Crónica Donosti 2017: "Los Perros" queridísimo verdugo

Autor: Gerard Cassadó

Crónica Donosti 2017: "Los Perros" queridísimo verdugo

Marcela Said ("El verano de los peces voladores") presenta en Horizontes Latinos una de las joyas de la sección, un drama sobre memoria histórica, heridas sin cicatrizar y culpas insoportables. La sombra de Pinochet sigue siendo muy alargada.

¿De qué va?

Mariana, una mujer consentida y caprichosa, siempre lo ha tenido todo y nunca ha estado satisfecha con nada. Su papá es poderoso, y está casada con un hombre argentino al que no parece amar demasiado. La pareja busca en la reproducción asistida el hijo que no han podido tener y que parece llamado a resolver sus diferencias. Pero Mariana se siente cada vez más cerca de su profesor de equitación, a quién apodan El Coronel, y que aguarda la resolución de su condena por su papel en el ejército durante la dictadura pinochetista.

¿Quién está detrás?

Marcela Said, directora chilena que ya había reflexionado sobre la dictadura de su país en documentales como "I Love PInochet" (2001) y "El mocito" (2011). En 2013 participó en Cannes con su primer largo de ficción, "El verano de los peces voladores", y este año ha regresado a la Croisette con "Los perros".

¿Quién sale?

Los cómplices habituales de Pablo Larraín, Alfredo Castro (uno de los mejoros actores, no sólo de Sudamérica, sino de todo el mundo) y Antonia Zegers. Les hemos visto en títulos como "Post Mortem" (2010), "No" (2012) o "El Club" (2015).

¿Qué es?

"Carne de perro" (Fernando Guzzoni, 2012) + "The Reader" (Stephen Daldry, 2008)

¿Qué ofrece?

Dicen que el perro es el animal más leal y obediente. Eso es infravalorar al hombre. El perro es tan obediente que puede ser entrenado para matar. El hombre también. Lo bueno del perro es que no tiene cargo de conciencia. En eso, el perro supera al hombre. 

Cuando el añorado Basilio Martín Patino filmó, en "Queridísimos verdugos", a esos ejecutores franquistas que, sin ningún reparo, contaban a cámara cómo ejercían su oficio, algo, necesariamente, se tendría que haber roto en el alma de España. Pero seguimos adelante. En "The Act of Killing", Joshua Oppenheimer subía la apuesta en Indonesia: los torturadores no sólo campaban a sus anchas, sino que reproducían frente a su cámara el Horror con una sonrisa en el rostro. Cuando las heridas no se cierran, la pus brota alegremente, y la infección no puede tardar en llegar.

De heridas sin cerrar, de dictaduras sobre las que se corrió un tupido velo para seguir avanzando sin mirar atrás, nos habla "Los perros", una magistral película sobre el peso del pinochetismo en Chile. Aquí el ejecutor no sonríe. Espera que su condena apacigüe su culpa. Pero las manos que le sostuvieron siguen estrechando otras manos. La responsabilidad civil de una sociedad frente a la barbárie no se lava con cabezas de turco. Mientras unos mataban, otros aplaudían, o miraban a otro lado, o se lucraban con ello. Y el mordisco de Marcela Said es certero. A su protagonista, curiosa, le abre los ojos arrancándole los párpados. Al espectador, aposentado en su butaca, le anima sentir curiosidad, a husmear en el pasado hasta llegar al hueso. Allí reposan los más peligrosos, aquellos que mantienen viva, en secreto, la llama del fascismo.


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