Crónica Gijón 2017: "Casa de nadie" las olvidadas

Autor: Elodie Mellado Fuente: Filmin

Crónica Gijón 2017: "Casa de nadie" las olvidadas

Tras dirigir numerosos programas dentro del marco "Soy Cámara"del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, Ingrid Guardiola debuta en el largometraje documental con "Casa de Nadie", un arrebatador y poético docu-ensayo que traza una línea paralela entre los asépticos geriátricos de una post-industrial Badalona a los cascarones vacíos en los que se han convertidos los pueblos de la España rural.

¿De qué va?

Casa de nadie reflexiona, desde el punto de vista de dos comunidades envejecidas, sobre la memoria, la productividad, el trabajo y su propia extinción como comunidad. La narración transcurre en una residencia urbana de gente mayor en un barrio de Barcelona, y en una antigua colonia minera víctima de la despoblación y de la globalización económica y financiera en León. Ambas localidades viven cristalizadas, como si fueran los restos de un tiempo que, con resignación, serenidad y sentido del humor, va desapareciendo.

¿Quién está detrás?

Para aquellos habituales del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, o incluso ávidos espectadores del fantástico programa “Soy Cámara” (disponible a través de su canal de Youtube) es posible que el nombre de Ingrid Guardiola os sea familiar. Doctora en Humanidad por la Universidad Pompeu Fabra, Guardiola es una de las voces culturales más activas de Barcelona, indisolublemente asociada a esa magnífica propuesta llamada Miniput, de la cual es programadora, y que nos trae año tras año lo mejor que ha dado la televisión pública de alrededor del mundo. “Casa de Nadie” supone su debut el documental, cuyo estreno ha visto la luz en el mismísimo Festival de Gijón.

¿Qué es?

La muerte de una vida.

¿Qué ofrece?

Desde un punto de vista capitalista que prima la producción como forma de vida, solo hay una etapa de nuestra existencia en la que somos productivos económicamente hablando, aquella comprendida en la denominada “población activa”. Fuera de esas franjas somos seres inactivos, invisibles, dependientes. De nuestras madres al nacer y de nuestros hijas al envejecer. Un femenino firmemente utilizado que reivindica y homenajea a la fuerza motora que acoge esta dependencia, las mujeres durante su vida activa, en su mayoría demográfica e histórica. Ingrid Guardiola ha definido su documental, “Casa de Nadie”, como una obra feminista, un retrato poético que a través del docu-ensayo traza una línea paralela entre los asépticos geriátricos de una post-industrial Badalona a los cascarones vacíos en los que se han convertidos los pueblos de la España rural, carentes del sustento que encontraban en las incombustibles minas de carbón. La decadencia física, existencial y terrenal de nuestros cuerpos, nuestras mentes y nuestras tierras a través de dos comunidades que lo único que quieren es que les dejen morir en paz.

Es sobre esta base discursiva que Guardiola va desgranando los entresijos que construyen estas comunidades en vías de extinción, mientras que a su vez que reivindica y pone en relieve la realidad de muchas de las mujeres que levantaron a sus familias gracias a su trabajo no remunerado ni reconocido. Entre ellas encontramos ancianas que se han cansado de la vida y que hablan sin pudor de su deseo de morir y poder encontrar la paz al fin. Un estado vital donde ya no se teme a la muerte, más bien se la espera. El primer plano nos expone ante lo que no queremos ver. Incomoda pero también concilia a la hora de acercarnos a un futuro inminentemente cercano y compartido donde quizá, también solo queramos morir en paz.



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