Crónica Donosti 2018: "Figuras" grandes de la vida

Autor: Joan Sala Fuente: Filmin

Crónica Donosti 2018: "Figuras" grandes de la vida

Mundialmente estrenada en la sección Horizontes Latinos del presente Festival de San Sebastián, la segunda película del realizador argentino Eugenio Canevari se ha erigido, y por derecho propio, en uno de los retratos más carismáticos, honestos y definitivamente hermosos de cuantos un servidor ha disfrutado en lo que llevamos de año. Tal y como su inmejorable propio título nos indica, hablamos de "Figuras". Figuras de la propia vida.

¿De qué va?

Stella, una inmigrante argentina que vive en España, sufre esclerosis lateral amiotrófica (ELA) y necesita atención constante. Paco, su compañero desde hace mucho tiempo, la ayuda a moverse, comer y comunicarse. Valeria, la hija de Stella, los visita esporádicamente y, angustiada por el visible deterioro de su madre, encuentra una vía de escape saliendo de fiesta. Mientras esperan una respuesta sobre un piso de protección oficial, tratan de lidiar con la situación a través del humor y el amor. Una familia real interpretando una historia real.

¿Quién está detrás?

Realizador de origen argentino aunque residente en Barcelona, el emergente Eugenio Canevari se dio a conocer con la reveladora "Paula", un debut notable donde los haya que pudimos descubrir en la sección Nuevos Directores del Festival de San Sebastián 2015. "Figuras" supone su segunda película.

¿Quién sale?

Tres grandes de la vida.

¿Qué es?

La vida misma. 

¿Qué ofrece?

Una muestra ejemplar y genuina de lo que supone aunar ficción y documental, de como debe realizarse un acercamiento al retrato humano de un padecimiento, tanto desde el espectro físico, como social. En efecto, lo que Eugenio Canevari nos presenta es una familia real interpretando una historia real. Es la historia de Stella, de Paco y Valeria, de como afrontan el drama vital que conlleva el hecho de que tu ser más querido padezca una enfermedad neurodegenerativa progresiva como lo es el ELA. Una afección mortal para quien la sufre, una dolencia tremendamente desoladora para quien permanece a su lado, que en el caso de "Figuras" sin embargo, abre una ventana a la vitalidad más acérrima, a la posibilidad de dar rienda suelta a nuestro lado más tiernamente humano, a la transmisión del verdadero amor en su máxima expresión. Es el caso de este carismático trío de personajes, grandes de la vida que conforman una familia única en su especie. Personas que con fascinante autenticidad se abren en canal ante la cámara del director de "Paula" para mostrarnos, sin tapujo alguno, su encomiable forma de afrontar con la cabeza alta las tragedias que puede depararnos la existencia humana. Y es que no hay un drama mayor que el de hacer frente al adiós de tu persona favorita, de tu ser más querido, de tu compañero de viaje en esta imprevisible aventura que supone vivir la vida.

"Figuras" asombra por la capacidad que atesora para hilvanar una genialísima crítica social a partir del retrato individual abrazando con profunda inteligencia emocional, con insobornable tacto, el registro de la comedia. Y es que como quien dice, a mal tiempo buena cara. Lo cual no quiere decir que ello conlleve perder el prisma del profundo drama que retrata. El amor incondicional que Canevari transmite hacia sus personajes, tanto como el que en todo momento se respira entre ellos, es el ancla que lleva a "Figuras" a mantener constantemente el foco donde debe y quiere. Un arriesgadísimo planteamiento que el realizador de origen argentino logra plasmar de forma impecable, impregnándose en todo momento del sentimiento de emoción más sincero. En resumidas cuentas, el fiel reflejo de la profunda complejidad que puede llegar a conllevar la aparente sencillez. Un retrato que rebosa carisma y dignidad por los cuatro costados, que está plagado de grandes momentazos (desde un humor meta que apunta directamente a John Wayne hasta un baile simple y llanamente inolvidable, pasando por uno de los chistes más inspirados que os aseguro, puedan contaros) y que por si fuera poco, se articula sobre un dispositivo formal impecable, sobre un pulcro tratamiento del blanco y negro y una rigurosa construcción de cada uno de sus planos. La vida es esto. O al menos, es lo que para todos debería ser. Y el cine, también.



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