Crónica Gijón 2017: "I am not a Witch" el circo del horror

Autor: Joan Sala Fuente: Filmin

Crónica Gijón 2017: "I am not a Witch" el circo del horror

La galardonada directora de cortometrajes Rungano Nyoni ha causado sensación con su debut en el largo alejándose del cine de denuncia africano más encorsetado al que estamos habituados. Olviden los lugares comunes, piensen más bien en Jafar Panahi, también en Ulrich Seidl. La que nos ocupa es toda una declaración de intenciones por parte de una maestra de la incomodidad cuyo gusto por la confrontación esconde propósitos muy pensados y una gran dosis de compasión. Tras embrujar a todo aquel que pudo descubrirla en la Quincena de Realizadores del pasado Festival de Cannes, "I am not a witch", seleccionada en Rellumes de la presente edición del FICX, resultó ayer mismo nominada a Mejor Película Extranjera en los Independent Spirit Awards.

¿De qué va?

Una niña es expulsada de su aldea y obligada a vivir en un campamento tras ser acusada de brujería. Allí comienza una nueva vida bajo esta condición asignada por la comunidad.

¿Quién está detrás?

sus cortos le valieron numerosos premios y prestigiosas nominaciones, así como el apoyo, para realizar "I am not a witch", de la Cinéfondation y de numerosos fondos europeos. Ganadora de un BAFTA al Mejor cortometraje con "The List" y responsable del celebrado "Kuuntele", Rungano Nyoni responde a las altas expectativas con su esperada puesta de largo.

¿Quién sale?

La actriz no profesional Maggie Mulubwa hace suyos todos y cada uno de los planos en los que aparece sin apenas mediar palabra. Tan solo desde los pequeños gestos, desde la mirada, su presencia abarca.

¿Qué es?

Ulrich Seidl + Jafar Panahi

¿Qué ofrece?

Jafar Panahi se dio a conocer al mundo entero con "El Globo Blanco", debut que nos contaba el relato de Razieh, una niña que emprende su propia “guerra” para conseguir un pez dorado con el que celebrar un nuevo año, lo que le lleva a sortear los peligros que le atenazan a lo largo del recorrido que separa su casa hasta la tienda donde puede comprarlo. Dos años más tarde el censurado director iraní volvería a llevarnos a recorrer misma senda de la mano de "El Espejo", y concretamente de Mina, quien tras encontrarse sola y desamparada a su salida del colegio, debe volver a su casa sin tan si quiera saber como llegar. Peligros, sensible y audazmente traducidos en la crudeza que asola la sociedad en su Irán natal. Ambas películas funcionaron en su momento como un canto de sirena a las nuevas generaciones para que de una vez por todas se rebelaran ante el opresor gobierno al que eran sometidas y no siguieran actuando con una máscara puesta, para que se la quitaran de una vez por todas y trataran de cambar la sociedad de su país. Pues bien, después de Razieh y Mina bien podría venir Shula. De Irán a Zambia. Del pez dorado a la brujería.

Son varias las ONG que a día de hoy tratan de asumir la defensa de mujeres acusadas de brujería por sus comunidades en África. Su hoja de ruta habitual es la ser golpeadas hasta obtener la confesión de sus supuestos crímenes mientras que sus cultivos, animales y otras posesiones son confiscadas. Una vez forzada la confesión aquellas que no resultan ejecutadas, son confinadas de por vida en campos de trabajo (que bien podríamos denominar campos de concentración) y obligadas a realizar trabajos forzados. Una de estas mujeres bien podría llegar a ser Shula, una niña de nueve años que es acusada y en consecuencia, enviada a un campamento de brujas. En su caso no hay abusos físicos previos porque la niña ni confirma ni niega que lo sea. O mejor dicho, básicamente porque hacen que ella misma se lo crea y sobre todo, porque la vejación física y el tratamiento melodramático exacerbado no parece ser plato de buen gusto para Rungano Nyoni. El camino que ella elige para trasladarnos esta sobrecogedora historia real es el del realismo mágico, aquel que precisamente se debate entre al sátira y la denuncia, entre la comedia políticamente incorrecta y el horror más inhumano, entre el tono fabulesco y la trascendentalidad de su discurso. "I am not a Witch" tiene la rara virtud de convertir un circo de lo más aberrante y grotesco en la sutil y perspicaz declamación de una mártir que ante todo respira dignidad y afecto más allá de un relevante y certero ojo crítico. Una obra formalmente robusta y poéticamente conmovedora que rebosa imágenes poderosas destinadas a quedar impregnadas en nuestra retina a través de su inspirada resonancia simbólica (tanto a nivel sonoro y visual como referencial) y que al igual que el cine al que nos tiene acostumbrados Ulrich Seidl, revela tras ella un maestra de la incomodidad cuyo gusto por la confrontación esconde propósitos muy pensados y una gran dosis de compasión.




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