Crónica Donosti 2017: "Alanis" diario de una puta

Autor: Gerard Cassadó

Crónica Donosti 2017: "Alanis" diario de una puta

La argentina Anahí Berneri ("Encarnación") presenta su candidatura a la Concha de Oro con su quinta película, retrato hiperrealista de una prostituta que no necesita caer en maniqueísmos emocionales para concederle a su protagonista la dignidad.

¿De qué va?

Alanis tiene 25 años, un hijo pequeño agarrado todo el día a la teta, y se gana la vida trabajando de prostituta. Vive con su compañera Gigi, quien además cuida del pequeño Dante cuando Alanis está de servicio. La tranquilidad de ambas se quiebra cuando la policía se presenta en su piso, no declarado como local donde se ejerce la prostitución, y el propietario decide echarlas de inmediato y de malas maneras. Con Gigi en comisaría, Alanis deberá buscarse la vida para no tener que pasar la noche al raso con su bebé.

¿Quién está detrás?

Anahí Berneri, junto a Lucrecia Martel y Milagros Mumenthaler, una de las directoras argentinas más relevantes de los últimos años. Suyos son títulos como "Un año sin amor", su debut, ganador del Teddy Bear en la Berlinale 2005; "Encarnación", ganadora del FIPRESCI en San Sebastián 2007; o "Aire libre" (2014), con la que también concursó en Sección Oficial en Donosti.

¿Quién sale?

Rodeada de solventes secundarios, en el centro absoluto de la función, Sofía Gala Castiglione, actriz popular en Argentina gracias a series como "Los Roldán" o "El tiempo no para", y que pese a no ser muy conocida lejos de su país tiene el honor de haber trabajado con Coppola en "Tetro".

¿Qué es?

El reverso menos complaciente de "Princesas" (Fernando León de Aranoa, 2005) y el menos tremendista de "Lilya Forever" (Lucas Moodysson, 2002).

¿Qué ofrece?

Como ya demostró en la muy notable "Por tu culpa" (2010), Anahí Berneri posee un envidiable control de la escena a la hora de enfatizar el malestar que provoca una situación concreta usando únicamente dos recursos tan cinematográficos como el encuadre y el tiempo del plano. Si en aquella ocasión lograba trasladarnos al infierno cotidiano de una madre esclavizada por sus revoltosos hijos pequeños, en "Alanis" el "servicio" de la protagonista a un cliente, presentado en bruto, ofrece el instante más incómodo y relevante de un film que es un canto de dignidad para el oficio de las trabajadoras sexuales. Esa escena, larga, pesada, rabiosa, nos transmite el malestar real, aunque no obvio, de una mujer que ha elegido vender su cuerpo para salir adelante. No es plato de buen gusto, pero es una elección, algo que nunca olvida el film.

Alanis es puta y es madre, y sin orden de preferencia esas son las dos identidades que defiende en la película. Por algún motivo que puede intuirse en la escena de su declaración en comisaria (en una de las pocas secuencias en que la cámara nos la muestra de frente en un encuadre, digamos, natural) se ha visto arrastrada al sustrato más desfavorecido de la sociedad, pero su cuerpo la mantiene a flote: su vagina le da dinero, sus pechos alimentan a su bebé. El dispositivo formal de Berneri, repleto de encuadres retorcidos, desnaturalizados, quizás alude a la mirada esquiva con la que la sociedad, y el espectador, observa a las trabajadoras sexuales. Lo último que quiere hacer "Alanis", no obstante, es juzgarlas. La protagonista no es víctima ni heroína. Simplemente es, lo que no es poco.

¿Es "Alanis" un film feminista? Rotundamente sí. Como defienden en Twitter Amanda Miller o Maria Riot, el trabajo sexual no denigra a la mujer cuando este es una opción libre. Alanis podría vender su tiempo limpiando casas o cuidando ancianas. Ganaría menos y, quizás, se le daría peor. Pero Alanis HA DECIDIDO que el modo en que va a ganar dinero para sacar a su hijo adelante va a ser teniendo sexo con hombres. Y no hay absolutamente nada indigno en ello.


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