Crónica Gijón 2017: "Lucky" todos los caminos llevan a Harry

Autor: Joan Sala Fuente: Filmin

Crónica Gijón 2017: "Lucky" todos los caminos llevan a Harry

Decía Brook Thoene que "siempre es más difícil que te dejen atrás que ser el que se va". Que es más fácil despedir que decir adiós. Afirmación universalmente recurrente que sin embargo, no ha sido aplicable a un icono único en su especie. Harry Dean Stanton. El hombre. El mito. La vida. "Lucky" ha sido su última película y todos los caminos nos llevan a que él bien lo sabía. Uno de los testamentos vitales más bellos del cine reciente es el que nos brinda el FICX 2017. Adiós a un mito, y como a él le gustaría: desde su irreductible filosofía de vida.

¿De qué va?

"Lucky" se centra en el viaje espiritual de un hombre ateo de 90 años. Habiendo sobrevivido más que sus contemporáneos, Lucky se encuentra en el tramo final de su vida, donde se ve impulsado a un viaje interior de autodescubrimiento cuyo objetivo final es la iluminación.

¿Quién está detrás?

John Carroll Lynch, a quien muchos de vosotros reconoceréis por sus papeles como actor en "Zodiac" o "Fargo", debuta como director.

¿Quién sale?

Es probablemente el actor más suyo y silente de la historia de Hollywood y ha sido, también, uno de los intérpretes norteamericanos más queridos por los cinéfilos de todo el mundo. Harry Dean Stanton, cuya interpretación más memorable fue sin duda en "Paris, Texas" como Travis, lo hemos visto de secundario de lujo en títulos clave como "Alien", "Corazonada" o "Repo Man". Y desde luego que "Lucky" sería un inapelable one man show si no fuera por la delirante aparición David Lynch (y su tortuga Presidente Rossevelt). Uno de sus directores fetiche, para quien actuó en varias ocasiones a lo largo de su vida ("Twin Peaks", "Corazón salvaje", "Una historia verdadera") ha podido despedirse de él ante cámara, y no tras ella. Seguro, no por coincidencia. Mención aparte merece también la aparición de su amigo Tom Skerrit, rostro mítico de los 90 con quien compartió reparto en, precisamente, "Alien".

¿Qué es?

El adiós a un mito que es, asimismo, uno de los testamentos vitales más bellos del cine reciente.

¿Qué ofrece?

"No hablas demasiado, pero cuando lo haces dices mucho". Es la frase que su barman habitual dedica a Harry Dean Stanton en ese imperdible documental titulado "Harry Dean Stanton: Partly Fiction" y que, bien podríamos atribuir como rasgo principal al entrañable personaje a quien encarna en "Lucky". Pero más allá de la barra del bar, ya sea ante cámara o tras ella, los grandes directores para los que el actor más impenetrable de Hollywood ha trabajado nos revelan mucho sobre la esencia de la película con la que se ha despedido. Y es que al fin y al cabo, este anciano ateo de 90 años llamado Lucky no es otro que el propio Harry Dean Stanton. 

Wim Wenders decía de él que "es un actor que se atreve a ser frágil y utiliza su propia pena en su actuación". David Lynch en cambio, que "tiene una inocencia muy rara, habla y es real". Dos directores, dos afirmaciones, que precisamente John Carrol Lynch demuestra tener muy presentes a la hora de regalarnos este totémico estudio de personaje. Un cascarrabias que es mucho más estimado de lo que él estima, que combina ejercicios de yoga con dos cajetillas de cigarros al día y que es capaz de sorprender con una ranchera española cantada 'a capella' cuando absolutamente nadie se lo espera. Él y solo él, que apenas sin esbozar una sonrisa hace de esta película una comedia única. Y no, uno no cree en las casualidades cuando ve al mítico actor que dio vida a Travis en "París, Texas" envuelto de un árido y desértico entorno texano con un sombrero de cowboy en la cabeza. Menos aún cuando la que transita es una película aparentemente pequeña pero espiritualmente excelsa que ante todo, reflexiona acerca de la soledad y la (in)mortalidad sobre la que levita un personaje de leyenda. El gruñido que transmite ternura, el desaliño que emana sabiduría. El hombre. El mito. La vida. Ha sido su última película y todos los caminos nos llevan a que Harry Dean Stanton bien lo sabía. Y la que John Carrol Lynch le ha brindado es una inmejorable carta de despedida. Ídolo local, y ante todo universal.



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