Crónica Donosti 2019: "Hasta siempre, hijo mío" familia sumergida

Autor: Joan Sala Fuente: Filmin

Crónica Donosti 2019: "Hasta siempre, hijo mío" familia sumergida

En un país que cada vez está más occidentalizado, las señas identificativas de su cine no cambian: Cine pausado y contemplativo, en el que la forma y el fondo convergen por igual, dando la misma importancia al tratamiento argumental como a la estética visual. Con un pasado glorioso y un futuro prometedor, no es sorprendente que la extensa población china se sienta confusa. Su respeto por las tradiciones que les han precedido y la ingente cantidad de progreso y modernidad que les rodea hacen que muchos habitantes no sepan cuál es su lugar, y esos sentimientos se reflejan en su inconfundible cine, cargado de introspección y en la búsqueda de una identidad propia. 

Es el caso de la nueva y monumental obra de Wang Xiaoshuai. Última película en entrar a competición, "So Long, My Son" es un conmovedor melodrama familiar de tres horas de duración que directamente se envuelve del distintivo universo que distingue el cine de Jia Zhang-Ke. Un obra extraordinaria que tras revelarse en uno de los grandes protagonistas de la pasada Berlinale (suyo fue el Premio a Mejor Dirección) "Hasta Siempre, hijo mío" llega a Perlas de San Sebastián previo paso a que Avalon la estrene en España.

¿De qué va?

Yaoyun y su esposa Liyun fueron una vez una familia feliz, así fue hasta que su hijo se ahogó jugando en un embalse. Su hijo adoptivo, Liu Xing, tampoco les ofrece la comodidad que esperaban. Rechazando desafiantemente a sus progenitores no biológicos, un día desaparece por completo. Es desde entonces que el matrimonio se enreda repetidamente en sus recuerdos a camino entre la gran urbe y el pueblo de provincias a su vez que se adaptan a los grandes cambios sociales y económicos que tienen lugar en China desde la década de 1980 hasta el presente.

¿Quién está detrás?

El amor de unos padres por su hijo no tiene límites. Es lo que Wang Xiaoshuai ya nos enseñó en su anteriormente aclamada "In love we trust", un drama íntimo donde retrataba los obstáculos que una familia estaba dispuesta a atravesar por salvar la vida de su hija, con una enfermedad en la sangre que solo podría curarse teniendo otro hijo. Una historia de amor, vida en pareja y confianza en el uno con el otro que ponían al descubierto los fallos de la sociedad y los impedimentos de una pareja divorciada por ayudar a su hija. Es decir, mismo sello, mismo discurso, mismo camino.

¿Quién sale?"

Wang Jingchun ("Las flores de la guerra") y Yong Mei ("The Assassin") dan vida a la pareja protagonista en dos maravillosas interpretaciones, marcadas ambas por la capcidad de contención y rebosantes de matices. De hecho, uno no puede evitar tener en todo momento presente a la musa de Jia Zhang-Ke, Zhao Thao, en todas y cada de las secuencias que Yong Mei protagoniza. Mismo amor, misma lluvia.

¿Qué es?

Un melodrama familiar que transita el universo de Jia Zhang-ke.

¿Qué ofrece?

Desde la expansión comercial de China y su abrazo al más destructivo y exacerbado capitalismo, en Occidente hemos observado al país milenario entre una especie de fascinación y miedo. China es un país donde los sentidos parecen acentuarse. Sus bellos paisajes cautivan con su reposo, y a la vez, la agitación de sus ciudades nos recuerda que se trata de una de las mayores potencias mundiales económica e industrialmente hablando. Llena de virtudes pero también de grandes defectos y contradicciones, China es el último bastión del comunismo y, a su vez, una de las potencias capitalistas que con más fuerza ha entrado en el juego de poderes mundial. Con un gobierno censurador, el cine no ha dudado en exponer los ambages de esa dictadura que a ningún país occidental parece molestar. Y es precisamente este constante y demoledor cambio social y económico que está sufriendo el monstruo asiático, en ese universo que precisamente tanto y tan bien distingue el cine de Jia Zhang-Ke, donde Wang Xiaoshuai enmarca su melodrámatico relato, muy ligado por cierto, a su personalísimo sello de autor. Y es que, tal y como ya sucediera en su aclamada "In love we trust", el realizador chino vuelve a incidir en el espectro familiar y parental, en los lazos que unen padres e hijos (ya sean de sangre o no) y en como su vida íntima es azotada por la alienada sociedad que habitan.

En este sentido, "So long, my son" es una monumental saga familiar que, a lo largo de tres horas, transita tres décadas de historia china, desde la prosperidad que en los años 80 prometía la Revolución Cultural, al turbio capitalismo que impera hoy día. Un relato tan doloroso como tierno y afectivo que va de la esfera privada a la política, en la que el individuo es constantemente azotado por el constante proceso de cambio. Es el caso de la ley del hijo único, del auge industrial y su consecuente decadencia y, por supuesto, la crisis de pareja. Pero también es una obra capital que, ante todo, reflexiona sobre el sentimiento de culpa, la redención y la capacidad de compresión a la hora de sobrellevar el dolor causado por la pérdida. Es precisamente sobre estos particulares ejes que pivota su complejo arco narrativo. Una narración que no solo erosiona toda posible linealidad del relato, sino que además va dosificando la información que nos va dando demostrando la gran virtud de revertir la posible confusión en real estímulo. Si a ello sumamos la solidez y honestidad con la que trata sus picos más melodramáticos (momentos en los que acertadamente obvia el empleo de la banda sonora) el que Wang Xiaoshuai acaba por ensamblar es un artefacto perfectamente engranado en el que no hay lugar a una sola grieta. Si lo hay, en cambio, a la lágrima más sincera, a la emoción y conmoción que provoca una obra tan sensible y estoica como definitivamente ambiciosa. El premio del público aguarda a la espera




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