Crónica Donosti 2018: "El Reino" deprisa, deprisa

Autor: Gerard Cassadó

Crónica Donosti 2018: "El Reino" deprisa, deprisa

Rodrigo Sorogoyen firma con su tercer largometraje en solitario la gran película sobre el virus de la corrupción política en España. Con un Antonio de la Torre una vez más en estado de gracia, "El Reino" no necesita hacer alusión a siglas y nombres reales para mostrarnos a qué diana dirige sus dardos. Es, sin duda, una de las películas españolas imprescindibles del año.

¿De qué va?

Las comisiones y mordidas, y la prevaricación, parecen ser norma en la delegación territorial de uno de los partidos políticos más importantes de España. Pero de repente, alguien habla más de la cuenta y los casos de corrupción empiezan a hacerse públicos. El partido necesita un cabeza de turco para que el escandalo no aumente de escala, y el elegido es Manuel López-Vidal (Antonio de la Torre), cuya carrera política parecía ir en claro ascenso. Pero Manuel no va a quedarse de brazos cruzados mientras su partido le sacrifica.

¿Quién está detrás?

Rodrigo Sorogoyen, el hombre que se construyó su privilegiada parcela en el seno del cine español con aquella impactante ópera prima de bajo presupuesto y altísima calidad titulada "Stockholm" (2013). Antes, había codirigido junto a Peris Romano la olvidada "8 citas" (2008). Tras firmar uno de los mejores thrillers nacionales de los últimos años con "Que Dios nos perdone" (2016), regresa al Festival de San Sebastián con "El Reino".

¿Quién sale?

Antonio de la Torre, el plusmarquista de los Goya, vuelve a clavarnos en la butaca con una clase magistral de interpretación, en este caso en la piel de un hombre desesperado. A su lado, pesos pesados de nuestro cine como Bárbara Lennie, Josep Maria Pou, Ana Wagener o Luis Zahera.

¿Qué es?

Como el cine quinqui de los 80, solo que ahora los delincuentes llevan traje y corbata.

¿Qué ofrece?

El gran retrato de la corrupción política en España, que ha dilapidado el sistema bipartidista y ha motivado una gran crisis de confianza de la población hacia sus dirigentes. A ritmo de techno, como si esta fuese la rave de la desvergüenza y el despiporre, "El Reino" ofrece una radiografía acelerada de la mediocridad y los aires de grandeza de un grupo de hombres y mujeres instalados en la trampa, la hipocresia y la deslealtad. Hombres y mujeres a los que el film trata de humanizar, en un perverso juego que viene a revelarnos que, en el fondo, todos somos Luis Bárcenas.

El film no utiliza siglas ni nombres reales, pero hasta el ciudadano menos informado sabrá reconocer al Partido Popular y su caja B, los papeles de Bárcenas, e incluso a la periodista de La Sexta Ana Pastor, evocada por el personaje de Bárbara Lennie, que se marca un duelo final con Antonio de la Torre memorable que deja la película en todo lo alto.

En todo lo alto porque la película ha ascendido en el metraje previo un puerto de montaña a velocidad trepidante, sirviéndose en el último tramo de pura acción filmada en soberbios planos-secuencia, una de las marcas de estilo de Sorogoyen. Con un guion de estructura clásica perfectamente medido, el último acto convierte a Manuel López-Vidal en el clásico protagonista del thriller conspiranoico, el hombre corriente enfrentado al sistema, aunque en este caso él ha formado parte activa de ese vertedero moral que ahora le asedia. La doble naturaleza del personaje de De la Torre, víctima y verdugo a la vez, queda expuesta en el citado tête à tête entre Ana Pastor e Ignacio González... perdón, entre la periodista a la que encarna Bárbara Lennie y el personaje de De la Torre.

Anécdota real: En una breve escapada que realicé hace años a Estocolmo, descubrí que en Suecia debe pagarse una pequeña cantidad para entrar al baño de un restaurante o cafetería. Mi mejor amigo y yo, al ver que nadie nos vigilaba, entramos los dos a la vez en un lavabo para ahorrarnos unas monedas. Al salir, un ciudadano sueco esperaba su turno. Quisimos ser "generosos" y le invitamos a entrar detrás de nosotros aguantándole la puerta del servicio al salir. Pero el tipo no se movió. Agachó la cabeza y esperó a que saliésemos para pagar su cuota y entrar al baño. Es probable que "El Reino" sea una película que en Suecia no puedan entender.



Publica un comentario

Sin valoraciones