Crónica Donosti 2017: "Ni juge, ni soumise" el show de la jueza

Autor: Gerard Cassadó

Crónica Donosti 2017: "Ni juge, ni soumise" el show de la jueza

El que es, probablemente, el objeto más extraño de toda la Sección Oficial de la presente edición del Festival de San Sebastián nos permite ver nacer a una estrella, la jueza Anne Gruwez, para certificarnos que el sistema judicial puede ser también una broma pesada.

¿De qué va?

Desde su despacho en Bruselas, la muy peculiar jueza Anne Gruwez instruye casos de lo más escabroso sin perder en ningún momento su sentido del humor de una acidez insultante. Ladrones, maltratadores e incluso una parricida que oye voces en su cabeza se somenten a sus singulares interrogatorios mientras ella, frente a la cámara, se gusta. Y mucho.

¿Quién está detrás?

El productor televisivo Jean Libon, creador, en 1985, de la serie documental belga "Strip-Tease", muy controvertida en su momento por el modo en que sus entrevistados trataban todo tipo de temas sin ningún pudor y se desnudaban emocionalmente frente a la cámara. Le acompaña el realizador Yves Hinant.

¿Quién sale?

"Agradezco que me digan que parezco un personaje de ficción. Si es así, sobreviviré a mi propia muerte", ha expresado la jueza Anne Gruwez en la rueda de prensa posterior a la proyección de la película en el festival. Ella es la auténtica estrella de la función, por su carismática y muy incorrecta personalidad que la acerca a los personajes que interpreta Sacha Baron Cohen en sus falsos documentales.

¿Qué es?

Un reality a la americana, como "Empeños a lo bestia", pero rodado en Bruselas y con una jueza y delincuentes en vez de empeñadores. Porque la realidad siempre siempre supera a la ficción.

¿Qué ofrece?

¿Realidad o ficción? Es lo que muchos espectadores se preguntaban tras ver esta película de espíritu televisivo, incrédulos ante la sucesión de casos que instruye frente a la cámara de Libon e Hinant una deslenguada e irónica jueza, un personaje al que jamás creeríamos encontrar representando a la justicia,. Racista, mordaz, algo histriónica y totalmente insensible, Gruwez es un monstruo televisivo que se come la pantalla dejándonos estupefactos frente a cada réplica o regañina al delincuente de turno. La frivolidad extrema con la que "Ni juge, ni soumise" afronta las microhistorias que va relatando, y que van desde la violencia machista hasta el bondage extremo, nos saca de nuestra zona de confort para ubicarnos en el espacio de la risa culpable. Un juego similar al que el primer "Torrente" desplegó allá por 1998.

La estrategia alcanza su punto culminante en la última declaración que muestra el film. Instalados en el ja-ja-ja, Libon e Hinant nos tuercen la boca y rubrican su reflexión sobre los límites del humor, la cultura del espectáculo y el sensacionalismo social. La fábrica de memes que es Anne Gruwez se detiene, y el film nos deja solos frente a la mirada perdida del Mal absoluto, de la locura extrema. A diferencia de lo que ocurre en "Love Me Not", de Alexandros Avranas, aquí el golpe en el estómago, por inesperado, es fulminante.

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