Crónica Donosti 2018: "Oreina (Ciervo)" lo que calla la marisma

Autor: Gerard Cassadó

Crónica Donosti 2018: "Oreina (Ciervo)" lo que calla la marisma

Compite en la sección Nuevos Directores del Festival de San Sebastián y llega hoy a los cines de toda España. El primer largometraje de ficción de Koldo Almandoz ("Sipo Phantasma") corrobora el buen estado de salud del cine vasco en euskera.

¿De qué va?

Khalil (Laulad Ahmed Saleh), un joven vasco de origen marroquí, vive en la periferia de San Sebastián, estudiando un ciclo formativo en el instituto y trapicheando. Mantiene amistad con José Ramón (Patxi Bisquert), un viejo uraño que vive puerta con puerta con su hermano Martín (Ramón Agirre) con el que no se dirige la palabra desde hace tiempo. La vida de estos tres personajes transcurre alrededor de una marisma cuyo cauce parece marcar el destino de los protagonistas.

¿Quién está detrás?

El director donostiarra Koldo Almandoz, nombre recurrente del circuito de festivales gracias especialmente a su trabajo en el corto documental y experimental. Hace un par de años dio el salto al largo con "Sipo Phantasma", ensayo alrededor de la figura de Nosferatu que compitió en la sección Zabaltegi del Festival de San Sebastián. "Oreina" es su primer largo de ficción.

¿Quién sale?

Los jóvenes debutantes Laulad Ahmed Saleh y Erika Olaizola han compartido rodaje con intérpretes vascos más experimentados como Ramón Agirre ("Amor") o Patxi Bisquert ("Tasio").

¿Qué es?

Un relato intimista de vidas cruzadas como "Loreak" (Jon Garaño y José Mari Goenaga, 2014) + el retrato pseudodocumental de ritmo pausado de un joven inmigrante como "Slimane" (José Ángel Alayón, 2013).

¿Qué ofrece?

Hay películas que no pueden explicarse sin el espacio en el que han sido filmadas. Ese tópico algo rancio de que ese espacio es "un personaje más" de la película es aplicable a "Oreina", y nos habla del estrechísimo vínculo que une a los personajes al lugar en el que se enmarcan. La imagen de una barca navegando una marisma simboliza el modo en que dos de los tres personajes principales de la película, Khalil y José Ramon, transitan juntos por la vida, trampeando con ella y formando una extraña pareja que sólo un destino caprichoso podría haber unido. El maestro de la pillería y su alumno aventajado pescan anguilas ilegalmente en este territorio en el que la ley existe, pero es débil y poco resuelta.

"Oreina" es uno de esos films que requieren bastante del espectador. En primer lugar, le invita a intuir qué ocurrió con los personajes antes de que la película empezara, pues los silencios y los gestos preprogramados son la única herramienta que tenemos para entenderlos. Además, Almandoz se toma su tiempo para presentarnos a unos personajes en tránsito continuo, siempre avanzando a pie, en moto o en barca, y tarda lo suyo en empezar a mostrarnos sus vínculos, en empezar a enseñar las cartas que van a resolver la partida. Gran parte del metraje se dedica a enmarcar a los personajes en ese decorado de fábricas humeantes, carreteras comarcales y marismas en calma. Una vez expuestas las piezas, el film se precipita hacia un desenlace fugaz, como si las aguas desembocaran en una cascada furiosa.

Es evidente que el poso que deja "Oreina" es mucho más intenso que el disfrute de su visionado. Al acabar la película, la tristeza del conjunto se agarra al espectador, que ha sido testigo de estos retazos de vidas amargadas por la precariedad, la vergüenza, el engaño o el rencor. Nadie sonríe en "Oreina", pero no por ello el tiempo va a cesar su implacable avance.


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