Crónica Donosti 2017: "Love Me Not" crueldad agotada

Autor: Gerard Cassadó

Crónica Donosti 2017: "Love Me Not" crueldad agotada

El golpe en el estómago de la Sección Oficial viene de Grecia, una cinematografía que ya nos tiene demasiado acostumbrados a los golpes de efecto contundentes. ¿Ha llegado la fórmula a su punto de no retorno?

¿De qué va?

Un matrimonio acomodado contrata y acoge en su mansión a una joven para que geste en su vientre al bebé que no pueden tener. La relación entre los tres empieza a ser cada vez más tóxica hasta que el marido recibe una llamada de teléfono: su esposa ha fallecido en un accidente de coche.

¿Quién está detrás?

El griego Alexandros Avranas, que se sumó a la Nueva Ola del cine heleno con la corrosiva "Miss Violence", multipremiada en el Festival de Venecia. Tras dirigir en USA un thriller con Jim Carrey que nadie ha visto y que no se ha estrenado ("True Crimes"), presenta ahora su cuarto largometraje a concurso en San Sebastián.

¿Quién sale?

Eleni Roussinou y Chistos Loulis, dos intérpretes griegos que ya aparecían en "Miss Violence", aunque el segundo con un papel muy menor, totalmente desconocidos fuera de su país.

¿Qué es?

"Miss Violence" (A. Avranas, 2013) + "The Bunny Game" (Adam Rehmeier, 2011).

¿Qué ofrece?

Más de lo mismo. La deriva que el cine griego adoptó en connivencia con la crisis económica y de valores del país y de la Unión Europea, y que quizás se inició con el éxito internacional de "Canino" (Yorgos Lanthimos, 2009), ha llegado hasta aquí. Y da la sensación de que el cine de la crueldad no puede tener más recorrido si no encuentra nuevas vías que justifiquen su uso extremo de la violencia. En un primer momento, el épater le bourgeois sirvió de grito de socorro, colocó a Grecia en el mapa del cine de autor internacional y nos hizo entender que sólo poniendo del revés nuestro sistema de creencias podríamos empezar a construir una nueva sociedad. El surrealismo feroz de "Canino" o "Attenberg", la crudeza extrema de "Boy Eating the Bird's Food" o "Miss Violence", o los arrebatos de violencia de "Stratos" o "Suntan" fueron el preciso diagnóstico de una cinematografía que había enfermado junto a su país. 

Pero la formula, al menos para Avranas, parece haberse agotado. Todo el engranaje narrativo de "Love Me Not", todo lo que su guión nos cuenta hasta su último tercio, parece únicamente pensado para llegar a un desenlace insoportable, violento y atroz. Es como si su director, preso de un impulso enfermizo, se hubiese puesto a diseñar la casa sólo teniendo en mente las gruas que iban a demolerla al final. Y es una lástima, porque los ingredientes de thriller que tiene "Love Me Not", y que en realidad ilustran el sistema de valores de una sociedad capaz de cualquier cosa por dinero, no merecían ser sazonados con la sobredosis de bilis que llega al final, tan demoledora como ineficaz.

La mejor metarreflexión alrededor de la violencia en el cine griego la vimos hace unas semanas en el Atlántida Film Fest. En "Park" (Sofia Exarchou, 2016) la desazón es la misma, el rumbo de esos jóvenes que son ruinas olímpicas sigue sin estar definido. Pero cuando el espectador espera el impulso de muerte, éste se rebela y frustra nuestras expectativas, proponiendo algo nuevo parecido a un avance. Avranas, en cambio, ha sido literal al copiarse a sí mismo. Y por ello, "Love Me Not" no convence, no sorprende, y ni siquiera nos provoca.

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