Crónica Donosti 2018: "In Fabric" rebajas malditas

Autor: Gerard Cassadó

Crónica Donosti 2018: "In Fabric" rebajas malditas

Peter Strickland demuestra de nuevo porque es, junto a Ben Wheatley, el director de cine británico más estimulante del momento. En su cuarto largometraje mezcla comedia marciana y terror de serie Z para firmar una ligera y grotesca crítica a la sociedad de consumo.

¿De qué va?

Sheila (Marianne Jean-Baptiste) quiere superar su divorcio y decide tener una cita con un hombre cuyo perfil ha descubierto en una página de contactos. Antes pasa por la peluquería y por una tienda de ropa atendida por una misteriosa dependienta. Allí adquiere un precioso vestido rojo. Lo que Marianne no sabe es que el vestido lleva escondido entre sus pliegues una siniestra maldición.

¿Quién está detrás?

Peter Strickland, uno de los nombres más fiables del panorama festivalero internacional. Se dio a conocer con el thriller "Katalin Varga" (2009) en el Festival de Berlín, y posteriormente ha impregnado de su singular y preciosista estilo a subgéneros como el giallo ("Berberian Sound Studio") o el erotismo soft de los años 70 ("The Duke of Burgundy"). Con "In Fabric" se adentra en la comedia del absurdo tomando como pretexto un motivo propio del terror de baja estofa y altas risas.

¿Quién sale?

La nominada al Oscar por "Secretos y mentiras" Marianne Jean-Baptiste protagoniza la primera mitad de un film bastante coral en el que también encontramos a Hayley Squires ("Yo, Daniel Blake", "La casa de las miniaturas") y, en un breve papel, a Sidse Babett Knudsen, protagonista de "The Duke of Burgundy", la anterior película de Strickland

¿Qué es?

Como si Andy Warhol y Quentin Dupieux hubiesen codirigido "Christine" (John Carpenter, 1983) sustituyendo el coche por un vestido rojo.

¿Qué ofrece?

El cine de Peter Strickland es un cine de texturas. Si por algo habían destacado sus películas hasta el momento era por apropiarse de los estilemas de cines de género pretéritos para ofrecer experiencias audiovisuales tan sensuales como una pieza de lencería de seda roja. Muchos le han acusado de ser pura forma y poco texto, un esteta sin nada concreto que contar. Nadie puede acusarle de haberse acomodado en su zona de confort con su nueva película. "In Fabric" lleva su cine un paso más allá, probando suerte por primera vez en el pantanoso terreno de la comedia extravagante. Sin olvidarse de ofrecernos un repertorio de imágenes memorables, en el que podemos encontrar, por ejemplo, una lluvia de cristales cayendo sobre el cuerpo desnudo de un maniquí, Strickland se pone a prueba a si mismo explorando los límites del humor, confiando en la complicidad de un público que ha aprendido a participar de sus juegos. 

Habrá quien la despache como un capricho sin sustancia, pero no es difícil adivinar tras la absurdidad obvia del relato una afilada crítica a la sociedad de consumo. Strickland instala su pesadilla en las puertas abarrotadas de un Zara de rebajas. Allí se congrega la secta de las dependientas, el templo satánico de la talla 36, el provador de los espejos deformantes, la desconcertante verbigracia del libre comercio y los abusos sonrientes del mercado laboral. Una amalgama de excesos pasados por el filtro del terror y el whatthefuck tras la que no es difícil, con un poco de voluntad, identificar a los amos y a los esclavos. Mientras el vestido rojo vuela y mata, y el espectador ríe, Strickland le toma las medidas a una sociedad tan absurda como su deliciosa película.

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