejor lo demostrara. Ganesh y Karthikeya acordaron dar la vuelta al mundo y quien lo hiciera más rápido ganaría el premio y el afecto de la madre. Karthikeya dio la vuelta al mundo como buen guerrero y luchador, pero Ganesh ya se había hecho con el premio. Karthikeya demostró gran amor por su madre, pero Ganesh ganó porque tan solo tuvo que abrazar a su madre y decir que ella era su mundo y felicidad.

Pues bien, en la excepcional ópera prima de la georgiana Ana Urushadze no hay profeso de amor ni sentimiento alguno hacia la madre protagonista por parte de sus familiares, ya sea su marido o sus hijos. Tampoco parece poder recuperarlo, básicamente porque su alienación es ya, hablando en plata, irreversible. Y lo es víctima de una sociedad estigmatizada y condicionada por la imposición social de unos roles de género caducos cuya vigencia sin embargo, sigue azotando y cobrándose víctimas como Manana. Una antiheroína genuinamente única que transita una Tibilisi postsoviética, prácticamente distópica, que se sumerge en una espiral de marcado carácter surrealista propulsada por sus extravagantes anhelos creativos. O más bien, por la necesidad de buscar cobijo en la escritura a la desidia y tedio que le acucia, ya sea desde su vida social como sobre todo, íntima. "Scary Mother" es un aplastante ejercicio de cámara envuelto de una atmósfera opresiva y asfixiante que enmarca una relevante parábola social acerca del sometimiento que las mujeres, y en concreto las madres, sufren en la Georgia de hoy partiendo principalemente de sus familiares. La sociedad conservadora y patriarcal llevada a sus más subversivas consecuencias en el que hay lugar incluso, para el más inclasificable humor abusrdo. Riesgo y personalidad son las dos grandes virtudes a reivindicar en debuts directoriales y el de Ana Urushadze es, en este sentido, un ejemplo inescrutable.



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