Crónica Donosti 2019: "Estaba en casa, pero..." la teoría alemana del amor

Autor: Joan Sala Fuente: Filmin

Crónica Donosti 2019: "Estaba en casa, pero..." la teoría alemana del amor

La alemana Angela Schanelec nos brindó una de las contadas propuestas capitales de la pasada edición de la Berlinale. "Estaba en casa, pero..." se enmarca dentro de ese cine enigmático que reta al espectador, que le saca de su zona de confort, que deja muchas puertas abiertas a la libre interpretación y que guarda en su interior lo que bien podríamos denominar la depresiva teoría alemana del amor. Y en el mejor de los sentidos, vamos. Es, sin duda, el tipo de propuestas que esperamos descubrir y experimentar en certámenes cinematográficos de primer orden como lo es el que nos ocupa. Bienvenida sea. Tras hacerse con el Oso de Plata a la Mejor Dirección, es hora de luchar por el premio Zabaltegi-Tabakalera en esta 67 edición del Festival de San Sebastián. A ella.

¿De qué va?

Phillip, un niño de trece años de edad, desaparece de casa sin dejar rastro durante una semana. Cuando vuelve, su madre se enfrenta a preguntas que conducen a un cambio de visión de su propia vida. Ella y los profesores de su hijo sólo pueden adivinar qué estaba buscando el chico, quedando a merced de la naturaleza o acercándose a la muerte, movido por el fallecimiento de su padre. La madre fracasa ante la necesidad de aceptar que su hijo lleva una vida propia en la que tiene una influencia limitada.

¿Quién está detrás?

Pese a tener a sus espaldas una dilatada carrera y ser una habitual del circuito festivalero, la alemana Angela Schanelec fue descubierta por muchos con “The Dreamed Path", estrenada en la Sección Oficial del Festival de Locarno 2016 que se distinguía por la crudeza de su tratamiento a la hora de trasladarnos la semblanza del desencanto y del fin del amor a través de dos parejas, dos historias separadas por treinta años. Pues bien, mismo desencanto, aunque sea desde diferente ángulo, es el que constantemente atenaza y envuelve "I was at home, but".

¿Quién sale?

"I was at home, but" está protagonizada por la interpretación consecuentemente desnaturalizada de Maren Eggert, a quien ya pudimos disfrutar en un rol secundario en la mítica "El Experimento". Difícil papel el suyo que, con creces, logra bordarlo. 

¿Qué es?

La teoría alemana del amor. Algo así como si Ruben Östlund, Roy Andersson o Eugene Green rodaran una película depresivos y encolerizados.

¿Qué ofrece?

Una de las propuestas más arriesgadas, elípticas y definitivamente estimulantes que nos ha ofrecido la Sección Oficial. "I was at home, but" se enmarca de lleno en ese tipo de cine que reta al espectador, que sugiere mucho más de lo que muestra. Una propuesta elusiva que es, a su vez, tan magnética como distanciada. Ensamblada a través de calculadísimos planos secuencia, en su mayoría rodados con cámara fija, de lo que la nueva película de Angela Schanelec ante todo nos habla es de cómo una vida segura y fácil puede convertirse en una existencia vacía y solitaria. También de la imposibilidad de amar o de saber amar, de ser capaz de compartir, vivir en comunidad y sociedad. Dicho de otra forma, esa supuesta sociedad del confort que directamente nos aboca al hastío y la depresión. Y es que hablamos de una obra extremadamente compleja, muy consecuente entre su esencia y discurso, ya que de la misma forma que en todo momento pivota sobre la incomunicación entre los personajes, sobre la imposibilidad de transmisión del afecto y el amor, el lenguaje que utiliza para escenificarlo y trasladárnoslo está completamente desvirutado, muy cercano a la más intrínseca abstracción. De hecho, la película bien funciona como una deconstrucción de los valores solidarios, empáticos y comunitarios que promulga nuestra lustrosa Comunidad Europea. Y todo ello partiendo desde el espectro íntimo y el cariz introspectivo. "I was at home, but" se nos presenta, además, bajo un riguroso dispositivo formal que nos lleva a la mirada distanciada, en la que incluso hay cabida para sugerentes metáforas (sobre todo en su prólogo y epílogo) imprevisibles rupturas (como puede ser una transición musical que Schanelec nos deja para el recuerdo  y que, de hecho, supone el único momento en el que emplea banda sonora) o una interpretación de "Hamlet" en la que el texto del Shakespeare, que siempre se ha distinguido por su cariz vehemente y apasionado, es en este caso se muestra desde un tono inexpresvivo y del todo destilado. Significativo el caso. 

 



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