Crónica Donosti 2018: "Rojo" se rompe el cascarón

Autor: Gerard Cassadó

Crónica Donosti 2018: "Rojo" se rompe el cascarón

En su tercera película, Benjamín Naishtat ("Historia del miedo") rememora los meses previos al golpe militar de Videla en Argentina. "Rojo" es un thriller estremecedor en el que la epidemia fascista se huele de lejos mientras la gente común se revela como parte de un país podrido. La serpiente, a punto de romper el cascarón.

¿De qué va?

Argentina, 1975. Claudio (Darío Grandinetti), un abogado burgués, espera a su mujer para cenar en un restaurante cuando un desconocido le exige con muy malas formas que le ceda la mesa, pues el restaurante está lleno y tiene prisa. El lío adquiere tintes trágicos y lo que podría haberse quedado en un simple incidente acaba ejerciendo de símbolo del estado de ánimo de todo un país.

¿Quién está detrás?

El argentino Benjamín Neishtat, poco conocido en nuestro país pese a ser este su tercer largometraje, y haber concursado en el Festival de Berlín con el primero ("Historia del miedo"), y en el de Locarno con el segundo ("El Movimiento").

¿Quién sale?

El argentino Darío Grandinetti ("Hable con ella") y el chileno Alfredo Castro (actor fetiche de Pablo Larraín) son los rostros más conocidos de un reparto en el que también destaca Andrea Frigeiro ("El ciudadano ilustre").

¿Qué es?

"Ana y los lobos" (Carlos Saura, 1972) + "Tony Manero" (Pablo Larraín, 2008) trasladadas al contexto argentino.

¿Qué ofrece?

Son muchas las películas que han analizado el contexto social en el que germinaron los movimientos fascistas del siglo XX que desembocaron en la Segunda Guerra Mundial. Desde "El huevo de la serpiente" (Ingmar Bergman, 1977) hasta "La cinta blanca" (Michael Haneke, 2009), son múltiples los títulos que han observado el caldo en el que se cultivaron el odio y la violencia que acabaría brotando poco después. Benjamín Neishtat sigue el ejemplo y analiza, desde la concreción de una historia particular, el aspecto general que tenía la sociedad argentina pocos meses antes del golpe de estado del 24 de marzo de 1976 que daría pie al denominado Proceso de Reorganización Nacional, la última dictadura militar en Argentina.

El arranque de la película es demoledor. El que parece ser un mero enfrentamiento entre dos hombres por una nimiedad, revela a un país partido en dos, en el que están muy claros los roles entre opresores y oprimidos. Los opresores no siempre torturan y hacen desaparecer como por arte de magia al enemigo; a veces, simplemente, miran hacia otro lado, o fijan su mirada con desprecio en el otro. Ese choque en el restaurante que enfrenta a un respetado abogado con un tipo que parece estar loco es la primera metáfora de las muchas que articulan una película en la que un eclipse de sol es mucho más que la luna ocultándonos la luz, y en la que un anuncio de caramelos ejerce como declaración de intenciones de un país histérico que ha normalizado la violencia.

"Rojo" es una película algo extravagante, en la que el terror parece estar maquillándose antes de salir a escena. Recuerda mucho a "Tony Manero", aquella película de Pablo Larraín en la que Alfredo Castro interpretaba a un asesino en serie disfrazado de John Travolta en "Fiebre del sábado noche". La presencia de Castro en "Rojo" no es una coincidencia, y de hecho nos recuerda que Chile y Argentina vivieron realidades paralelas en la década de los 70. Como Larraín, Neishtat toma prestados algunos recursos del cine de género para construir una cinta de terror político que, si bien decae en algun momento, produce mucha envidia por estas tierras. ¿Cuando alguien volverá a hacer el cine que practicaba Carlos Saura en los 70? Hoy parece más necesario que nunca.


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