Crónica Gijón 2017: "A Man of Integrity" raíces profundas

Autor: Joan Sala Fuente: Filmin

Crónica Gijón 2017: "A Man of Integrity" raíces profundas

Si algo nos ha quedado claro en los últimos 30 años es que en Irán hay talento y sobran ganas en cineastas sobradamente capacitados para realizar grandes películas. El problema es simple. Saben que si lo hacen hay únicamente dos opciones; o acaban exiliados o lo que es aún mucho peor, acaban, como Jafar Panahi, en la cárcel. Fue el caso de Mohammad Rasolouf, condenado por las autoridades iraníes junto a Panahi en 2010. Pues bien, premio Un Certain Regard en el pasado Festival de Cannes, Rasoulof vuelve al Festival de Gijón para competir en Rellumes con "A Man of Integrity" tras participar en ediciones anteriores con "Manuscripts don't Burn" (Convergencias) y "Las isla de Hierro" (en competición). Raíces profundas.

¿De qué va?

Norte de Irán, ciudad pequeña con intereses creados por especuladores, funcionarios corruptos y cobros de sobornos. Quejas en corro, se critica en murmullo, pero solo Reza, un pequeño comerciante con pasado inconformista, da voces y por darlas está solo ante el peligro.

¿Quién está detrás?

Hay directores para los cuales el cine constituye una lucha perpetua. Es el caso de Mohammad Rasoulof, detenido en 2010 junto a su amigo Jafar Panahi, en pleno rodaje. A pesar de todo, sus tres últimas películas llegaron hasta Cannes, enviadas clandestinamente en una memoria USB, y fueron seleccionadas en la sección Un Certain Regard. "Goodbye" fue galardonada con el premio al mejor director en 2011, "Manuscripts Don't Burn" obtuvo el Premio FIPRESCI en 2013 y "A Man of Integrity" se hizo con el Premio a Mejor Película este mismo año. En Filmin podréis reconocerlo a través de uno de sus títulos más emblemáticos, "La Isla de Hierro".

¿Quién sale? 

Reza Akhlaghirad es quien da vida a este hombre de integridad conservando una mirada vacía, sin emoción, a lo largo de toda la película. Un vacío que probablemente traduzca su pasado. Y es que seguro, no por casualidad, el personaje a quien interpreta también se llama Reza. Es alguien aislado y erosionado a ojos de su mujer Hadis, a quien da vida Soudabeh Beizaee con gran determinación.

¿Qué es?

"Raíces profundas" en la Irán de hoy.

¿Qué ofrece?

En 1979, la revolución islámica azotó las fronteras de Irán, sumiendo al país persa en un régimen opresor liderado por el ayatolá Khomeini. Era el primer paso hacia la nueva Irán que se ha conformado hasta hoy, una Irán hermética que ha fantaseado con la bomba atómica mientras era asfixiada por las multas internacionales lideradas por Estados Unidos. Y a los mandos del país, un gobierno que se dedica a manipular y jugar con la gente para que malgaste el tiempo tramitando solicitudes imposibles. Probablemente sea para que el pueblo no tenga espacio para reflexionar y pensar en los verdaderos problemas que, lamentablemente, asolan a su hastiado país. También para enriquecerse a costa de la deshumanizada explotación, del opresor sometimiento hacia un individuo al cual emplea a su propio beneficio sin miramiento alguno. Es el perro come perro que el estado y los más acaudalados y beneficiados, emplean con el pueblo. Y sí, la gran mentira existe. Aquella que destapa la más corrosiva corrupción y el más desalmado capitalismo de un país extremadamente fundamentalista y conservador como lo es Irán. Triste pero real. 

"A Man of Integrity" es algo así como "Raíces Profundas" trasladada a la Irán de hoy. Un western político con esqueleto de thriller que se cuece a fuego lento y que, mezclando su deslumbrante entorno real con poderosas imágenes digitales (sin duda estamos ante la obra más ambiciosa de Rassolouf hasta la fecha) se construye a partir de los principales retazos que distinguen las películas más emblemáticas del oeste americano. En ella encontramos un hombre de moral irreductible y valores arraigados enfrentado a un cruel establishment que pretende apoderarse de sus tierras cueste lo que cueste. Un personaje principal atrapado por los mezquinos mecanismos de una sociedad cuyo autocratismo no solo atenta directamente contra sus derechos primordiales, sino que neutraliza toda posibilidad de proyectarse y emanciparse como ser humano. Tanto a él como a su familia. Y es que más allá del machismo que se hacía gala en el western más clásico, en la nueva película del responsable de "Goodbye" también se confronta el orgullo masculino con la inteligencia femenina (en este caso ella tiene mucho que decir y decidir). En definitiva, un pobre diablo (cuando debería ser todo lo contrario) que lucha contra un sistema opresor, ese tenebroso imperio de la ley impuesto por la tiránica Constitución que se interpreta, se obvia o se interpela según convenga, por los estratos más acaudalados. Una batalla perdida de antemano que sin embargo, uno no puede ni tan siquiera imaginar las temibles y retorcidas consecuencias que puede acarrear. No es país para nobles, los oprimidos son los opresores. A donde hemos llegado.



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